MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
Para el Domingo Sexto después de Pentecostés. (Mc 8,1-9).
Quienes se han entregado a Dios deben amar la mortificación y la pobreza.
PUNTO I.
Más de cuatro mil personas siguieron a Jesús en el desierto, atraídas por el ejemplo de su Santa vida y por el celo en convertir a las almas, que mostraba en sus fervorosas predicaciones.
Aquellas gentes no se cansaban en la compañía de Nuestro Señor, aunque se hallasen en un lugar solitario, sin tener ni poder encontrar qué comer.
Lo acompañaron durante tres días seguidos, sin preocuparse del alimento del cuerpo.
Si procedían así, era porque estaban persuadidos de que, siguiendo a Jesucristo, no debían ya preocuparse de su cuerpo, sino sólo de su alma; y que para perfeccionarla, era preciso mortificar la carne y reducirla a servidumbre, como dice San Pablo.
Pues cuanto más se humille y mortifique al cuerpo, tanto más se purifica el alma y se hace más agradable a Dios y capaz de adquirir la perfección que le corresponde.
Vosotros, que habéis dejado el mundo para seguir a Jesucristo en el retiro, procurad que todo vuestro cuidado sea entregaros por entero a Él.
PUNTO II.
Al ver que el pueblo no se preocupaba de lo referente al alimento del cuerpo, Jesucristo mismo se toma este cuidado, y se encarga de sustentar a quienes se han consagrado plenamente a Él.
Y con razón hay que dejarlo hacer en tales ocasiones, pues cuanto más se abandona uno a los cuidados de la Providencia, tanto más atiende ella a que nada falte.
¡Cosa admirable! Aquel pueblo, durante tres días, no dijo ni una sola palabra de queja o para señalar su dificultad, pues bastaba que Jesucristo conociera sus necesidades.
¿Ha abandonado Él alguna vez a quienes no se esmeran sino en
complacerlo y que no piensan más que en seguirle?
¿Procedéis vosotros así?
¿Estáis de tal modo apegados a Jesucristo que ya no pensáis en vosotros?
No os preocupéis más que de alimentar vuestra alma con
las máximas del Santo Evangelio, aplicándoos a practicarlas y dedicándoos con tanto interés a lo que se refiere a vuestro progreso espiritual, que olvidéis las necesidades de vuestro cuerpo.
PUNTO III.
Admirad la bondad de Jesucristo con las gentes que lo siguen.
Tengo compasión de este pueblo, dijo.
E hizo un milagro para alimentar a todos; y para alimentar a tan elevado número de personas, multiplicó de tal forma siete panes, que todos quedaron saciados, e incluso sobró mucho.
Así alimentó Dios durante cuarenta años al pueblo judío en el desierto, sin que ninguno se preocupara, durante tantos años, de proveer a sus necesidades.
Así proveerá Dios a cuanto necesitéis, si no pensáis más que en santificaros y en desempeñar bien los deberes de vuestro estado.
Por eso decía Dios a Santa Catalina de Siena que pensara en Él, y que Él pensaría en ella.
Dios, que ha creado a todos los hombres, quiere que se les dé lo necesario; y Él mismo provee cuando les faltan los medios.
Vosotros que, en vuestro estado, realizáis la obra de Dios, tened la seguridad de que Él cuidará de vosotros, con tal que lo sirváis con fidelidad y no omitáis nada de lo que os pide.
ORACION:
Oh Dios Todopoderoso, a quien pertenece todo lo que es excelente: infunde en nuestros corazones el amor de tu Nombre, y aumenta en nosotros la virtud de la Religión; para que lo que hay de bueno en nosotros lo alimentéis y, con la práctica de la piedad, conservéis lo que habéis nutrido.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
Comentarios
Publicar un comentario