MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL.


MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.

DÍA 13

LA VICTORIA PERTENECE A CRISTO.

PALABRA DE DIOS:

«Ellos lo vencieron por la Sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio». (Apocalipsis 12, 11).

MEDITACIÓN:

San Miguel combate.
Los Ángeles combaten.
Los Cristianos también somos llamados a combatir espiritualmente.
Pero hoy el Apocalipsis nos revela de dónde procede la victoria:

«Lo vencieron por la Sangre del Cordero.»

El Cordero es Jesucristo.
Aquí se encuentra el centro de todo nuestro Mes de San Miguel.
No confiamos en Miguel como si el Arcángel poseyera un poder separado de Dios. 
Tampoco pretendemos vencer el pecado mediante nuestra sola fuerza de voluntad.

Cristo es el vencedor.

En la Cruz, aquello que parecía una derrota se convirtió en victoria. 
Por su muerte y Resurrección, Jesucristo venció al pecado y abrió para nosotros el camino de la vida eterna.

San Miguel combate precisamente al servicio de esta victoria.

Por eso el auténtico devoto del Arcángel debe convertirse necesariamente en un cristiano más profundamente unido a Jesucristo.
Sería contradictorio llevar una medalla de San Miguel, recitar diariamente su oración y, al mismo tiempo, permanecer voluntariamente alejados de la vida de la gracia.
Nuestra verdadera fortaleza se encuentra en Cristo.
Cuando caemos, volvemos a Él.
Cuando somos tentados, acudimos a Él.
Cuando tenemos miedo, confiamos en Él.
Y cuando vencemos una tentación, tampoco podemos atribuirnos orgullosamente la victoria:
Damos gracias porque la gracia de Dios ha obrado en nuestra debilidad.

El Dragón no tiembla ante nuestra autosuficiencia.
La autosuficiencia fue precisamente su caída.
El Cristiano vence de otra manera:
por la Sangre del Cordero.
San Miguel nos señala nuevamente hacia Dios.
Su espada parece recordarnos:
No confíes solamente en ti. 
Mira a Cristo. 
Permanece con Cristo. 
Combate con Cristo.

ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:

LA FE EN LA VICTORIA DE CRISTO

La Fe nos impide caer en dos errores:
la presunción, que dice: 
«Yo puedo solo»; y el desaliento, que dice: 
«Ya no puedo vencer».

La Fe responde a ambos:

«Cristo ha vencido y su Gracia puede sostenerme.»

✠ PROPÓSITO:

Hoy contemplaré durante unos minutos un crucifijo.
Pondré ante Cristo una tentación, pecado habitual, temor o debilidad concreta y rezaré:

«Jesús, no confío solamente en mis fuerzas. Confío en tu Gracia y en tu Victoria.»

Si necesito reconciliarme con Dios, procuraré además disponerme sinceramente a recibir el Sacramento de la Confesión.

ORACIÓN:

Glorioso San Miguel Arcángel, príncipe de la Milicia Celestial, tú que combates al servicio del Cordero Victorioso, condúceme siempre hacia Jesucristo.
Líbrame de confiar orgullosamente en mis propias fuerzas y también de desesperar cuando descubra mi debilidad.
Cuando sea tentado, recuérdame la Cruz.
Cuando caiga, ayúdame a levantarme.
Cuando venza, enséñame a dar toda la Gloria a Dios.
Que protegido por tu intercesión permanezca unido a Jesucristo, porque solamente en Él se encuentra mi salvación y mi victoria.
Y bajo el estandarte de su Cruz pueda proclamar contigo:

¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!

Amén.

JACULATORIA:

¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!

ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:

LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.

Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.

San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.

San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.

San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.

San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.

San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.

San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.

San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.

San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.

San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.

San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.

San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.

San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.

San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

OREMOS

Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

de S. S. León XIII

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder 
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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