SERMON PARA EL VIII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. R.P.L.C.
SERMÓN PARA EL VIII DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES.
EVANGELIO:
"Decía también a sus Discípulos:
« Era un hombre rico que
tenía un capataz a quien acusaron ante él de malbaratar
su hacienda; le llamó y le dijo:
"¿Qué oigo decir de ti?
Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando".
Se dijo a sí mismo el capataz:
"¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración?
Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en
sus casas".
Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al
primero:
"¿Cuánto debes a mi señor?" Respondió:
"Cíen medidas de aceite".
Él le dijo:
"Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta".
Después dijo a otro:
"Tú, ¿cuánto debes?"
Contestó:
"Cien cargas de trigo".
Dícele:
"Toma tu recibo y escribe ochenta".
El señor alabó al capataz pícaro porque había obrado prudentemente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz". (Lc. 16, 1-8).
EL CAPATAZ CAMANDULERO
El Evangelio de hoy es la Parábola del Mayordomo infiel, como dicen nuestros Evangelios -el cual no fue infiel:
fue acusado de infiel-, o del "granjero inicuo", como dice la Vulgata -que no fue granjero ni tampoco inicuo.
La traducción exacta del griego daría "el Gerente Camandulero" o ''el Capátaz Pícaro".
Tiene alguna disculpa el Cardenal Cayetano cuando dice que esta Parábola ni la entiende ni la sabe explicar, porque no sabía griego, pero no tiene disculpa Juan de Maldonado, el cual sí sabía griego.
Se desconciertan porque creen que aquí Jesucristo alabó a un ladrón ("Si es pecado, ¿por qué lo ponen en el cine?", dijo un chico).
Pero Jesucristo no alabó a un ladrón; porque para empezar, cuando uno cuenta un cuento de ladrones o asesinos, por contar lo que pasa, pasó o suele pasar, no alaba a los ladrones o asesinos; bueno fuera; pobres novelistas; y la conclusión que sacó Jesucristo no fue alabar al robo, sino alabar la limosna.
En segundo lugar, leyendo con atención la Parábola, uno ve que
el Capataz no fue un ladrón, pues si fuera un ladrón, el Patrón no lo hubiera alabado sino mandado a la cárcel.
El Capataz tenía autorización para hacer quitas e hizo quitas; pues si no tuviera autorización de quitas, de nada valían los papeles que dio, y los deudores no los habrían aceptado.
No habrá sido un buen negocio para el Patrón, quizás, sino más bien para el Capataz y los Deudores; pero robo no fue.
Jesucristo quiso simplemente exhortarnos a ser tan inteligentes para los negocios del Cielo como son los mundanos para los negocios del mundo.
Cristo amaba la inteligencia.
El "cuentito de ladrones" -o de pícaros- Uds. lo acaban de oír:
Cristo quiere que los que tienen el dinero, al cual llama "el ídolo inicuo", se consideren Administradores y no dueños:
El Dueño es Dios; el tomar cuenta llega para todos, es la Muerte y el Juicio; lo que dice el Capataz que no puede ni mendigar ni trabajar (es decir, trabajar de peón, "puntear") significa quizás que en el negocio de nuestra Salvación nada podemos solos si no nos ayudan de arriba; y ese apotegma irónico de Cristo:
"Los hijos de las tinieblas ven más en sus tratos que los hijos de la luz".
No significa (como creen algunos) que los buenos siempre tienen que fracasar en esta vida y los malos triunfar siempre, lo cual es evidente disparate; bueno fuera.
Cristo dijo:
"En sus propios tratos".
Si un honrado quiere empezar a hacer picardías, evidentemente se va a quedar detrás del pícaro; pero los Santos en sus propios tratos, que son los tratos del Cielo, triunfan siempre.
Es una exhortación irónica de Cristo a ser inteligentes TAMBIÉN en las
cosas del Cielo.
Bien sabía Él que las cosas del Cielo son más difíciles de ver que las cosas de la tierra:
¡Esforzarse a verlas!
Con el dinero, el Idolillo Inicuo, que al fin no es vuestro pues os será quitado -y a veces antes de morir:
"Puesto que ya no podrás más
administrar".
Compráos amigos del otro lado.
Del otro lado deben tener gran poder los pobres, por lo visto; y también los difuntos del Purgatorio que son los más pobres de todos.
Del Purgatorio no sabemos mucho, sabemos que existe y poco más, pero la Iglesia siempre ha creído que las Ánimas Benditas, como las llama la gente, pueden algo por nosotros; y quizás pueden mucho.
"¿Cómo puede ser que mi madre esté en el Cielo o en el Purgatorio si no hace nada por mí?
Mi madre haría mucho más por mí".
-No sabes tú lo que pueden o no pueden hacer las almas separadas; ni tampoco sabes lo que quizás está haciendo por tí, y no te das cuenta.
Cristo en su predicación alabó muchísimo la limosna:
En esta Parábola la presenta irónicamente como un gran negocio, y un negocio pícaro por cierto.
Con tres cosas podemos satisfacer por nuestros pecados:
La oración, la limosna y el ayuno, en ese orden.
Donoso Cortés dijo que la limosna era la solución de la cuestión social, quiso decir la "Caridad", por supuesto; y ha sido criticado por eso, pero
tiene razón:
Dado lo que es el hombre, sin Caridad no hay Justicia.
Los socialistas dicen que ellos no quieren Caridad sino Justicia:
Eso es orgullo y disparate, pues si hubiera que hacer Justicia seca sin Caridad, muchísimas personas incapacitadas, por nacimiento o enfermedad o por lo que sea, tendrían que morirse de hambre; y a veces algunas dellas valen mucho delante de Dios, o bien prestan servicios
que valen mucho más que los servicios de otros que trabajan todo el día.
Alsogaray o Ghioldi hubiesen hecho morir a Santa Liduvina de Flandes.
Si Cristo nos empujó vehementemente a la Caridad, sabía lo que hacía, doblaba hacia el otro lado el árbol torcido; para que, si nos quedamos cortos, nos quedemos por lo menos en la Justicia.
Cristo exhortó siempre a la Misericordia y la Justicia, poniendo por delante la Misericordia (que significa "corazón compasivo"), y
sabía lo que hacía.
Los filósofos dicen que la Caridad es más que la Justicia, que es la corona y remate de la Justicia; queriendo decir que una Caridad sin Justicia o contra la Justicia es falsa Caridad, sería la famosa Caridad de Don Juan de Robres:
El Señor Don Juan de Robres,
Con caridad sin igual,
Hizo este Santo hospital,
Mas primero hizo a los pobres;
que es lo que suele hacer el Estado Ateo con su famosa "Beneficencia".
Esto es verdad, si lo dicen los filósofos; pero Cristo sabía más.
Sabía que si la Caridad ha de llegar a coronar a la Justicia, tiene que empezar por abajo, incluso por debajo mismo de la Justicia, podíamos decir:
Si una casa tiene que ser coronada por una gran torre, la torre debe comenzar desde los cimientos para que no se derrumbe.
Primero tengo que reconocer que esta persona, que no es de mi clase y además es antipática, es mi prójimo, y eso es un acto de Caridad; y después veré que esta persona tiene derecho sobre mí a tal cosa, y eso es Justicia; que si no comienzo por un acto de caridad o benevolencia, muchas veces no lo veré.
¿Por qué llamó Cristo al dinero "mammonae iníquitatis" o "riquezas de iniquidad"?
Mammón era el dios de las riquezas para los fenicios, que llevaban su efigie colgada al cuello, como si dijéramos un dolar colgado al cuello; o una desas moneditas de 10 pesos que parecen medallitas; así que Cristo llamó exactamente "el diosecito de la iniquidad" o el "idolillo inicuo" a las monedas.
Papini llamó a las monedas:
"El estiércol del Diablo", "lo sterco di Satana", dice el italiano.
No es tanto como eso o es más que eso:
El dinero es el sudor y la sangre del pobre.
Cristo llamó inicuas a las riquezas porque en su tiempo en el Oriente no había ninguna gran fortuna ganada con honradez, sino con iniquidades; y en nuestro tiempo tampoco.
Un hombre que tiene 1.200 millones de dólares, ó 200 millones (o un millón si vamos a eso) no los ha ganado con su trabajo, por importante que su trabajo pueda haber sido:
Los ha ganado o malganado estafando o explotando el trabajo ajeno; y si él no, sus padres o sus abuelos.
Cuántos hay que por dejar una fortuna a sus hijos -y a veces ni siquiera a los hijos sino al Estado, que hoy día arrebatiña las herencias- se van por la posta al Infierno; porque el que tiene dinero malganado tiene
que restituir; y como a veces no sabemos seguro si el dinero que tenemos nos corresponde en Justicia (la sangre del pobre) con dar limosna al pobre nos ponemos en lo seguro.
Buen negocio, dijo Cristo.
Si esto es así, entonces lo mejor es no tener dinero -dijeron los Apóstoles.
Verdad es eso -dijo Cristo- pero eso no es posible a todos.
Algunos tienen que tener dinero (incluso mucho dinero) y administrarlo bien; y algo de dinero tienen que tener todos.
Hasta Cristo tenía algo de dinero; pero el que lo llevaba y lo guardaba, era Judas.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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