CATENA AUREA: FIESTA DE SANTA MARÍA MAGDALENA, PENITENTE.
CATENA AUREA: FIESTA DE SANTA MARÍA MAGDALENA, PENITENTE.
"Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho". (Lucas 7, 47).
EPISTOLA:
"Me levantaré, pues, y giraré por la ciudad, por las calles y las plazas; buscaré al que ama mi alma.
Le busqué y no le hallé.
Me encontraron los guardias que hacen la ronda por la ciudad:
“¿Habéis visto al que ama mi alma?” Apenas me había apartado de ellos, encontré al que ama mi alma.
Lo así y no lo soltaré hasta introducirlo en la casa de mi madre, y en la cámara de la que me dio el ser.
Os conjuro, oh hijas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertéis ni inquietéis a la amada, hasta que ella quiera.
¡Ponme cual sello sobre tu corazón, cual marca sobre tu brazo!
Porque es fuerte el amor como la muerte, e inflexibles los celos como el infierno.
Sus flechas son flechas de fuego, llamas del mismo Yahvé.
No valen muchas aguas para apagar el amor, ni los ríos pueden ahogarlo.
Si un hombre diera todos los bienes de su casa por el amor, sería sin embargo sumamente despreciado".
Cantar III, 2-5, VIII, 6-7.
EVANGELIO:
"En aquel tiempo:
Rogó a Jesús, uno de los fariseos, que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa.
Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí:
«Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.»
Jesús le respondió:
«Simón, tengo algo que decirte.»
Él dijo:
«Di, maestro.»
Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta.
Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos.
¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón:
«Supongo que aquel a quien perdonó más.»
Él le dijo:
«Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer?
Entré en tu casa y no me diste agua para los pies.
Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos.
No me diste el beso.
Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
No ungiste mi cabeza con aceite.
Ella ha ungido mis pies con perfume.
Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor.
A quien poco se le perdona, poco amor muestra.»
Y le dijo a ella:
«Tus pecados quedan perdonados.»
Los comensales empezaron a decirse para sí:
«¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?»
Pero él dijo a la mujer:
«Tu Fe te ha salvado.
Vete en paz.»
San Lucas VII, 36-50.
CATENA AUREA:
EXPLICACIÓN DE LOS SANTOS PADRES.
Beda.
Después de haber dicho antes:
"Y todo el pueblo y los publicanos, que le oyeron, justificaron a Dios, bautizados con el bautismo de Juan", el Evangelista establece con hechos lo que había expresado con palabras, esto es, que la Sabiduría había sido justificada por los justos y los penitentes, diciendo:
"Y le rogaba un fariseo", etc.
San Gregorio Niceno hom. de muliere peccatrice
Esta relación encierra un sentido útil: la mayor parte de ellos se creían justos, hinchados con la ilusión de sus vanos sentimientos.
Antes que llegue el juicio verdadero se separan a sí mismos, como se separarán los corderos de los cabritos, y rehusan tomar su alimento con la muchedumbre, abominando a todos aquellos que no van a los extremos, sino que ocupan el medio en el camino de la vida.
San Lucas, que era más médico de las almas que de los cuerpos, nos muestra al mismo Dios y nuestro Salvador, visitando con bondad a los otros.
Por lo que sigue:
"Y habiendo entrado en la casa de un fariseo, se sentó a la mesa", no para tomar algo de sus vicios, sino para hacerlo partícipe de su propia justicia.
San Cirilo
Sin embargo, una mujer de vida deshonesta, manifestando un fiel afecto, viene a Cristo para que la libre de toda culpa y le conceda el perdón de todos los pecados cometidos. Prosigue, pues:
"Y una mujer pecadora que había en la ciudad, cuando supo que estaba a la mesa, llevó un vaso de alabastro, lleno de ungüento", etc.
ORACIÓN:
Por la intercesión de la Bienaventurada María Magdalena, asístenos, te rogamos, Señor; movido por sus oraciones, Tu que resucitaste a su hermano Lázaro, que había estado en el sepulcro cuatro días:
Tú que eres Dios, y vives y reinas con Dios Padre en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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