MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
Para el Domingo Decimocuarto después de Pentecostés.
(Mt 6,24-33).
Del abandono a la Providencia.
PUNTO I:
A vosotros, particularmente, dirige Jesucristo las palabras del evangelio de este día:
Buscad primero el Reino de Dios.
En efecto, no debisteis venir a esta casa sino para buscarlo; en primer lugar, para vosotros; en segundo lugar, para aquellos de cuya instrucción os ha encargado Dios.
Aquí no debéis buscar otra cosa que establecer el Reino de Dios en vuestra alma, para esta vida y para la otra.
Durante esta vida, no debéis preocuparos sino por conseguir que Dios reine por la Gracia y por la Plenitud de su Amor en vuestro corazón.
Debéis vivir para Él, y la Vida del mismo Dios ha de ser la vida de vuestra alma.
Se necesita, además, que la nutráis de Él, ocupándoos cuanto os sea posible de su Santa Presencia.
Lo que constituye la Vida de los Santos es su continua atención a Dios.
Esa debe ser también la de las almas Consagradas a Dios y que sólo buscan cumplir su Santa Voluntad, amarlo y hacer que otros lo amen.
En eso debe consistir toda vuestra ocupación en la tierra; y a ese fin deben enderezarse todos vuestros trabajos.
Exhortad, pues, a aquellos a quienes enseñáis a que miren el pecado como enfermedad vergonzosa, que infecta las almas, las hace indignas de
aproximarse a Dios y de comparecer ante Él.
Inspiradles amor a la Vírtud.
Imprimid en ellos sentimientos de Piedad, y procurad que Dios no cese de reinar en ellos; pues, así, no tendrán contacto con el pecado, o, al menos, evitarán los pecados graves, que dan muerte al alma.
Traed con frecuencia a vuestra mente cuál es el fin de vuestra Vocación, para que os mueva a contribuir al establecimiento y consolidación del Reino de Dios en el corazón de vuestros alumnos.
¿Pensáis que uno de los mejores medios para lograr semejante bien es procurar, ante todo, que reine Dios de tal forma en vuestros alumnos, que no tengan ya ni acción ni impulso alguno sino por Él?
PUNTO II:
Para no ocuparos más que de los medios para establecer el reino de Dios en vosotros y en las almas de aquellos a quienes instruís, es importante que no os preocupéis de lo que se relaciona con las necesidades del cuerpo, pues estos dos órdenes de cosas son incompatibles entre sí; y la dedicación a las cosas exteriores destruye en el alma el cuidado por aquellas que se refieren a Dios y a su servicio.
Por lo cual, en el mismo Evangelio, recomienda Jesucristo a sus Santos
Apóstoles, a quienes encomendaba el cuidado de la Salvación de las almas y de establecer su Reino en la tierra, que no se inquieten diciendo:
¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos?
Pues eso sólo es propio de los paganos, dice Nuestro Señor.
Y tanto más, cuanto que quienes así se preocupan, demuestran con ello que no tienen Fe.
Y para darles una prueba convincente, dice:
Mirad los pájaros del cielo:
No siembran ni siegan, ni almacenan cosa alguna en los graneros.
Contemplad los lirios del campo:
No trabajan ni hilan, y con todo, Salomón, en toda su gloria, jamás se vistió tan bien como ellos.
¿Tenéis, pues, vosotros tan poca Fe como para temer que cumpliendo vuestro deber, y ocupándoos sólo de lograr que Dios reine en vuestros corazones y en los de los demás, os falte algo de lo necesario para vivir y para vestiros?
PUNTO III:
Jesucristo asegura que es Dios mismo quien se encarga del cuidado de vuestro alimento y de vuestro sustento:
Vuestro Padre Celestial, dice, sabe que necesitáis todas esas cosas.
Es Él quien alimenta a los pájaros del cielo; ¿no valéis vosotros mucho más y no os quiere mucho más que a los pájaros?
Y dice además:
Si Dios tiene cuidado de vestir de esa forma a la hierba del campo, que hoy florece y mañana será cortada, cuánto más cuidará Él de vestiros, ¡hombres de poca Fe!
Estad persuadidos, concluye Jesucristo, que si buscáis realmente el Reino de Dios y su Justicia, todas estas cosas se os darán por añadidura, pues es Dios mismo quien se toma el cuidado de proveeros de
ellas.
No se pone bozal al buey que trilla, dice San Pablo.
Por lo tanto, si os preocupáis de trabajar en la cosecha de las almas, ¿cómo podréis temer que aquel que os emplea y cuyos obreros sois os niegue el alimento que necesitáis para realizar su Obra?
Cuanto más os abandonéis a Dios en lo tocante a lo temporal, más cuidado pondrá Él en procurároslo.
Si, por el contrario, queréis procurároslo vosotros mismos, Dios dejará en vuestras manos ese cuidado, y a menudo podrá suceder que os falte, queriendo Dios castigar así vuestra poca Fe y vuestra desconfianza.
Haced, pues, lo que dice David:
Dirigid a Dios vuestro pensamiento y depositad en Él toda vuestra confianza, y Él mismo os sustentará.
ORACION:
Te rogamos, Señor, guardes siempre misericordiosamente a tu Iglesia; y pues sin ti no puede sostenerse la humana naturaleza mortal, haz que tus auxilios la preserven siempre de lo nocivo y la dirijan a lo saludable. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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