MES DE SEPTIEMBRE. DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL. (2 Meditaciones Juntas 18 y 19 de Septiembre).


MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.

*Se publican las dos meditaciones juntas de los días 18 y 19 de Septiembre.

DÍA 18

LA ESPADA DEL ESPÍRITU: 
LA PALABRA DE DIOS

PALABRA DE DIOS:

«Tomad también el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.» (Efesios 6, 17).

MEDITACIÓN:

Después de presentarnos las distintas partes de la armadura espiritual, San Pablo coloca finalmente una espada en las manos del cristiano.
Pero es una espada muy particular:

«La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.»

Durante todo este mes hemos contemplado a San Miguel llevando una espada.
La espada representa el combate, pero también nos recuerda la necesidad de separar la verdad de la mentira, el bien del mal, aquello que procede de Dios de aquello que pretende apartarnos de Él.
San Pablo nos enseña hoy con qué espada debe combatir el cristiano.
No con la violencia.
No con el insulto.
No con la agresividad.
No intentando destruir a quien piensa de manera diferente.
Nuestra espada es la Palabra de Dios.
El mismo Jesucristo nos ofrece el ejemplo.
Cuando fue tentado en el desierto, respondió repetidamente:

«Está escrito...»

Frente a las palabras del tentador, Cristo coloca la Palabra de Dios.
Esta es una enseñanza extraordinaria para nuestro propio combate.
El enemigo puede decir:

«Dios te ha abandonado.»

La Escritura responde:

«Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.»

Puede decir:

«Después de tantas caídas ya no puedes volver.»

La Palabra responde:

«Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.»

Puede decir:

«No podrás resistir.»

La Escritura responde:

«Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.»

La Palabra de Dios ilumina aquello que la tentación intenta oscurecer.
Pero una espada que permanece siempre guardada termina siendo inútil para quien nunca aprende a utilizarla.
También nosotros necesitamos conocer la Sagrada Escritura, escucharla, meditarla y conservar algunas de sus palabras en nuestra memoria.

No para acumular citas.

Sino para permitir que la Palabra de Dios forme nuestra manera de pensar.
Entonces, cuando llegue el momento del combate, podremos reconocer la mentira porque habremos aprendido a escuchar la verdad.

San Miguel proclama:

«¿Quién como Dios?»

Y la Escritura nos enseña día tras día quién es ese Dios al que Miguel sirve.

ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:

LA PALABRA DE DIOS:

No basta con poseer una Biblia.

La verdadera arma espiritual es dejar que la Palabra de Dios penetre en nuestra inteligencia y en nuestro corazón.
Una sola frase de la Escritura, verdaderamente meditada y recordada en el momento oportuno, puede ayudarnos enormemente durante una tentación.

✠ PROPÓSITO:

Hoy elegiré un versículo de la Sagrada Escritura que responda a alguna dificultad que experimento frecuentemente.
Lo leeré varias veces e intentaré recordarlo durante el día.
Cuando aparezca esa dificultad, en lugar de alimentar pensamientos negativos, repetiré interiormente esa Palabra.

ORACIÓN:

Glorioso San Miguel Arcángel, servidor fiel de la Palabra de Dios, ayúdame a amar la Sagrada Escritura.
Alcánzame inteligencia para comprenderla, humildad para recibirla y fortaleza para vivir según ella.
Cuando la mentira quiera confundirme, recuérdame la verdad.
Cuando la tentación quiera seducirme, haz que vuelva mi corazón hacia la Palabra del Señor.
Que ella ilumine mis pensamientos, corrija mis caminos y fortalezca mi voluntad.
Y llevando en mi corazón la espada del Espíritu pueda permanecer firme en el combate proclamando contigo:

¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!

Amén.

DÍA 19

ORAD EN TODA OCASIÓN

PALABRA DE DIOS:

«Orad en toda ocasión en el Espíritu, con toda clase de oraciones y súplicas. Para ello estad siempre despiertos y perseverad en la oración.»
(Efesios 6, 18).

MEDITACIÓN:

San Pablo ha terminado de describir la armadura de Dios.
Nos habló de la verdad.
De la Justicia.
De la Fe.
De la Salvación.
De la Palabra de Dios.
Parecería que el soldado cristiano ya está preparado.
Pero entonces añade algo fundamental:

«Orad en toda ocasión.»

Porque ninguna armadura espiritual puede separarse de la oración.
La oración no es simplemente una práctica más entre muchas otras.
Es el reconocimiento constante de una verdad que San Miguel proclama con todo su ser:
Dios es Dios y nosotros dependemos de Él.
Cuando rezamos reconocemos que necesitamos ayuda.
Cuando rezamos dejamos de comportarnos como si pudiéramos sostener nuestra vida solamente con nuestras propias fuerzas.
Cuando rezamos volvemos a colocar a Dios en el centro.
Por eso la oración es profundamente contraria al orgullo.

El soberbio dice:

«Yo puedo solo.»

El hombre que ora dice:

«Señor, te necesito.»

Y San Pablo añade dos palabras particularmente importantes:

«Estad despiertos y perseverad.»

Despiertos.
Porque debemos vigilar nuestro corazón.
Perseverantes.
Porque no debemos abandonar la oración cuando desaparece el entusiasmo, cuando llegan las distracciones o cuando parece que Dios tarda en responder.
La oración perseverante no consiste en sentir continuamente fervor.
Consiste en seguir presentándonos delante de Dios.
Algunas veces nuestra oración será llena de consuelo.
Otras veces será seca.
Algunas veces encontraremos fácilmente las palabras.
Otras solamente podremos decir:

«Señor, aquí estoy.»

Pero continuamos.
Durante diecinueve días hemos caminado junto a San Miguel.
Hemos aprendido su nombre.
Contemplamos su humildad, su fidelidad y su obediencia.
Lo encontramos en Daniel.
Lo vimos actuar en la misteriosa escena de la carta de San Judas.
Entramos con él en el gran combate del Apocalipsis.
Y finalmente San Pablo nos enseñó a revestirnos de la armadura de Dios.
Ahora ha llegado el momento de detenernos durante nueve días y orar con mayor insistencia.
Mañana comenzaremos nuestra Novena a San Miguel Arcángel.
No llegamos a ella como quien comienza una devoción completamente distinta.
Llegamos después de haber recorrido un camino.
Y entramos en estos nueve días llevando una intención concreta en nuestro corazón.
San Miguel nos acompañará.
Pero nuestra mirada permanecerá dirigida hacia Dios.
Porque toda verdadera devoción al Príncipe de la Milicia Celestial termina proclamando aquello que su mismo nombre significa:

¡¿QUIÉN COMO DIOS?

ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:

LA ORACIÓN PERSEVERANTE:

No abandonar la oración porque estamos cansados.
No abandonarla porque estamos distraídos.
No abandonarla porque todavía no recibimos aquello que pedimos.
Continuar orando es continuar esperando en Dios.

✠ PROPÓSITO:

Hoy elegiré una intención especial para llevar durante los nueve días de la Novena.
Puede ser por mi vida espiritual, por mi familia, por una persona que atraviesa una dificultad, por la Iglesia, por una conversión o por una necesidad concreta.

Esta noche la presentaré ante Dios diciendo:

«Señor, pongo esta intención en tus manos. Durante estos nueve días quiero pedirla con perseverancia y aceptar tu voluntad.»

ORACIÓN:

Glorioso San Miguel Arcángel, al llegar a las puertas de tu Novena quiero prepararme para vivir estos nueve días con verdadera Fe.
Enséñame a orar sin cansarme.
A pedir sin exigir.
A esperar sin desconfiar.
A perseverar aunque no vea inmediatamente los frutos.
Presenta ante Dios las necesidades que llevo en mi corazón y ayúdame, sobre todo, a buscar siempre su santa voluntad.
Que durante estos nueve días crezca mi unión con Jesucristo, mi amor a la Santísima Virgen y mi deseo de permanecer fiel a Dios.
Y al comenzar mañana este camino de oración, quiero hacerlo bajo tu protección y proclamando contigo:

¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.

JACULATORIA:

¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!

ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:

LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.

Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.

San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.

San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.

San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.

San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.

San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.

San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.

San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.

San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.

San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.

San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.

San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.

San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.

San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

OREMOS

Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

de S. S. León XIII

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder 
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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