MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL.
MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
DÍA 4
SAN MIGUEL, SERVIDOR OBEDIENTE DEL ALTÍSIMO.
PALABRA DE DIOS:
«Bendecid al Señor, todos sus Ángeles, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra» (Salmo 102 [103], 20).
MEDITACIÓN:
Contemplamos muchas veces a San Miguel empuñando la espada, revestido de fortaleza y venciendo al enemigo.
Pero antes de ser guerrero, San Miguel es servidor de Dios.
Aquí se encuentra el secreto de su poder.
El Arcángel no actúa según su propia voluntad ni combate para realizar sus propios proyectos.
Escucha la voz del Altísimo y cumple fielmente aquello que Dios le encomienda.
Su grandeza consiste en obedecer.
La soberbia dice:
«Haré lo que yo quiera».
La obediencia responde:
«Haré lo que Dios quiera».
Por eso San Miguel se encuentra en el extremo opuesto de la rebelión diabólica.
Frente al espíritu que pretende independizarse de Dios, Miguel permanece enteramente disponible para su servicio.
También nosotros podemos caer fácilmente en una tentación semejante.
Queremos que Dios bendiga nuestros proyectos, pero nos cuesta preguntarnos primero si nuestros proyectos corresponden a su voluntad. Rezamos para que Dios haga aquello que deseamos, cuando la verdadera oración debería enseñarnos también a desear aquello que Él quiere.
La obediencia cristiana no significa renunciar a la inteligencia ni actuar ciegamente.
Significa reconocer que la voluntad de Dios es siempre nuestro verdadero bien.
A veces esa voluntad aparece claramente en sus Mandamientos; otras veces, en nuestros deberes de estado, en obligaciones concretas, en circunstancias que no hemos elegido o en legítimas autoridades.
San Miguel nos enseña a responder sin demora.
Que durante este mes aprendamos a reemplazar tantas veces nuestro «yo quiero» por una pregunta mucho más importante:
«Señor, ¿qué quieres Tú?»
Y una vez conocida su voluntad, pidamos la gracia de cumplirla.
ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:
LA OBEDIENCIA:
La obediencia desarma una de las principales tentaciones del enemigo: convertir nuestra propia voluntad en la medida de todas las cosas.
Obedecer a Dios es reconocer nuevamente:
Él es Dios.
Yo soy su criatura.
Y servirlo es mi verdadera libertad.
✠ PROPÓSITO:
Ante una obligación que hoy me resulte incómoda, evitaré quejarme o postergarla innecesariamente.
Procuraré cumplirla bien y ofreceré ese pequeño acto diciendo interiormente:
«Señor, quiero hacer tu Voluntad»
ORACIÓN:
Glorioso San Miguel Arcángel, servidor fidelísimo del Altísimo, enséñame a escuchar la voz de Dios y a cumplir con prontitud su voluntad.
Combate en mí la rebeldía, el orgullo y la obstinación.
Que no pretenda acomodar la voluntad de Dios a mis deseos, sino que aprenda a conformar mis deseos con aquello que Él dispone.
Hazme pronto para el bien, constante en mis deberes y generoso cuando obedecer me cueste.
Y que en cada acto de verdadera obediencia pueda proclamar contigo:
¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.
JACULATORIA:
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!
ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:
LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.
San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.
OREMOS
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
de S. S. León XIII
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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