MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL.


MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL 

DÍA 3

SAN MIGUEL, PRÍNCIPE DE LA MILICIA CELESTIAL.

PALABRA DE DIOS:

«Entonces se entabló una batalla en el cielo: 
Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón. 
También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron».
(Apocalipsis 12, 7-8).

MEDITACIÓN:

La Sagrada Escritura nos presenta una de las imágenes más poderosas de San Miguel: 
Miguel al frente de los Ángeles combatiendo contra el Dragón.

Pero debemos comprender bien esta batalla.

San Miguel no combate por ambición, odio o deseo de demostrar su fuerza. Combate porque ama a Dios y defiende el orden establecido por Él.
Por eso la Iglesia ha contemplado tradicionalmente en Miguel al Príncipe de la Milicia Celestial.
Su espada no representa una violencia desordenada. 
Representa la fuerza de la verdad contra la mentira, de la obediencia contra la rebelión y de la fidelidad contra la apostasía.
También nosotros pertenecemos a una batalla espiritual.
San Pablo nos recuerda que nuestro combate no es simplemente contra hombres, sino contra las fuerzas espirituales del mal. 
El cristiano, por tanto, no puede vivir distraído como si el pecado, la tentación y el engaño no existieran.

Pero tampoco debe vivir atemorizado.

El Apocalipsis nos muestra algo fundamental:
El Dragón combate, pero no prevalece.

Cristo ya ha vencido.

San Miguel no sustituye a Jesucristo ni posee poder independientemente de Él. 
Toda la fuerza del Arcángel procede de Dios y está completamente puesta a su servicio.
Por eso acudimos confiadamente a su protección.
Cuando una tentación parece demasiado fuerte, cuando el desaliento quiere dominarnos, cuando el error se presenta bajo apariencia de verdad o cuando sentimos nuestra propia debilidad, levantemos los ojos hacia el Príncipe de la Milicia Celestial.

No estamos llamados a combatir solos.

Pidamos a San Miguel que nos enseñe a permanecer bajo el estandarte de Cristo hasta alcanzar la victoria.

ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:

LA VIGILANCIA:

Un soldado que duerme durante la batalla queda indefenso.
También en la vida espiritual necesitamos aprender a reconocer aquello que habitualmente nos debilita: pensamientos, ambientes, palabras, hábitos u ocasiones que facilitan nuestras caídas.
La vigilancia cristiana no significa vivir con miedo, sino con los ojos abiertos y el corazón puesto en Dios.

✠ PROPÓSITO:

Hoy identificaré una ocasión concreta que habitualmente me conduce a una falta o debilita mi vida espiritual y procuraré evitarla conscientemente.
No esperaré a estar en medio de la tentación para comenzar a combatir.

ORACIÓN:

Glorioso San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia Celestial, tú que combates bajo el Poder de Dios contra el enemigo de nuestra Salvación, ven en mi auxilio.
Enséñame a reconocer las tentaciones antes de consentirlas, a rechazar el engaño y a permanecer vigilante en el servicio del Señor.
Cuando me sienta débil, recuérdame que mi fortaleza procede de Dios.
Cuando tenga miedo, recuérdame la victoria de Jesucristo.
Y cuando llegue la hora del combate, haz que permanezca firme bajo el estandarte de la Cruz proclamando contigo:

¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!

Amén.

JACULATORIA:

¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!

ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:

LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.

Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.

San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.

San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.

San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.

San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.

San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.

San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.

San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.

San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.

San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.

San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.

San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.

San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.

San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

OREMOS

Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

de S. S. León XIII

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder 
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.


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