CATENA AUREA: FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA.


CATENA AUREA: 22 DE AGOSTO.
FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA.

"Saltará de gozo mi corazón por 
causa de tu saludable socorro". (Salmos XII, 6).

EPISTOLA:

"Elevada estoy cual cedro sobre el Líbano y cual ciprés sobre el monte Sión. 
Me he alzado como una palmera en Cadés; y como un rosal plantado en Jericó. 
Crecí como un hermoso olivo en los campos, y como el plátano en las plazas junto al agua. 
Como el cinamomo y el bálsamo aromático despedí fragancia. 
Como mirra escogida exhalé suave olor; y llené mi habitación de odoríferos perfumes como de estoraque, de gálbano, de ónice, y como de mirra y de incienso virgen; y mi fragancia es como bálsamo sin mezcla". Eclesiástico XXIV, 17-21.

EVANGELIO:

"En aquel tiempo: 
Junto a la cruz de Jesús estaba de pie su Madre, y también la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 
Jesús, viendo a su Madre y, junto a ella, al Discípulo que amaba, dijo a su Madre: 
“Mujer, he ahí a tu hijo”.
Después dijo al Discípulo: 
“He ahí a tu Madre”.
Y desde este momento el Discípulo la recibió consigo". Juan XIX, 25-27.

CATENA AUREA:
EXPLICACIÓN DE LOS SANTOS PADRES.

San Ambrosio, in epistolis.

María, Madre del Señor, estaba ante la cruz de su Hijo. 
Nadie me enseñó esto, sino San Juan Evangelista. 
Otros describieron el trastorno del mundo en la pasión del Señor; el cielo cubierto de tinieblas, ocultándose el sol y el buen ladrón recibido en el Paraíso, después de su confesión piadosa. 
San Juan escribió lo que los otros se callaron, de cómo puesto en la cruz llamó Jesús a su Madre, y cómo considerado vencedor de la muerte, tributaba a su Madre los oficios de amor filial y daba el Reino de los Cielos. 
Pues si es piadoso perdonar al ladrón, mucho más lo es el homenaje de piedad con que con tanto afecto es honrada la Madre por el Hijo: 
"He aquí tu hijo". 
"He aquí a tu Madre".
Cristo testaba desde la cruz y repartía entre su Madre y su discípulo los deberes de su cariño. 
Otorgaba el Señor, no sólo testamento público, sino también doméstico; y este testamento era refrendado por Juan. 
¡Digno testimonio de tal testador! 
Rico testamento, no de dinero, sino de vida eterna; no escrito con tinta, sino con el espíritu de Dios vivo ( 2Cor 3) y pluma de lengua, que escribe velozmente (Sal 44,2). 
Pero María se mostró a la altura de la dignidad que correspondía a la Madre de Cristo. 
Cuando huyeron los Apóstoles, estaba en pie ante la cruz, mirando las llagas de su Hijo, no como quien espera la muerte de su tesoro, sino la salvación del mundo. 
Y aun quizás porque conociendo la redención del mundo por la muerte de su Hijo, ella deseaba contribuir con algo a la Redención Universal, conformando su corazón con el del Salvador. 
Pero Jesús no necesitaba de auxiliadora para la redención de todos los que sin ayuda había conservado.
Por eso dice: 
"He sido hecho hombre sin auxiliador, libre entre los muertos" (Sal 87,5). Aceptó, en verdad, el afecto maternal, pero no buscó el auxilio ajeno. Imitad, madres piadosas, a ésta, que tan heroico ejemplo dio de amor maternal a su amantísimo Hijo único. 
Porque ni vosotras tendréis más cariñosos hijos, ni esperaba la Virgen el consuelo de poder tener otro.

San Jerónimo, contra Helvidium.

La María que San Marcos y San Mateo llaman madre de Santiago y José, fue mujer de Alfeo y hermana de María, Madre del Señor, y es la que Juan designa en esta ocasión con el nombre de María Cleofé, bien sea por su padre o por razón de parentela o por cualquier otra causa. 
Pero si os parece que es otra, y así lo parezca, porque en otra parte se llame María, madre de Santiago el Menor, y aquí, María Cleofé, fijáos en la costumbre de las escrituras de llamar con diverso nombre a una misma persona.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 84.

De este modo queda refutado el error de Marción. 
Si Jesucristo no fue engendrado según la carne, ni tuvo Madre, ¿por qué tanto esmero por su cuidado? Observa cuán tranquilamente dispone todas las cosas, en el momento de estar en la cruz, hablando a sus discípulos de su Madre, cumpliendo las profecías y prometiendo el cielo al buen ladrón. 
Antes de ser crucificado, se le ve temblar, pues entonces demostraba la debilidad de la naturaleza; pero ahora ostenta la grandeza de su poder. 
Así nos enseña, que si nos conturba la adversidad, no por eso desistamos. Y cuando hubiéramos entrado en la lucha, soportarlo todo como cosa fácil y ligera.

San Agustín, ut supra.

Como proveía a su Madre, en cierto modo, de otro hijo por el que la dejaba, manifestó el motivo en las siguientes palabras: 
"Y desde aquella hora el Discípulo la recibió como suya".
¿Pero en qué recibió Juan como suya a la Madre del Señor? 
¿Acaso no era de los que habían dicho a Jesús: 
"He aquí que nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido".(Mt 19,27)? 
La recibió, no por sus propiedades (pues nada tenía propio), sino en los cuidados que solícito la había de dispensar.

ORACION:

Oh Dios Todopoderoso y Eterno, que en el Corazón de la Santísima Virgen María dispusiste una morada digna para el Espíritu Santo: concédenos celebrar con espíritu devoto la Fiesta de su Corazón Inmaculado y vivir como tu Corazón quiere.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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