MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL.
MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
✠ 29 DE SEPTIEMBRE ✠
FIESTA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
«PRÍNCIPE DE LA MILICIA CELESTIAL, DEFIÉNDENOS EN LA BATALLA»
Hoy nuestro camino se detiene para celebrar.
Durante todo este mes hemos contemplado a San Miguel como adorador del Altísimo, príncipe de los ejércitos celestiales, defensor del pueblo de Dios, fortaleza de la Iglesia militante, auxilio en la tentación y compañero de quienes combaten por permanecer fieles.
Durante nueve días hemos acudido especialmente a su intercesión.
Y hoy, finalmente, llegamos a su fiesta.
No venimos solamente a pedir.
Hoy venimos a agradecer.
PALABRA DE DIOS
«Entonces se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar para ellos en el cielo.» (Apocalipsis 12, 7-8).
MEDITACIÓN DE LA FIESTA:
«¿QUIÉN COMO DIOS?»
Hay nombres que identifican.
Hay nombres que recuerdan una historia.
Y hay nombres que son una proclamación.
Miguel pertenece a estos últimos.
Mi-ka-El.
¿Quién como Dios?
La pregunta no espera respuesta.
Porque nadie es como Dios.
Ninguna criatura.
Ningún poder.
Ninguna riqueza.
Ninguna ideología.
Ningún placer.
Ningún éxito.
Ningún miedo.
Ningún pecado.
Ningún ángel.
Nada puede ocupar el lugar que corresponde solamente al Creador.
Por eso el nombre de San Miguel resume todo aquello que hemos meditado durante este mes.
Frente al orgullo:
¿Quién como Dios?
Frente a la tentación:
¿Quién como Dios?
Frente al desaliento:
¿Quién como Dios?
Frente a nuestros propios proyectos cuando pretenden imponerse a la voluntad divina:
¿Quién como Dios?
Frente a aquello que amenaza convertirse en un ídolo dentro de nuestro corazón:
¿Quién como Dios?
San Miguel no combate para construir su propio reino.
No busca su propia gloria.
No actúa por un poder independiente.
Toda su grandeza consiste precisamente en permanecer enteramente vuelto hacia Dios.
Por eso su espada no puede separarse de su adoración.
Antes que guerrero, San Miguel es servidor.
Antes que vencedor, es criatura obediente.
Antes que príncipe de la Milicia Celestial, es adorador del Altísimo.
Y aquí encontramos el secreto del verdadero combate cristiano.
Durante este mes hablamos muchas veces de lucha, armas y vigilancia.
Pero nuestra lucha nunca tuvo como finalidad convertirnos en personas obsesionadas con el mal.
Todo lo contrario.
Combatimos para permanecer libres para Dios.
El cristiano no vive mirando continuamente hacia las tinieblas.
Vive mirando hacia Cristo.
Y precisamente porque contempla la Luz puede reconocer aquello que pretende apartarlo de ella.
San Miguel nos señala siempre más allá de sí mismo.
Nos señala a Dios.
El Apocalipsis describe la batalla, pero inmediatamente revela el fundamento de la victoria:
«Ellos lo vencieron por la Sangre del Cordero.»
La victoria pertenece a Cristo.
La Cruz ya ha pronunciado la palabra decisiva.
San Miguel sirve esa victoria.
Los Ángeles sirven esa victoria.
La Iglesia vive de esa victoria.
Y nosotros esperamos participar plenamente de ella.
Por eso hoy no celebramos simplemente a un poderoso guerrero celestial.
Celebramos la fidelidad de una criatura que nunca quiso ser otra cosa que servidor de Dios.
Y al honrarlo hacemos nuestra nuevamente su proclamación:
¡QUIS UT DEUS!
Que Dios vuelva a ocupar el primer lugar.
En nuestra inteligencia.
En nuestra voluntad.
En nuestros afectos.
En nuestras familias.
En nuestro trabajo.
En nuestras decisiones.
En nuestras alegrías.
En nuestros sufrimientos.
En nuestra vida.
Y algún día, también en nuestra muerte.
LAS ARMAS QUE HEMOS RECIBIDO:
Durante Septiembre fuimos reuniendo nuestras armas espirituales.
Humildad, para recordar quién es Dios y quiénes somos nosotros.
Fidelidad, para servirlo también en las cosas pequeñas.
Vigilancia, para reconocer aquello que puede alejarnos de Él.
Obediencia, para preferir su voluntad a la nuestra.
Fortaleza, para continuar cuando cuesta.
Oración, para no combatir jamás separados de Dios.
Confianza, para abandonarnos en su Providencia.
Discernimiento y prudencia, para no confundir fervor con temeridad.
Esperanza, para no dejarnos vencer por el desaliento.
Perseverancia, para volver a levantarnos.
Verdad, contra toda mentira.
Fe, como escudo.
Palabra de Dios, como espada del Espíritu.
Y sobre todas ellas:
la gracia de Dios, sin la cual nada podemos.
Hoy no dejamos estas armas delante del altar como objetos pertenecientes a una devoción terminada.
Las llevamos con nosotros.
✠ PROPÓSITO DE LA FIESTA:
Hoy no elegiré una pequeña práctica aislada.
Haré algo más profundo.
Me preguntaré sinceramente:
¿Qué cambió en mí durante estos veintinueve días?
¿Qué verdad necesito conservar?
¿Qué hábito debo continuar?
¿Qué combate debo afrontar?
¿Qué debo abandonar?
¿Dónde necesita Dios recuperar verdaderamente el primer lugar?
Elegiré un solo fruto concreto de este Mes de San Miguel y procuraré conservarlo después del 30 de Septiembre.
ACCIÓN DE GRACIAS A SAN MIGUEL:
Glorioso San Miguel Arcángel:
en el día de tu Fiesta queremos darte gracias.
Gracias por habernos acompañado durante este mes.
Gracias por recordarnos que solamente Dios es Señor.
Gracias por enseñarnos la humildad frente al orgullo,
la fidelidad frente a la inconstancia,
la fortaleza frente al desaliento
y la vigilancia frente a la tentación.
Gracias por conducirnos una y otra vez hacia Jesucristo.
Gracias por acompañar a la Santa Iglesia.
Gracias por proteger a nuestras familias.
Gracias por asistir a quienes sufren.
Gracias por acompañar a los moribundos.
Gracias por tu intercesión por quienes se encuentran lejos de Dios.
Gracias por recordarnos nuestra patria celestial.
Recibe hoy nuestra gratitud.
Y continúa acompañándonos cuando haya terminado este mes.
Que al pronunciar tu nombre recordemos siempre la verdad que contiene:
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.
CONSAGRACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
Glorioso San Miguel Arcángel,
Príncipe de la Milicia Celestial,
defensor de la Iglesia
y fidelísimo servidor del Altísimo:
en este día de tu fiesta me pongo nuevamente bajo tu protección y encomiendo a tu intercesión mi vida.
Ayúdame a pertenecer enteramente a Jesucristo.
Defiende en mí la obra de la Gracia.
Protégeme en las tentaciones.
Alcánzame humildad para reconocer mis faltas,
fortaleza para combatirlas
y perseverancia para levantarme después de cada caída.
Custodia mi inteligencia para que busque la verdad.
Custodia mi corazón para que ame el bien.
Custodia mis palabras para que no sirvan a la mentira.
Custodia mis acciones para que glorifiquen a Dios.
Te encomiendo mi familia,
mis seres queridos,
mi trabajo,
mis preocupaciones,
mis sufrimientos
y todas las personas que el Señor ha puesto en mi camino.
Te encomiendo especialmente a la Santa Iglesia.
Defiéndela en sus combates.
Fortalece a sus pastores.
Sostén a quienes son perseguidos por la fe.
Alcanza perseverancia a quienes permanecen fieles
y la gracia del regreso a quienes se han alejado.
San Miguel Arcángel:
cuando llegue la tentación, recuérdame que pertenezco a Cristo.
Cuando llegue el sufrimiento, ayúdame a confiar.
Cuando llegue el desaliento, ayúdame a perseverar.
Cuando llegue finalmente la hora de mi muerte, acompáñame.
Que pueda terminar mi vida en amistad con Dios
y alcanzar, por la misericordia de Jesucristo,
la patria celestial.
Y allí, unido a los Ángeles y a los Santos,
pueda proclamar eternamente contigo:
¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.
JACULATORIA DE LA FIESTA
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!
¡Glorioso Príncipe de la Milicia Celestial, ruega por nosotros!
LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.
San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.
OREMOS
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
de S. S. León XIII
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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