MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL.


MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.

DÍA 17

TOMAD EL ESCUDO DE LA FE

PALABRA DE DIOS:

«Embrazad siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno» (Efesios 6, 16).

MEDITACIÓN:

San Pablo conocía perfectamente la imagen que estaba utilizando.
El escudo del soldado no era un adorno.
Cuando llegaban las flechas, debía levantarlo.
Por eso la comparación con la fe es tan poderosa.
También nosotros recibimos inesperadamente muchos «dardos».
Una tentación.
Un pensamiento de desaliento.
Una duda.
Un recuerdo que despierta resentimiento.
Una dificultad que nos hace pensar que Dios nos ha abandonado.
Una caída que nos susurra:

«Ya no vale la pena intentarlo.»

Precisamente entonces debemos levantar el escudo.
La Fe no significa sentir permanentemente la presencia de Dios.
Tampoco significa comprender todo lo que Él permite.
La Fe significa continuar diciendo:

«Creo en Dios y confío en su palabra», incluso cuando nuestros sentimientos parecen decir otra cosa.

Aquí encontramos nuevamente una enseñanza profunda de San Miguel.
Cuando Lucifer se rebeló, Miguel permaneció del lado de Dios.
No negoció con la mentira.
No buscó una tercera posición.
Permaneció fiel.

También nosotros tendremos momentos en los que será necesario responder rápidamente.
Ante la tentación:
«Señor, creo en Ti.»
Ante el miedo:
«Señor, confío en Ti.»
Ante el desaliento:
«Señor, no me abandonarás.»
Ante una caída:
«Señor, vuelvo a Ti.»
La Fe no hace desaparecer automáticamente el combate.
Nos permite permanecer firmes dentro de él.
Y San Pablo dice algo todavía más consolador: el escudo puede apagar los dardos.
El pensamiento puede llegar.
La tentación puede presentarse.
La dificultad puede golpearnos.
Pero no estamos obligados a recibirla indefensos.
Levantemos el escudo.

ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA

EL ESCUDO DE LA FE:

La Fe nos hace mirar una situación no solamente desde aquello que vemos o sentimos, sino desde aquello que Dios ha revelado.
Cuando aparezca el desaliento, no discutamos interminablemente con él.
Hagamos un acto de Fe:

«Señor, aunque ahora no comprenda, creo en Ti.»

✠ PROPÓSITO:

Hoy elegiré una verdad breve de nuestra fe para repetirla durante el día, especialmente cuando aparezca alguna preocupación, tentación o desaliento.
Puede ser simplemente:
«Jesucristo está conmigo.»
«Dios no me abandona.»
«Señor, creo; aumenta mi Fe.»

ORACIÓN:

Glorioso San Miguel Arcángel, firme defensor de la causa de Dios, ayúdame a levantar el escudo de la fe cuando lleguen los dardos del enemigo.
Cuando aparezca la duda, recuérdame la fidelidad de Dios.
Cuando llegue el temor, enséñame a confiar.
Cuando me visite el desaliento, no permitas que olvide la victoria de Jesucristo.
Cuando caiga, impide que la desesperación me mantenga lejos del Señor.
Alcánzame una fe firme, humilde y perseverante, que no dependa solamente de mis sentimientos y que se apoye enteramente en Dios.
Que protegido por este escudo permanezca fiel en medio del combate y pueda proclamar contigo:

¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!

Amén.

JACULATORIA:

¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!

ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:

LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.

Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.

San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.

San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.

San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.

San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.

San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.

San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.

San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.

San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.

San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.

San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.

San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.

San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.

San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

OREMOS

Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

de S. S. León XIII

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder 
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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