CATENA AUREA: FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR.


CATENA AUREA: 6 DE AGOSTO.
FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR.

"Tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano;
y subiendo con ellos a un alto monte, se transfiguró en su presencia". (Mateo 17, 1-2).

EPISTOLA:

"Carísimo: 
Porque no os hemos dado a conocer el Poder y la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo según fábulas inventadas, sino como testigos oculares que fuimos de su Majestad. 
Pues Él recibió de Dios Padre Honor y Gloria cuando de la Gloria majestuosísima le fue enviada aquella voz: 
“Éste es mi Hijo amado en quien Yo me complazco”.
Y esta voz enviada del Y tenemos también, más segura aun, la palabra profética, a la cual bien hacéis en ateneros –como a una lámpara que alumbra en un lugar oscuro hasta que amanezca el día y el astro de la mañana se levante en vuestros corazones". 
II Pedro 1, 16-19.

EVANGELIO:

"En aquél tiempo:
Tomó Jesús a Pedro, Santiago y Juan su hermano, y los llevó aparte, sobre un alto monte. 
Y se transfiguró delante de ellos: resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 
Y he ahí que se les aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con Él. 
Entonces, Pedro habló y dijo a Jesús: “Señor, bueno es que nos quedemos aquí. 
Si quieres, levantaré aquí tres tiendas, una para Ti, una para Moisés, y otra para Elías”.
No había terminado de hablar cuando una nube luminosa vino a cubrirlos, y una voz se hizo oír desde la nube que dijo: 
“Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco; escuchadlo a Él”. 
Y los Discípulos, al oírla, se prosternaron, rostro en tierra, poseídos de temor grande. 
Mas Jesús se aproximó a ellos, los tocó y les dijo: 
“Levantaos; no tengáis miedo”.
Y ellos, alzando los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. 
Y cuando bajaban de la montaña, les mandó Jesús diciendo: 
“No habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”. Mateo XVII, 1-9.

CATENA AUREA:
EXPLICACIÓN DE LOS SANTOS PADRES.

San Jerónimo.

El Señor apareció a los Apóstoles como estará en el Día del Juicio. 
No se crea que el Señor dejó su aspecto y forma verdadera, o la realidad de su cuerpo y que tomó un cuerpo espiritual. 
El mismo Evangelista nos dice cómo se verificó esta transfiguración en estas palabras: 
"Resplandeció su rostro como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve".
Estas palabras nos manifiestan que su rostro resplandecía y que sus vestiduras eran blancas. 
No hay cambio, pues, en la substancia, el brillo es lo que había cambiado. 
El Señor efectivamente se transformó en aquella Gloria, con que vendrá después a su Reino. 
La transformación le dio esplendor, mas no le quitó la figura. 
Supongamos que su cuerpo hubiese sido espiritual, ¿cómo se cambiaron sus vestiduras? 
Porque se pusieron tan blancas, que, según otro evangelista ( Mc 9), ningún lavandero de la tierra las podría poner tan blancas. 
Todo esto es corporal y apreciado por el tacto y no espiritual que ilusiona la vista y es sólo un fantasma.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.56,1.

Hubo muchos motivos para esto. Primeramente porque el pueblo decía que Jesús era Elías o Jeremías, o uno de los Profetas y para que vieran la diferencia entre el Señor y sus siervos, se manifestó rodeado de los principales Profetas. 
En segundo lugar, porque continuamente acusaban los judíos a Jesús de transgresor de la Ley, de blasfemo y de usurpador de la Gloria del Padre y a fin de hacer ver Jesús su inocencia de todas estas acusaciones, se presenta con aquellos, cuyo testimonio era irrecusable para ellos. Porque Moisés promulgó la Ley y Elías no tuvo rival en celo por la gloria de Dios. 
Otro motivo fue, para que supiesen que El tenía poder sobre la muerte y sobre la vida. 
Por esta razón presenta a Moisés que había muerto y a Elías que aun vivía. 
El Evangelista añade otro motivo y es el manifestar la Gloria de la Cruz y calmar a Pedro y a otros Discípulos, que tanto miedo tenían a la Pasion. Porque hablaban, dice otro Evangelista (Lc 9), de la muerte que debía tener lugar en Jerusalén. 
Por eso se presenta con aquellos que se expusieron a morir por agradar a Dios y por la salud de los que creían. Ambos, en efecto, se presentaron libremente a los tiranos, Moisés al Faraón (Ex 5) y Elías a Achab (1Re 10). También se aparece con ellos, para animar a los discípulos a que imitasen a Moisés en la mansedumbre y a Elías en el celo.

San Hilario, in Matthaeum, 17.

La voz del Cielo atestigua que éste es el Hijo, el Amado, aquel en quien se complace el Padre y a quien debemos obedecer, a quien debemos escuchar: "Escuchadle".
El mismo, garante de tales maestros, había confirmado con su ejemplo que el que se niegue a sí mismo, cargue su cruz, muriendo el cuerpo, se haría merecedor a la Gloria del Reino Celestial.

Remigio.

Dice, pues: 
"Escuchadle", como si dijera en otros términos:
Desaparezcan las sombras legales, los símbolos de los Profetas y seguid la Luz brillante del Evangelio. 
O también, "Escuchadle", a fin de manifestar que El es a quien anunció Moisés (Dt 18,13), diciendo: 
"Dios os suscitará un Profeta de entre vuestros hermanos; escuchadle como a mí".
El Señor tuvo, pues, muchos testigos por todas partes. 
En el Cielo la voz del Padre, en el Paraíso a Elías, en los infiernos a Moisés y entre los hombres a los Apóstoles, a fin de que delante de su Nombre se doblase toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos.
(Flp 2).

ORACION:

Oh Dios, que en la Goriosa Transfiguración de tu Unigenito Hijo confirmaste los Misterios de la Fe con el testimonio de los Profetas; y admirablemente anunciaste, con tu voz desde la nube luminosa, nuestra adopción definitiva como tus hijos: concédenos ser coherederos del Rey de la Gloria y partícipes de su
Triunfo. 
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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