CATENA AUREA: FIESTA DE SAN CAYETANO.
CATENA AUREA: 7 DE AGOSTO.
SAN CAYETANO, CONFESOR.
"No os inquietéis, diciendo:
¿Qué comeremos? o ¿qué beberemos?
o ¿con qué nos cubriremos?, como hacen los paganos; que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de estas cosas tenéis". (Mateo 6, 31-32).
EPISTOLA:
"Bienaventurado el rico que es hallado sin culpa, y que no anda tras el oro, ni pone su esperanza en el dinero ni en los tesoros.
¿Quién es éste, y le elogiaremos? porque ha hecho cosas admirables en su vida.
Él fue probado por medio del oro, y hallado perfecto; por lo que reportará gloria eterna.
Él podía pecar y no pecó, hacer mal y no lo hizo. Por eso sus bienes están asegurados en el Señor; y celebrará sus limosnas toda la congregación de los Santos". Eclesiástico XXXI, 8-11.
EVANGELIO:
"En aquél tiempo:
Nadie puede servir a dos señores; porque odiará al uno y amará al otro; o se adherirá al uno y despreciará al otro.
Vosotros no podéis servir a Dios y a Mammón”.
“Por esto os digo: no os preocupéis por vuestra vida:
Qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento? ¿y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni juntan en graneros; y vuestro Padre Celestial las alimenta.
¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
¿Y quién de vosotros puede, por mucho que se afane, añadir un codo a su estatura?
Y por el vestido ¿por qué preocuparos?
Aprended de los lirios del campo: cómo crecen; no trabajan, ni hilan, mas Yo os digo, que ni Salomón, en toda su magnificencia, se vistió como uno de ellos.
Si, pues, la hierba del campo, que hoy aparece y mañana es echada al horno, Dios así la engalana ¿no (hará Él) mucho más a vosotros, hombres de poca Fe?
No os preocupéis, por consiguiente, diciendo:
“¿Que tendremos para comer?
¿Qué tendremos para beber?
¿Qué tendremos para vestirnos?” Porque todas estas cosas las codician los paganos.
Vuestro Padre celestial ya sabe que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su Justicia, y todo eso se os dará por añadidura".
Mateo VI, 24-33.
CATENA AUREA:
EXPLICACIÓN DE LOS SANTOS PADRES.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 21,1.
Ya había el Señor refrenado la tiranía de la avaricia con muchas y grandes razones pero ahora añade otras más amplias.
Las riquezas no nos dañan precisamente porque arman a los ladrones contra nosotros y porque oscurecen nuestra inteligencia, sino porque también nos separan de Dios. Y esto lo prueba con una razón muy fácil de comprender:
"Ninguno puede servir a dos señores". Dice dos, porque mandan cosas contrarias.
Si se entendiesen no serían dos sino uno, y manifiesta esto por lo que añade en seguida:
"Porque aborrecerá al uno y amará al otro, o al uno sufrirá y al otro despreciará".
Pone dos para demostrar que es fácil el tránsito a otra cosa mejor, diciendo: "Me he hecho esclavo del dinero" (amando las riquezas).
Y demuestra que es posible llegar a otro estado, a saber, no sufriendo la esclavitud, sino despreciándola.
San Jerónimo.
En algunos códices se ha añadido:
"Ni qué bebáis".
Luego se refiere a aquello que la naturaleza concede a las fieras, a las bestias y también a los hombres, y siéndonos esto común, no podemos vivir libres de este cuidado.
Pero se nos manda que no andemos solícitos acerca de lo que hemos de comer, porque con el sudor de nuestra frente debemos prepararnos el pan.
El trabajo debe ejercitarse, mas se debe evitar el afán.
Lo que aquí se dice debemos entenderlo respecto de la comida carnal y del vestido.
Por lo demás, respecto de las comidas espirituales y de los vestidos, siempre debemos ser solícitos.
San Hilario, homiliae in Matthaeum, 5.
O de otro modo, como el sentido de estas palabras se ha adulterado respecto del cuidado que debemos tener por las cosas futuras, y como los infieles se han burlado respecto de lo que habrá de suceder con los cuerpos en la futura resurrección y de lo que constituirá el alimento en la vida eterna, Dios reprende por lo tanto la malicia de esta cuestión tan inútil, diciendo:
"¿Acaso el alma no es más que la comida?"
No permite, pues, que nuestra esperanza acerca del porvenir en la resurrección se detenga con preocupación de la comida, de la bebida y del vestido, con el fin de que con esa inquietud por las cosas mínimas no se infiera ofensa alguna al que ha de devolvernos el cuerpo y el alma.
San Agustín, de civitate Dei, 22, 15.
Pero si Jesucristo resucitó con la misma estatura, es una necedad el decir que (cuando venga el tiempo de la resurrección general) habrá de añadirse al cuerpo de Jesús una magnitud que no tenía cuando se apareció a sus discípulos en aquélla en que era conocido, para poder hacerse igual aun a los más altos.
Si decimos que los demás cuerpos, ya grandes, ya pequeños, habrán de igualarse al de Jesús, perecerá muchísimo de muchos cuerpos, siendo así que El mismo dice:
"Que no habrá de perderse ni un solo cabello".
Sólo podrá decirse que cada uno recibirá la medida y la forma que tuvo en su juventud, si murió viejo, o con la misma que tuvo el día de su muerte, si falleció antes.
Por ello no dice el Apóstol:
"En medida de estatura", sino ( Ef 4,13):
"En la medida de la plenitud de edad de Cristo", porque resucitarán los cuerpos de los muertos en su edad juvenil y vigorosa en que sabemos que vino Jesucristo.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 22,1.
Tanta diferencia hay entre la verdad y el error, cuanta entre el vestido y las flores.
Si Salomón fue superado por las flores, siendo así que fue el más rico de los reyes, ¿cuánto más tú puedes ser superado por las flores?
Salomón fue superado por las flores en hermosura, no una sola vez, ni dos, sino tanto tiempo cuanto duró su reinado.
Y esto es lo que significan aquellas palabras:
"En toda su Gloria", porque ni un solo día pudo aparecer tan hermoso como las flores.
San Gregorio Niceno, de opificio hominis, 1, 4, 6, 7.
Como su Providencia se demuestra por signos de esta clase, a saber:
La permanencia de todo (especialmente de aquello que es capaz de reproducirse y desaparecer), la colocación y el orden de las cosas que existen, conservadas siempre según su modo.
Todas estas cosas, ¿cómo podrían perfeccionarse si no hubiese quién se cuidase de ellas?
Pero algunos dicen que Dios sólo se cuida de mantener la permanencia de los universales, a los que solamente se extiende su providencia; mas que lo particular sucede al acaso.
Tres solas causas puede alguno alegar contra la Providencia de los particulares:
O Dios ignora que es bueno cuidar de las cosas particulares, o no quiere o no puede hacerlo.
La ignorancia es enteramente ajena a la Divinidad.
¿Cómo puede ignorar Dios lo que no se oculta a un hombre sabio, a saber, que destruidos los particulares se destruyen los universales?
Nada impide la destrucción de todos los individuos si no hay un poder que cuide de ellos.
Si no quiere es por dos causas:
O por pereza o por indecencia.
La pereza reconoce dos causas:
O de la atracción de un placer que cautiva la voluntad, o de un temor que hace desistir, ninguno de los cuales es lícito pensarlo de Dios.
Si dicen que no es decente, ni digno de la Majestad Divina el ocuparse en cosas pequeñas, ¿cómo es que no hallamos inconveniente en que el artífice, que procura lo universal, cuide también de los particulares sin descuidar ningún detalle, sabiendo que la parte aprovecha al todo?
Y siendo esto así, ¿cómo vamos a decir que Dios es un creador menos capaz que los artífices de este mundo?
Si no puede, Dios es un imbécil, e incapaz de hacer el bien.
Porque si nos es desconocida la razón de la providencia de los particulares, no por esto podemos decir que no hay providencia, pues equivaldría a decir que no hay hombres porque ignoramos cuántos son.
San Agustín, de sermone Domini, 2,17.
O de otro modo, no se dice el día de mañana sino refiriéndose al tiempo, el cual pasado, será sustituido por el futuro.
Luego cuando hagamos algo de bueno, no pensemos en las cosas temporales, sino en las eternas.
"El día de mañana, a sí mismo se traerá su cuidado".
O en otros términos:
"Cuando convenga, cuando la necesidad se deje sentir", tomad el alimento y otras cosas parecidas: "Basta a cada día su malicia", esto es, basta tomar lo que la necesidad exija (llamando a la necesidad malicia, porque es una pena que se nos ha impuesto; pertenece, pues, a la mortalidad, que hemos merecido pecando):
"No quieras, por lo tanto, añadir a la pena de la necesidad temporal algo más grave, de suerte que no solamente la sufras, sino que para satisfacerla sirvas a Dios".
Debemos guardarnos de considerar como desobediente a los preceptos de Dios, y de preocupado por el día de mañana, al siervo de Dios que viéremos proveer que estas cosas necesarias no le falten, ni a los que le están confiados a su cuidado, pues el mismo Dios, a quien servían los ángeles, se dignó tener bolsa a causa de la necesidad de este ejemplo. Y en los Hechos de los Apóstoles está escrito que se había procurado no faltase lo necesario para el porvenir, porque el hambre era inminente.
No prohíbe el Señor que uno se procure estas cosas según costumbre humana, sino que se hagan el objeto del servicio de Dios.
ORACION:
Oh Dios, que diste a tu Bienaventurado Confesor Cayetano imitar el estilo de vida de los Apóstoles, concédenos que, por su intercesión y en su imitación, confiemos siempre en Ti y deseemos sólo las cosas Celestiales.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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