MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL. SEPTIMO DE LA NOVENA
MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
DÍA 26
SAN MIGUEL, CONSOLADOR DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO
PALABRA DE DIOS
«Es, pues, santo y saludable pensamiento rogar por los difuntos, para que sean libres de sus pecados.»
(2 Macabeos 12, 46)
MEDITACIÓN
Ayer nuestra oración acompañó a quienes se encuentran en la última hora de su vida.
Hoy damos un paso más.
Nuestra mirada atraviesa el umbral de la muerte y se dirige hacia aquellos hermanos nuestros que han muerto en amistad con Dios, pero todavía necesitan ser purificados antes de contemplarlo cara a cara.
Las almas del Purgatorio.
En nuestras letanías invocamos a San Miguel como:
«Consolador de las almas del Purgatorio.»
Y esta invocación nos recuerda una verdad profundamente cristiana:
La caridad no termina ante una tumba.
Seguimos unidos a nuestros difuntos.
Podemos rezar por ellos.
Podemos ofrecer sacrificios por ellos.
Podemos pedir que el Santo Sacrificio de la Misa sea ofrecido por su eterno descanso.
El Segundo Libro de los Macabeos nos muestra que la oración por los muertos estaba presente ya en el pueblo de Dios:
«Es santo y saludable pensamiento rogar por los difuntos.»
La Iglesia ha conservado esta práctica porque expresa nuestra fe en la misericordia de Dios y en la comunión de los santos.
El Purgatorio no debe ser contemplado como si fuera una segunda oportunidad para elegir a Dios después de la muerte.
Las almas que allí son purificadas pertenecen ya al Señor.
Su destino es el Cielo.
Pero necesitan ser plenamente purificadas para entrar en la presencia del Dios tres veces Santo.
Por eso existe también una inmensa esperanza.
Las almas del Purgatorio ya no pueden perder a Dios.
Esperan contemplarlo.
Desean aquello para lo cual fueron creadas.
Y nosotros podemos ayudarlas con nuestra oración.
Quizá existan personas que formaron parte de nuestra vida y cuyo recuerdo aparece cada vez menos.
Nuestros padres.
Nuestros abuelos.
Familiares.
Amigos.
Sacerdotes que conocimos.
Personas que alguna vez nos hicieron bien.
Incluso almas completamente desconocidas por las que nadie parece acordarse de rezar.
Hoy queremos recordarlas.
La cultura contemporánea muchas veces habla de los difuntos solamente mediante el recuerdo:
«Mientras los recordemos, seguirán con nosotros.»
El cristiano puede ofrecer algo todavía mayor que un recuerdo.
Puede ofrecer una oración.
No solamente pensamos con cariño en nuestros muertos.
Los confiamos a la misericordia de Dios.
Y ofrecemos por ellos aquello que está a nuestro alcance.
San Miguel, a quien la tradición cristiana contempla acompañando a las almas en su tránsito hacia la eternidad, nos invita hoy a mirar más allá de esta vida.
También nosotros algún día necesitaremos la oración de otros.
Por eso nuestra caridad hacia las almas del Purgatorio es también una escuela de humildad.
Nos recuerda que todos necesitamos misericordia.
Hoy, entonces, nuestra oración atravesará silenciosamente las puertas de los cementerios.
Llegará hasta aquellos cuyos nombres todavía pronunciamos.
Y también hasta aquellos cuyos nombres nadie recuerda ya sobre la tierra.
Por todos ellos pediremos:
«Dales, Señor, el descanso eterno.»
ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:
LA CARIDAD HACIA LOS DIFUNTOS
La muerte no destruye la comunión de la Iglesia.
Nuestra caridad puede continuar acompañando a quienes han partido mediante la oración, la Santa Misa y los sacrificios ofrecidos por su eterno descanso.
Recordar a nuestros muertos es bueno.
Rezar por ellos es todavía mejor.
✠ PROPÓSITO:
Hoy elegiré una persona difunta concreta por quien rezar especialmente.
Si tengo varios seres queridos fallecidos, puedo escribir sus nombres y presentarlos juntos ante Dios.
Rezaré por ellos:
«Dales, Señor, el descanso eterno,
y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz. Amén.»
Y, si me es posible, procuraré ofrecer próximamente una Santa Misa por algún difunto, especialmente por aquel por quien hace mucho tiempo nadie ofrece una.
NOVENA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
SÉPTIMO DÍA:
POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
✠ INTENCIÓN:
En este séptimo día encomendamos especialmente a todas las almas del Purgatorio.
Rezamos por nuestros familiares y amigos difuntos.
Por quienes murieron recientemente.
Por aquellos cuya muerte ocurrió hace muchos años.
Por nuestros sacerdotes, maestros y bienhechores fallecidos.
Por quienes murieron solos.
Por aquellos cuyas tumbas nadie visita.
Y especialmente por las almas más necesitadas y por aquellas por quienes nadie recuerda rezar.
ORACIÓN DEL SÉPTIMO DÍA
Glorioso San Miguel Arcángel,
Príncipe de la Milicia Celestial
y consolador de las almas del Purgatorio:
hoy te encomendamos a nuestros hermanos difuntos que esperan contemplar plenamente el rostro de Dios.
Presenta nuestras súplicas ante el Señor.
Alcánzales pronto la purificación que necesitan y la alegría de entrar en la patria celestial.
Te confiamos especialmente las almas de nuestros padres, familiares, amigos y bienhechores que han partido de este mundo.
Recordamos también a quienes murieron solos, a quienes nadie recuerda y a las almas por las cuales pocas personas ofrecen ya una oración.
Que por la infinita misericordia de Dios sean conducidas a la luz y a la paz.
Y enséñanos también a nosotros a vivir con los ojos puestos en la eternidad.
Que la memoria de nuestros difuntos no produzca solamente tristeza, sino también oración, esperanza y deseo del Cielo.
Presentamos nuevamente ante Dios la intención particular que llevamos durante estos nueve días.
[Aquí se presenta en silencio la intención personal.]
San Miguel Arcángel, consolador de las almas del Purgatorio, intercede por ellas.
Que llegue pronto el día en que, completamente purificadas, puedan unirse a la Iglesia triunfante y cantar eternamente ante el trono de Dios:
¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.
JACULATORIA:
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!
LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.
San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.
OREMOS
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
de S. S. León XIII
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
Comentarios
Publicar un comentario