CATENA AUREA: DOMINICA VII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.


CATENA AUREA: VII DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS.

"Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros disfrazados con pieles de ovejas, más por dentro son lobos voraces." (Matth. VI, 15).

EPISTOLA:

"Hermanos: 
Hablo como suelen hablar los hombres, a causa de la flaqueza de vuestra carne. 
Porque así como para iniquidad entregasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, así ahora entregad vuestros miembros como siervos a la justicia para la santificación. 
En efecto, cuando erais esclavos del pecado estabais independizados en cuanto a la justicia. 
¿Qué fruto lograbais entonces de aquellas cosas de que ahora os avergonzáis, puesto que su fin es la muerte? 
Mas ahora, libertados del pecado, y hechos siervos para Dios, tenéis vuestro fruto en la santificación y como fin vida eterna. 
Porque el salario del pecado es la muerte, mas la Gracia de Dios es Vida Eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro".
Romanos VI, 19-23.

EVANGELIO:

"Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros disfrazados con pieles de ovejas, mas por dentro son lobos voraces:
Por sus frutos los conoceréis. 
¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de las zarzas? 
Así es que todo árbol bueno produce buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos. 
Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo darlos buenos. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y echado al fuego. 
Por sus frutos pues lo podéis reconocer. 
No todo aquel que me dice: 
¡Señor, Señor!
Entrará por eso en el Reino de los Cielos; sino el que hace la Voluntad de mi Padre Celestial, ése es el que entrará en el Reino de los Cielos".
Mateo VII, 15-21.

CATENA AUREA:
Explicación de los Santos Padres.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 23,6.

Por lo que parece, muchas veces no sólo son llamados falsos profetas los herejes, sino también aquéllos cuya vida es corrupta, pero que la ocultan con el antifaz de la virtud, por lo cual dijo: 
"Los conoceréis por sus frutos".
Entre los herejes puede muchas veces hallarse la vida, pero de ningún modo entre los que he dicho.

San Agustín, de sermone Domini, 2,24.

Importa mucho averiguar la clase de frutos de que se trata aquí. 
Muchos se dejan engañar a la vista de los frutos que producen aquellos que llevan piel de oveja, y así resultan la presa de los lobos. 
Los frutos que los engañan son los ayunos, las limosnas y las oraciones que no tienen otro objeto que los hombres y agradar a aquellos a quienes estas obras parecen difíciles. Pues bien, éstos no son los frutos que pueden servirnos para reconocerlos, como se nos manda, porque todas estas cosas si se hacen con recta intención, en la verdad, son el vestido propio de las ovejas. 
Mas cuando se hacen con mal fin, y con el objeto de engañar, no aprovechan más que para encubrir a los lobos. 
Pero no deben las ovejas aborrecer su vestido porque con él se cubran muchas veces los lobos. 
Cuáles son los frutos con los que podremos conocer el árbol malo, no lo dice el Apóstol en su carta a los fieles de Galacia: 
"Manifiestas son las obras de la carne: ellas son la fornicación, la impureza".(Gál 5,19), etc. 
Y cuáles son los frutos con los que podremos conocer el árbol bueno, lo expresa también el Apóstol diciendo en la misma carta: 
"Los frutos espirituales son la caridad, el gozo, la paz". 
(Gál 5,22), etc.

San Jerónimo.

Así pues, lo que se dice aquí de los falsos profetas (que ofrecen una cosa en su trato y en sus palabras, y demuestran otra en sus obras), debe entenderse especialmente de los herejes, que parecen cubrirse con la continencia y el ayuno como con un vestido de piedad, pero que interiormente tienen sus almas envenenadas, y engañan los corazones de sus hermanos sencillos.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 23,7.

Como no había mandado castigar a los malos profetas, los amenaza con las penas que Dios suele aplicar, diciendo: 
"Todo árbol que no lleve buen fruto, será cortado y metido en el fuego".
En estas palabras parece que designa a los judíos y por ello recuerda las palabras del Bautista, manifestándoles por medio de ellas la pena que les está preparada. 
Pues aquél había dicho esto mismo a los judíos cuando les hablaba del árbol cortado, recordándoles que sería arrojado al fuego eterno. 
Si alguno considera esto con atención, encontrará dos penas:
Una en el ser cortado y otra en el ser quemado. 
El que es quemado es también separado del Reino, y por ello su pena es doble. 
Algunos sólo temen el infierno, pero yo digo que la pérdida de aquella gloria es mucho más dolorosa que la pena del infierno. 
¿Qué mal (grande o pequeño) no experimentaría un padre por ver y tener consigo a su hijo amado? Consideremos esto respecto de aquella gloria. 
No hay hijo alguno tan grato para su padre como la adquisición de aquellos bienes, y el renunciarse para poder estar con Cristo. 
La pena del infierno es insufrible, es verdad, pero aun considerando diez mil infiernos, nada se podrá decir respecto a la pena que produce la pérdida del cielo y el ser aborrecido por Cristo.

San Jerónimo.

Así como había dicho antes que aun los que llevan el vestido de la buena vida no deben ser recibidos si hay maldad en sus enseñanzas, así ahora dice, por el contrario, que no debe oírse a los que, enseñando buena doctrina, la destruyen con sus malas obras. 
Una y otra cosa es necesaria a los que sirven al Señor:
Que las obras se prueben con las palabras y las palabras con las obras. Y por ello añade: 
"No todo el que me dice Señor, Señor", etc.

ORACION:

Oh Dios, cuya Providencia nunca falla en sus planes, te suplicamos que alejes de nosotros todo lo dañino y nos concedas todo lo beneficioso.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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