MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
Para el Domingo Noveno después de Pentecostés. (Lc 19,41-47).
PUNTO I.
Habiendo entrado Jesucristo en el Templo de Jerusalén, encontró allí a personas que vendían y compraban, y que de ese modo profanaban el Templo del Dios vivo.
Los arrojó de allí diciendo que su Casa era Casa de oración, y que ellos la habían convertido en cueva de ladrones.
Vosotros, aquí, vivís en una Casa de oración; ésa debe ser vuestra principal ocupación.
El Espíritu de Dios no residirá en ella, ni Dios mismo derramará sobre ella sus Bendiciones, sino en la medida en que sea Casa de oración.
Y tan pronto como perdáis el espíritu y el amor de la oración, Dios os mirará con malos ojos, como a personas indignas de un empleo que es su propia obra, y que convierten su casa en cueva de ladrones.
En efecto, ¿no es ser ladrón el atribuirse una obra tal, como la conservación de la inocencia en las almas, o la de su conversión, obra que sólo puede corresponder a Dios y a los que Él emplea en ella, que son todo de Él y que recurren continuamente a Él para procurar bien tan grande?
Así, pues, si no sois de Dios, si no recurrís a menudo a Él por la oración, si no enseñáis a los niños más que cosas exteriores, si no ponéis todo vuestro cuidado en inspirarles el Espíritu de Religión, ¿no debéis ser considerados por Dios como
ladrones, que os introducís en su Casa, que permanecéis en ella sin su participación, y que en vez de inspirar a vuestros alumnos el Espíritu del Cristianismo, como es vuestro deber, les enseñáis cosas que sólo les servirán para el mundo?
PUNTO II:
No sólo vivís en Casa de oración, sino que vuestros mismos cuerpos son Casa de oración.
En efecto, ¿No sabéis, dice San Pablo, que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, que habita en vosotros, y os han sido dados por Dios, y que ya no os pertenecéis a vosotros mismos, pues habéis sido comprados a alto precio?
De donde concluye San Pablo:
"Glorificad, pues, y llevad a Dios en vuestros cuerpos, puesto que vuestros cuerpos son casas de oración.
Con este mismo espíritu y con este sentimiento, el mismo San Pablo os conjura, en otro lugar, por la Misericordia de Dios, a que le ofrezcáis vuestros cuerpos
como hostia viva, Santa y agradable a sus ojos".
¿Pensáis alguna vez en la dicha que supone para vosotros que el Espíritu Santo resida en vuestros cuerpos como en su Templo, y que sea Él quien ora en vosotros y por vosotros?
Abandonaos totalmente a este Divino Espíritu para que pida a Dios, por vosotros, todo lo que os conviene para el bien de vuestra alma y de aquellos de quienes estáis encargados, y para que no actuéis sino por Él.
PUNTO III:
El Espíritu Santo, que reside en vosotros, debe penetrar el fondo de vuestras almas.
En ellas es donde este Divino Espíritu más particularmente debe orar.
En el interior del alma es donde este Espíritu se le comunica y une a ella, y donde le da a conocer lo que Dios pide de ella para que sea toda de Él.
Es allí donde le hace partícipe de su Divino Amor, con el que honra a las almas Santas, que ya no tienen apego a la tierra; entonces es cuando, desprendidas de todo afecto a las criaturas, hace de ellas su santuario, hace que se ocupen siempre de Dios, y que vivan sólo de Dios y para Dios.
Puesto que Jesucristo es vuestro mediador y que no podéis ir a Dios sino por medio de Él, suplicadle que esté siempre en vuestra alma, para que ore en ella a Dios y la lleve a Él; y para que haciendo de ella, durante el tiempo, su morada, como en su Templo, establezca luego ella su residencia en Él durante toda la Eternidad.
ORACION:
Ábranse, Señor, los oídos de tu Misericordia a las súplicas de los que te imploran; y, para que les concedas lo que desean, haz que pidan lo que te es grato conceder.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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