MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el Domingo Octavo después de Pentecostés. 
(Lc 16,1-9).

De la cuenta que habréis de dar
sobre el modo como hayáis desempeñado vuestro empleo.

PUNTO I.

Habiendo sido acusado cierto mayordomo ante su señor de haber dilapidado su fortuna, éste le hizo venir y le dijo: 
¿Qué es lo que oigo sobre ti? Dame cuenta de tu administración.
Vosotros, que ejercéis un empleo Santo, en el que os ha puesto Dios, debéis persuadiros de que estas palabras se dirigen a vosotros; y habéis de pensar que al final de cada día y de cada ejercicio de vuestro empleo, Dios os pide cuenta sobre el modo como lo habéis desempeñado.
Por esta razón, pues, tenéis que entrar en vosotros mismos para examinar esa cuenta, a fin de estar siempre preparados para rendirla; y habéis de proceder de forma que Dios, a quien habéis de rendirla, no halle nada que replicar. 
Pues si para exigiros esa cuenta esperáis el momento en que Dios mismo venga a pedírosla, es de temer que os encuentre en falta.

PUNTO II.

En lo que concierne al bien espiritual que debéis producir en vuestro empleo, tendréis que dar cuenta a Dios de dos cosas.
La primera se refiere a la obligación que tenéis de enseñar a los niños el Catecismo y las Máximas del Evangelio. 
Ni uno solo de vuestros alumnos debe quedar sin ser instruido en la Religión, y esta es la primera razón por la que la Iglesia os los confía. 
Por eso debéis consideraros como los depositariosde la Fe, para comunicársela. 
Ése es el Capital que Dios os confía y del cual os constituye administradores.

En la cuenta que os exija, ¿no encontrará que muchos de vuestros niños desconocen los principales Misterios de la Religión? 
Si así fuera, seríais vosotros más dignos de condena que ellos, ya que por vuestra negligencia habríais sido causa de la ignorancia de esos niños; pues la Fe, según San Pablo, no se comunica sino por el oído, y el oído no oye sino por la palabra de Jesucristo.

PUNTO III.

La segunda cuenta que habéis de dar se refiere a la Piedad:
Si os preocupáis de inspirársela a vuestros discípulos; si son modestos y recatados en la iglesia, si rezan a Dios durante todo el tiempo que permanecen en ella, si no hablan y si no enredan allí algunas veces; si rezan a Dios todos los días, por la mañana y por la noche, y si cuando rezan a Dios en clase oran con atención; si tienen
horror a los juramentos y a las palabras indecorosas; si respetan a sus padres y si son fieles en obedecerlos; y si se apartan de las malas compañías. 
Si les inspiráis todas estas prácticas, y si veláis sobre su conducta en la medida necesaria para ayudarlos a ejecutarlas; si cuidáis de que se confiesen de vez en cuando y de procurarles un buen Confesor.
Puesto que estáis encargados del bien de sus almas, Dios os pedirá cuenta de todas estas cosas.

¿Estáis dispuestos a hacerlo? 
¿Y no hay nada a este respecto de lo que vuestra conciencia os remuerda, pues sois en esto los sustitutos de los Pastores de la Iglesia, de los padres y de las madres?

ORACION:

Te rogamos, Señor, nos concedas propicio la gracia de pensar y obrar siempre con rectitud; y, pues sin Ti no podemos subsistir, lle­vemos una vida conforme a tu voluntad. 
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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