MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL. FINAL DEL MES.
MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
DÍA 30.
EL COMBATE CONTINÚA
✠ ÚLTIMO DÍA DE NUESTRO MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL ✠
PALABRA DE DIOS
«He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la Fe».
(2 Timoteo 4, 7).
MEDITACIÓN FINAL.
MAÑANA COMENZARÁ OTRO MES
Durante treinta días hemos repetido una pregunta:
¿QUIÉN COMO DIOS?
La hemos pronunciado en la oración.
La hemos meditado en la Sagrada Escritura.
La hemos colocado frente al orgullo.
Frente a la tentación.
Frente al miedo.
Frente al desaliento.
Frente a nuestras propias debilidades.
Ayer, en la Fiesta de San Miguel Arcángel, la proclamamos con alegría.
Hoy debemos llevarla nuevamente a nuestra vida cotidiana.
Porque mañana comenzará otro mes.
Y quizá ya no encontremos cada día esta imagen.
Quizá no recemos estas meditaciones.
Quizá guardemos estas páginas.
Pero precisamente entonces comenzará la prueba más importante de este camino:
Vivir aquello que hemos meditado.
Una devoción cristiana no alcanza su finalidad cuando terminamos sus oraciones.
La alcanza cuando aquello que rezamos comienza a transformar nuestra vida.
Por eso hoy no decimos simplemente:
«Terminó el Mes de San Miguel.»
Decimos:
«Ahora comienza el tiempo de conservar sus frutos.»
TREINTA DÍAS DESPUÉS...
Comenzamos este camino contemplando el nombre de Miguel.
Mi-ka-El.
¿Quién como Dios?
Y descubrimos que aquella pregunta era mucho más que un lema.
Era un programa de vida.
Nos enseñó humildad, porque solamente Dios es Dios.
Nos enseñó fidelidad, porque el amor se demuestra también en las cosas pequeñas.
Nos enseñó vigilancia, porque el corazón debe ser custodiado.
Nos enseñó obediencia, porque nuestra voluntad necesita aprender a buscar la voluntad divina.
Nos enseñó fortaleza, porque el bien muchas veces exige esfuerzo.
Nos enseñó oración, porque nadie puede combatir separado de Dios.
Nos enseñó confianza, porque la Providencia actúa también cuando nosotros no comprendemos.
Nos enseñó esperanza, porque ninguna oscuridad tiene la última palabra.
Nos enseñó prudencia y discernimiento, porque el verdadero combate espiritual no vive de miedo ni de fantasías.
Nos enseñó perseverancia, porque caer no significa abandonar.
Nos enseñó a tomar el escudo de la fe.
A ceñirnos con la verdad.
A empuñar la Palabra de Dios.
Y sobre todo nos recordó algo fundamental:
la Victoria pertenece a Jesucristo.
No hemos pasado treinta días contemplando el poder de las tinieblas.
Hemos pasado treinta días recordando que Cristo ha vencido.
San Miguel nunca ocupó el lugar de Dios.
Todo lo contrario.
Cada vez que lo contemplamos, su propio nombre nos señaló hacia el Altísimo:
¿QUIÉN COMO DIOS?
LO QUE DEJAMOS EN MANOS DE DIOS:
Durante estos días también trajimos muchas personas hasta nuestra oración.
Rezamos por la Iglesia.
Por nuestras familias.
Por quienes sufren tentaciones.
Por los enfermos.
Por quienes están solos o desalentados.
Por los moribundos.
Por las almas del Purgatorio.
Por quienes se han alejado de Dios.
Y durante nueve días llevamos además una intención particular en nuestra Novena.
Quizá alguna petición ya haya recibido respuesta.
Quizá otras todavía esperen.
Quizá alguna sea respondida de una manera diferente de aquella que imaginamos.
Hoy las dejamos todas nuevamente en las manos de Dios.
No necesitamos llevarlas con ansiedad.
Las hemos presentado.
Hemos rezado.
Hemos pedido la intercesión de San Miguel.
Ahora podemos decir:
«Señor, Tú sabes.
Tú puedes. Tú dispones. En Ti confío»
EL COMBATE CONTINÚA
Mañana no desaparecerán nuestras dificultades.
Seguirán existiendo tentaciones.
Habrá días buenos y días difíciles.
Volveremos a experimentar nuestra debilidad.
Quizá alguna vez volvamos a caer precisamente en aquello que durante este mes prometimos combatir.
Entonces recordemos:
el cristiano no es aquel que nunca necesita levantarse.
Es aquel que, sostenido por la gracia de Dios, no quiere permanecer caído.
Volvamos a Cristo.
Volvamos a la oración.
Volvamos a los sacramentos.
Volvamos a la verdad.
Y si alguna vez sentimos que nuestras fuerzas son insuficientes, recordemos aquella jaculatoria que durante treinta días hemos repetido:
«¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!»
No como una fórmula mágica.
No como sustituto de nuestra responsabilidad.
Sino como la oración humilde de quien sabe que pertenece a la comunión de los Santos y pide la ayuda de aquel a quien Dios constituyó poderoso defensor de su pueblo.
✠ ÚLTIMO PROPÓSITO
Hoy conservaré un fruto concreto de estos treinta días.
Uno solamente.
Una práctica de oración.
Una virtud que necesito ejercitar.
Una decisión que debo mantener.
Un pecado que debo continuar combatiendo.
Una obra de caridad que debo perseverar en realizar.
Una mayor frecuencia de los Sacramentos.
Una confianza más profunda en Dios.
No quiero conservar solamente el recuerdo de este mes.
Quiero conservar su fruto.
Y cuando vuelva a encontrarme con una dificultad, una tentación o un momento de desaliento, recordaré:
yo ya sé bajo qué estandarte quiero permanecer.
ACCIÓN DE GRACIAS AL TERMINAR EL MES
Señor Dios Omnipotente:
Al terminar este mes dedicado a tu Glorioso Arcángel San Miguel, queremos darte gracias.
Gracias por cada día de oración.
Gracias por tu Palabra.
Gracias por las gracias recibidas, incluso aquellas que todavía no conocemos.
Gracias por las veces que nos fortaleciste.
Gracias por las veces que nos corregiste.
Gracias por las veces que nos levantaste.
Gracias también por aquello que todavía debemos aprender.
Recibe todo cuanto hemos rezado durante estos treinta días.
Purifica aquello que haya sido imperfecto.
Confirma aquello que haya sido bueno.
Y haz fructificar aquello que sembraste en nuestras almas.
Te damos gracias por San Miguel Arcángel,
por su fidelidad,
por su obediencia,
por su protección
y por su poderosa intercesión.
Haz que su nombre permanezca grabado en nuestra memoria como una continua profesión de Fe:
¿QUIÉN COMO DIOS?
Concédenos caminar bajo la mirada de tu Providencia.
Permanecer unidos a Jesucristo.
Ser dóciles al Espíritu Santo.
Vivir bajo el amparo de la Santísima Virgen María, Reina de los Ángeles.
Y perseverar en tu Gracia hasta el último día de nuestra vida.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
A SAN MIGUEL, AL DESPEDIR ESTE MES
Glorioso San Miguel Arcángel:
Durante treinta días hemos acudido especialmente a ti.
Hoy termina este mes.
Pero no queremos despedirnos de tu compañía.
Continúa intercediendo por nosotros.
Custodia nuestras familias.
Defiende a la Santa Iglesia.
Auxilia a quienes son tentados.
Fortalece a quienes sufren.
Acompaña a los moribundos.
Ruega por nosotros cuando llegue la hora de nuestro último combate.
Y cada vez que nuestro corazón pretenda colocar alguna criatura en el lugar que solamente corresponde a Dios, haz resonar nuevamente en nosotros tu nombre:
¡MI-CA-EL!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Que esa pregunta nos acompañe durante toda nuestra vida.
Y que nuestra respuesta sea siempre la misma:
NADIE COMO DIOS.
SÓLO DIOS.
Amén.
Nuestra última jaculatoria del mes
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!
¡Príncipe de la Milicia Celestial, ruega por nosotros!
¡San Miguel Arcángel, acompáñanos hasta el final!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
NADIE COMO DIOS.
SÓLO DIOS.
LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.
San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.
OREMOS
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
de S. S. León XIII
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
✠ FIN DEL MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL ✠
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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