MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL. IV DÍA DE LA NOVENA.
MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
DÍA 23 Y CUARTO DE LA NOVENA AL GLORIOSO ARCÁNGEL.
SAN MIGUEL, AUXILIO EN LA TENTACIÓN
PALABRA DE DIOS:
«Sed sobrios y vigilad. Vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la Fe». (1 Pedro 5, 8-9).
MEDITACIÓN:
Durante estos días de Novena hemos ido ampliando nuestra oración.
Primero pedimos nuestra conversión.
Después rezamos por la Iglesia.
Ayer pusimos bajo la protección de San Miguel nuestras familias y hogares.
Hoy queremos rezar especialmente por quienes están atravesando tentaciones y combates espirituales difíciles.
San Pedro nos da dos órdenes muy sencillas:
«Sed sobrios y vigilad.»
No dice: vivid asustados.
No dice: buscad al enemigo detrás de cada acontecimiento.
Dice:
sed sobrios y vigilad.
La sobriedad nos protege del miedo y de la imaginación desordenada.
La vigilancia nos protege de la ingenuidad.
El cristiano conoce la realidad de la tentación, pero sabe también que el enemigo no es Dios.
No es omnipotente.
No conoce todas las cosas.
No gobierna nuestra voluntad.
Puede tentar.
Puede engañar.
Puede sugerir.
Pero no puede obligarnos a pecar.
Y, sobre todo, jamás debemos olvidar que Jesucristo ya ha vencido.
Por eso San Pedro no nos manda huir aterrorizados.
Nos dice:
«Resistidle firmes en la Fe.»
Muchas veces el combate espiritual se desarrolla en situaciones muy ordinarias.
Una tentación que vuelve una y otra vez.
Un hábito que cuesta abandonar.
Una ocasión de pecado que no queremos evitar.
Una herida que alimentamos constantemente hasta convertirla en resentimiento.
Un pensamiento que sabemos que debemos rechazar pero al que continuamos dando espacio.
Una caída que intenta convencernos de que ya no vale la pena levantarnos.
Ahí comienza el combate.
Y precisamente allí debemos invocar la ayuda de Dios.
San Miguel puede auxiliarnos, pero no combate en lugar de nuestra voluntad.
También nosotros debemos tomar decisiones.
Apartarnos de una ocasión.
Cerrar una puerta.
Cortar una conversación.
Desviar la mirada.
Pedir ayuda.
Acercarnos a la Confesión.
Volver a rezar.
Levantarnos después de haber caído.
A veces queremos vencer una tentación mientras continuamos conservando voluntariamente todo aquello que la alimenta.
Entonces debemos preguntarnos con sinceridad:
¿Quiero realmente vencer o solamente quiero dejar de sentir el peso de estar luchando?
San Miguel nos enseña una respuesta firme.
Frente a la rebelión, eligió a Dios.
También nosotros, quizá en decisiones muchísimo más pequeñas, debemos repetir esa elección.
Una vez.
Y otra.
Y otra vez.
Hasta que nuestra vida entera diga:
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:
LA VIGILANCIA DEL CORAZÓN
Vigilar no significa vivir con miedo.
Significa conocernos suficientemente como para reconocer aquello que suele conducirnos a caer.
Muchas tentaciones podrían evitarse si aprendiéramos a retirarnos cuando todavía estamos en el comienzo.
No necesitamos demostrar que somos fuertes acercándonos innecesariamente al peligro.
A veces la victoria consiste sencillamente en alejarnos a tiempo.
✠ PROPÓSITO:
Hoy identificaré una ocasión concreta que suele debilitarme espiritualmente.
Puede ser un lugar, una conversación, una imagen, una actitud, un momento del día, una reacción habitual o cualquier circunstancia que conozca bien.
Y tomaré una medida concreta para evitarla o enfrentarla mejor.
Cuando aparezca la tentación rezaré inmediatamente:
«Jesús, confío en Ti.
San Miguel Arcángel, defiéndeme en la batalla».
NOVENA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
CUARTO DÍA:
POR QUIENES SUFREN TENTACIONES Y COMBATES ESPIRITUALES
✠ INTENCIÓN:
En este cuarto día rezamos especialmente por quienes atraviesan tentaciones persistentes, luchas interiores y momentos de particular debilidad espiritual.
Pedimos por quienes están intentando abandonar un pecado habitual.
Por quienes han caído y sienten dificultad para levantarse.
Por quienes experimentan desaliento.
Por quienes se encuentran expuestos a fuertes ocasiones de pecado.
Y por quienes necesitan recuperar la confianza en la misericordia y en la gracia de Dios.
ORACIÓN DEL CUARTO DÍA:
Glorioso San Miguel Arcángel,
Príncipe de la Milicia Celestial
y poderoso defensor en el combate:
hoy te encomendamos a todos aquellos que atraviesan fuertes tentaciones y difíciles luchas espirituales.
Obtén para ellos luz para reconocer el engaño, fortaleza para rechazar el pecado y humildad para pedir ayuda cuando la necesiten.
Sostén a quienes están cansados de combatir.
Levanta a quienes han caído.
Fortalece a quienes sienten debilitarse su voluntad.
Protege a quienes se encuentran expuestos a ocasiones de pecado.
Y no permitas que el desaliento convenza a ningún alma de que ya no puede volver a Dios.
Alcánzanos también a nosotros vigilancia sobre nuestro corazón.
Que no presumamos de nuestras fuerzas.
Que sepamos alejarnos prudentemente de aquello que nos conduce al pecado.
Que acudamos frecuentemente a la oración y a los sacramentos.
Y que en cada tentación recordemos que nuestra esperanza está puesta en Jesucristo.
Presentamos nuevamente ante Dios aquella intención particular que llevamos durante estos nueve días.
[Aquí se presenta en silencio la intención personal.]
San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate y ayúdanos a permanecer firmes bajo el estandarte de la Cruz.
Que frente a toda mentira del enemigo respondamos con fe:
Cristo ha vencido.
A Cristo pertenecemos.
Y contigo proclamamos:
¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.
JACULATORIA:
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!
LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.
San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.
OREMOS
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
de S. S. León XIII
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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