MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL.
MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
DÍA 16
CEÑIDOS CON EL CINTURÓN DE LA VERDAD.
PALABRA DE DIOS:
«¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la verdad».
(Efesios 6, 14).
MEDITACIÓN:
San Pablo comienza a describir la armadura del cristiano y coloca en primer lugar la verdad.
No es casual.
La mentira pertenece desde el principio a la estrategia del enemigo. En el Paraíso, la serpiente no comenzó atacando con violencia:
Comenzó introduciendo una falsedad.
«¿Cómo es que Dios os ha dicho...?»
Primero sembró la duda.
Después deformó la palabra de Dios.
Finalmente presentó la desobediencia como si fuera libertad.
La estrategia continúa siendo semejante.
Muchas tentaciones comienzan con una pequeña mentira que aceptamos interiormente:
«Esto no tiene importancia.»
«Todos lo hacen.»
«Puedo dejarlo cuando quiera.»
«Nadie se enterará.»
«Dios comprenderá.»
«No necesito cambiar.»
Y poco a poco comenzamos a justificar aquello que antes nuestra conciencia reconocía claramente.
Por eso San Pablo coloca la verdad alrededor de la cintura del soldado.
El cristiano debe vivir ceñido por la verdad.
Verdad acerca de Dios.
Verdad acerca del bien y del mal.
Verdad acerca de nosotros mismos.
Y esta última puede resultar particularmente difícil.
Porque combatir espiritualmente exige dejar de justificarnos.
Reconocer una debilidad no significa desesperar.
Reconocer un pecado no significa creer que Dios ha dejado de amarnos.
Todo lo contrario.
Solamente aquello que reconocemos puede ser verdaderamente presentado ante Dios para que Él lo sane.
San Miguel nos enseña esta transparencia radical ante el Creador.
Su nombre mismo es una proclamación contra la gran mentira del orgullo:
¿Quién como Dios?
Yo no soy Dios.
Mis deseos no determinan lo que es bueno.
Mis opiniones no transforman la verdad.
Soy criatura y quiero vivir delante de mi Creador sin máscaras.
Por eso, cuando llegue la tentación, antes de combatirla preguntémonos:
¿Qué mentira quiere hacerme creer?
Y frente a ella coloquemos la verdad de Dios.
ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:
LA VERDAD:
La Verdad nos protege de las excusas con las que justificamos nuestras propias faltas.
El Cristiano no necesita ocultarse ante Dios.
Puede decir sencillamente:
«Señor, esto es lo que soy.
Esto es lo que me cuesta. Esto es aquello que debo cambiar.
Ayúdame.»
La humildad reconoce nuestra pequeñez.
La Verdad impide que la disfracemos.
✠ PROPÓSITO:
Hoy identificaré una excusa que suelo utilizar para justificar alguna falta, negligencia o mal hábito.
La escribiré o la formularé claramente en mi interior y responderé delante de Dios:
«Señor, no quiero justificarme.
Quiero vivir en la Verdad.»
ORACIÓN:
Glorioso San Miguel Arcángel, defensor de la verdad de Dios, ayúdame a rechazar toda mentira.
Dame luz para reconocer los engaños del enemigo y sinceridad para descubrir también aquellos con los que intento engañarme a mí mismo.
Que no llame bueno a lo que me aparta de Dios, ni busque excusas para permanecer en aquello que debo abandonar.
Enséñame a vivir delante del Señor con un corazón sencillo, humilde y verdadero.
Que Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, ilumine mi inteligencia y gobierne mis decisiones.
Y cuando la mentira quiera confundirme, pueda proclamar firmemente contigo:
¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.
JACULATORIA:
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!
ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:
LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.
San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.
OREMOS
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
de S. S. León XIII
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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