CATENA AUREA: FIESTA DE SANTA ISABEL DE PORTUGAL, VIUDA.
CATENA AUREA: 8 DE JULIO.
SANTA ISABEL DE PORTUGAL, VIUDA.
"A los ricos de este mundo mándales que no sean altivos ni pongan su confianza en la riquezas caducas, sino en Dios vivo". (1 Tim. 6, 17).
EPISTOLA:
"Una mujer completa, ¿quién la encontrará?
Es mucho más valiosa que las perlas. En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho.
Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.
Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes.
Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión.
Se levanta cuando aún es de noche da de comer a sus domésticos y órdenes a su servidumbre.
Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña.
Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos.
Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara.
Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso.
Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre.
No teme por su casa a la nieve, pues todos los suyos tienen vestido doble. Para sí se hace mantos, y su vestido es de lino y púrpura.
Su marido es considerado en las puertas, cuando se sienta con los ancianos del país.
Hace túnicas de lino y las vende, entrega al comerciante ceñidores.
Se viste de fuerza y dignidad, y se ríe del día de mañana.
Abre su boca con sabiduría, lección de amor hay en su lengua.
Está atenta a la marcha de su casa, y no come pan de ociosidad.
Se levantan sus hijos y la llaman dichosa; su marido, y hace su elogio: «¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas!» Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme al Señor Dios, ésa será alabada. del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras".
Proverbios XXXI, 10-31.
EVANGELIO:
"En aquel tiempo.
Dijo Jesús a sus Discípulos la siguiente parábola.
"El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo; un hombre, habiéndolo descubierto, lo volvió a esconder, y en su gozo fue y vendió todo lo que tenía, y compró aquel campo.
También, el Reino de los Cielos es semejante a un mercader en busca de perlas finas.
Habiendo encontrado una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echó en el mar y que recogió peces de toda clase. Una vez llena, la tiraron a la orilla, y sentándose juntaron los buenos en canastos, y tiraron los malos.
Así será en la consumación del siglo. Saldrán los Ángeles y separarán a los malos de en medio de los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?"
Le dijeron:
"Sí".
Entonces, les dijo:
"Así todo escriba que ha llegado a ser discípulo del Reino de los Cielos, es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo".
Mateo XIII, 44-52.
CATENA AUREA:
Explicación de los Santos Padres.
San Gregorio, homiliae in Evangelia, 12.
O de otra manera, el tesoro escondido en el campo significa el deseo del cielo, y el campo en que se esconde el tesoro es la enseñanza del estudio de las cosas divinas:
"Este tesoro, cuando lo halla el hombre, lo esconde", es decir, a fin de conservarlo; porque no basta el guardar el deseo de las cosas celestiales y defenderlo de los espíritus malignos, sino que es preciso además el despojarlo de toda gloria humana.
Porque esta vida es como el camino que nos conduce a la patria, y los espíritus malignos, a la manera de ciertos rateros, están continuamente acechando nuestro camino, y desean despojar a los que llevan públicamente por el camino ese tesoro.
Y os digo esto no con el fin de que nuestros prójimos no vean nuestras obras buenas, sino a fin de que no busquemos las alabanzas exteriores en nuestras buenas obras.
Y el reino de los cielos es semejante a las cosas de la tierra en el sentido de que el alma debe elevarse de las cosas conocidas a las desconocidas, y del amor a las cosas visibles al de las invisibles.
Sigue:
"Y a causa del gozo".
Compra sin duda el campo después de haber vendido todo lo que posee aquél que renunciando a los placeres de la carne echa debajo de sus pies todos sus deseos terrenales por guardar las leyes Divinas.
San Jerónimo.
También puede entenderse por buenas perlas la Ley y los Profetas. Escuchad, pues, Marción y Maniqueo, que la Ley y los Profetas son buenas perlas.
Pero la más preciosa perla es la Ciencia del Salvador, y también su pasión y resurrección.
Y cuando la ha hallado el hombre negociante, semejante al Apóstol San Pablo, desprecia como si fueran escoria todos los misterios de la ley y de los profetas y las antiguas prácticas, en las que sin culpa suya había vivido, a fin de ganar a Cristo ( Flp 3).
No porque el hallazgo de la buena perla sea una condenación de las antiguas perlas, sino porque éstas, comparadas con aquélla, son de un valor muy pequeño.
San Gregorio, homiliae in Evangelia, 11,4.
Mas todo esto es más bien para temer que para exponer; porque con el objeto de que nadie pueda alegar la excusa de que ignoraba esta doctrina, apoyándose en la oscuridad de los suplicios eternos, el Señor dice sin rodeos los tormentos que experimentarán los pecadores.
San Agustín, quaestiones evangeliorum, 1,16
Yo no sé si el Señor quiso en este pasaje sacar la conclusión de lo que dijo antes sobre el tesoro escondido en el campo (porque bajo el nombre de Escrituras Santas están comprendidos el Nuevo y Antiguo Testamento), o si quiso dar a entender que debe tenerse por docto en la Iglesia a aquel que comprende las Antiguas Escrituras explicadas por parábolas, a fin de que en Aquel que aún habla por parábolas, todas las cosas de la Escritura reciban su cumplimiento y manifestación hasta que por su pasión rompa el velo (porque nada hay oculto que no sea revelado) y conozcamos mejor todas aquellas cosas que desde tanto tiempo están escritas de El, y envueltas en parábolas, que los judíos toman a la letra, y pretenden ser sabios en el Reino de los Cielos.
ORACIÓN:
Dios Misericordioso, que entre otros dones adornaste a la Bienaventurada Reina Isabel con la prerrogativa de calmar el furor de la guerra; concédenos por su intercesión que, después de la vida mortal en la paz que ardientemente te pedimos, podamos alcanzar la Gloria Eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios, y vive y reina contigo, en Unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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