MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL Y ULTIMO DE LA NOVENA.


MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.

DÍA 28.

SAN MIGUEL, ALCÁNZANOS LA PERSEVERANCIA FINAL

PALABRA DE DIOS:

«Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.»
(Apocalipsis 2, 10).

MEDITACIÓN:

Llegamos al noveno y último día de nuestra Novena.
Durante nueve jornadas hemos presentado muchas intenciones ante Dios.
Comenzamos pidiendo por nuestra propia conversión.
Rezamos por la Santa Iglesia.
Por nuestras familias y hogares.
Por quienes atraviesan tentaciones y combates espirituales.
Por los enfermos, afligidos, solos y desalentados.
Por los moribundos.
Por las almas del Purgatorio.
Y ayer rezamos por quienes se han alejado de Dios.
Hoy no queremos añadir una petición más.
Queremos recogerlas todas en una sola:
Señor, concédenos perseverar hasta el final.
Porque no basta comenzar bien.
No basta haber experimentado alguna vez fervor.
No basta haber vencido una tentación.
No basta incluso haber regresado a Dios después de una caída.
El camino cristiano dura toda nuestra vida.
Por eso Jesucristo nos llama a permanecer.
Y el Apocalipsis nos dice:

«Sé fiel hasta la muerte.»

Durante este mes San Miguel nos ha enseñado muchas armas espirituales.
Comenzamos con la humildad, reconociendo que solamente Dios es Dios.
Aprendimos la fidelidad, para permanecer firmes en las pequeñas obligaciones de cada día.
La vigilancia, para reconocer aquello que puede apartarnos del Señor.
La obediencia, para preferir la voluntad de Dios a nuestra propia voluntad.
La fortaleza, para continuar cuando aparece el cansancio.
El celo por la Gloria de Dios, para buscarlo a Él y no nuestra propia importancia.
La oración, porque nadie puede combatir separado de la fuente de su fuerza.
La confianza, cuando no comprendemos los caminos de la Providencia.
El discernimiento, para reconocer la verdad sin caer en el miedo ni en la ingenuidad.
La esperanza, porque Dios no abandona a su pueblo.
La prudencia, para combatir sin orgullo ni temeridad.
La verdad, contra toda mentira.
La Fe, como escudo frente a los dardos del desaliento.
Y la Palabra de Dios, espada del Espíritu que ilumina nuestro camino.
Todas estas armas serían inútiles si después las abandonáramos.
Por eso hoy pedimos:
perseverancia.
Perseverar no significa no caer jamás.
Significa no convertir una caída en abandono.
Perseverar no significa sentir siempre el mismo fervor.
Significa continuar siendo fiel cuando el entusiasmo desaparece.
Perseverar no significa caminar siempre rápidamente.
A veces significará avanzar.
Otras veces esperar.
Y algunas veces solamente podremos dar un pequeño paso.
Pero siempre hacia Dios.
San Miguel permanece desde el principio bajo el estandarte del Altísimo.
Su nombre continúa proclamando eternamente la verdad que hemos repetido durante todo septiembre:

¡¿QUIÉN COMO DIOS?!

Que esa misma proclamación permanezca también en nosotros cuando termine este mes.
Porque mañana celebraremos su Fiesta.
Pasado mañana terminaremos nuestro devocionario.
Pero nuestro combate cristiano continuará.
Y queremos continuarlo hasta el día en que ya no necesitemos combatir.
Hasta el día en que la fe se convierta en visión.
La esperanza, en posesión.
Y podamos contemplar para siempre a Aquel por quien hemos luchado.

ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:

LA PERSEVERANCIA FINAL;

La perseverancia final es permanecer unidos a Dios hasta el último instante de nuestra vida.
No podemos confiar únicamente en nuestra propia constancia.
Por eso la pedimos como gracia.
Y mientras la pedimos, colaboramos con ella:
rezando, recibiendo los sacramentos, levantándonos después de cada caída y comenzando nuevamente todas las veces que sea necesario.

✠ PROPÓSITO

Hoy volveré a leer interiormente el camino recorrido durante este mes y elegiré una de las armas espirituales que hemos trabajado y que especialmente necesito conservar después del 30 de septiembre.
No quiero que termine simplemente una devoción.
Quiero que permanezca un fruto concreto.
Y rezaré:

«Señor, aquello que comenzaste en mí durante estos días, ayúdame a conservarlo y llevarlo hasta el final.»

NOVENA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

NOVENO Y ÚLTIMO DÍA.
POR LA PERSEVERANCIA FINAL

✠ INTENCIÓN;

En este último día de nuestra Novena pedimos la gracia de permanecer fieles a Dios hasta nuestra muerte.
Pedimos perseverancia para nosotros.
Para nuestras familias.
Para quienes atraviesan tentaciones.
Para quienes han regresado recientemente a Dios.
Para quienes viven momentos de desaliento.
Y para todos aquellos por quienes hemos rezado durante estos nueve días.
Ponemos nuevamente ante el Señor todas las intenciones de esta Novena y las abandonamos finalmente en su Providencia.

ORACIÓN DEL NOVENO DÍA;

Glorioso San Miguel Arcángel,
Príncipe de la Milicia Celestial
y fidelísimo servidor del Altísimo:
llegamos hoy al último día de nuestra Novena.
Durante estas nueve jornadas hemos puesto bajo tu intercesión nuestras necesidades, nuestras familias, la Iglesia y tantas almas que necesitan la ayuda de Dios.
Hoy queremos pedirte una gracia por encima de todas:
Alcánzanos la perseverancia final.
Ayúdanos a permanecer fieles cuando llegue la tentación.
A levantarnos cuando caigamos.
A continuar cuando desaparezca el entusiasmo.
A confiar cuando no comprendamos.
A rezar cuando sintamos sequedad.
A volver a Dios cada vez que nuestra debilidad nos aparte de Él.
No permitas que ninguna dificultad nos haga abandonar a Jesucristo.
No permitas que ninguna caída nos conduzca a la desesperación.
No permitas que los bienes pasajeros de esta vida nos hagan olvidar nuestra verdadera patria.
Te presentamos por última vez aquella intención particular que hemos llevado durante estos nueve días.

[Aquí se presenta en silencio la intención personal.]

La depositamos ahora enteramente en las manos de Dios.
Si aquello que pedimos conviene para nuestra salvación y para su gloria, alcánzanos la gracia de recibirlo.
Y si la Providencia dispone otro camino, alcánzanos una confianza suficientemente grande para decir:

«Hágase tu voluntad.»

San Miguel Arcángel, acompáñanos durante toda nuestra vida.
Defiéndenos en nuestros combates.
Fortalécenos en nuestras debilidades.
Y permanece junto a nosotros en nuestra última hora.
Que después de haber combatido el buen combate podamos alcanzar, por la misericordia de Dios, la patria celestial.
Allí donde ya no habrá tentación.
Donde no habrá pecado.
Donde no habrá lágrimas.
Donde no necesitaremos empuñar ninguna espada.
Y donde, unidos a los Ángeles y Santos, podremos proclamar eternamente:

¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!

Amén.

JACULATORIA:

¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!

LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.

Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.

San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.

San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.

San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.

San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.

San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.

San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.

San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.

San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.

San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.

San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.

San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.

San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.

San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

OREMOS

Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

de S. S. León XIII

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder 
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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