MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO AL ARCANGEL SAN MIGUEL.


MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL.

DÍA 11

SAN MIGUEL: 
«QUE EL SEÑOR TE REPRENDA»

PALABRA DE DIOS:

«El Arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él una sentencia injuriosa, sino que dijo: 
“Que el Señor te reprenda”»
(Judas 9).

MEDITACIÓN:

La Carta de San Judas nos presenta hoy una escena breve y misteriosa.
San Miguel disputa con el diablo por el cuerpo de Moisés. 
La Escritura no explica todos los detalles de este episodio y tampoco necesitamos intentar completar aquello que Dios ha dejado velado.
Pero sí nos muestra algo extraordinariamente importante.
Miguel posee una enorme dignidad y poder y, sin embargo, no actúa como si la autoridad suprema le perteneciera.
Dice simplemente:

«Que El Señor Te Reprenda.»

¡Qué contraste con la soberbia del enemigo!
El demonio quiere independizarse de Dios. 
Miguel, incluso en el combate, remite todo nuevamente al Señor.
Aquí descubrimos una nueva dimensión del Quis ut Deus?
San Miguel no solamente proclama que nadie es como Dios:
Actúa en consecuencia.
No se atribuye aquello que corresponde al Altísimo.
Esta actitud puede enseñarnos muchísimo.
En nuestros propios combates podemos dejarnos llevar fácilmente por la ira, la impulsividad o el deseo de responder inmediatamente a toda provocación. 
Podemos creer que defender la verdad nos autoriza a insultar, despreciar o humillar.
San Miguel nos enseña lo contrario.
La firmeza no necesita perder la reverencia.
Se puede combatir el error sin imitar la violencia del error.
Se puede defender la verdad sin convertir el orgullo personal en protagonista.
Y ante el mal espiritual tampoco debemos adoptar actitudes temerarias, como si pudiéramos enfrentarlo confiando en nuestras propias fuerzas.
Nuestra seguridad está en Dios.
Por eso la respuesta de Miguel continúa siendo una magnífica enseñanza:

«Que el Señor te reprenda.»

No yo.
No mi fuerza.
No mi poder.
El Señor.
Una vez más, toda la grandeza del Arcángel consiste en señalar hacia Dios.

ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:

LA PRUDENCIA:

La prudencia nos enseña cómo, cuándo y de qué manera debemos actuar.
No toda provocación merece una respuesta inmediata.
No toda discusión debe continuar.
No toda verdad necesita ser defendida con las mismas palabras.
Antes de reaccionar, el Cristiano aprende a preguntarse:

«¿Lo que estoy por hacer servirá realmente al bien y a la gloria de Dios?»

✠ PROPÓSITO:

Hoy, ante una provocación, discusión o comentario que normalmente me haría reaccionar impulsivamente, procuraré detenerme antes de responder.
Haré una breve oración y solamente después decidiré si debo hablar, callar o actuar.

ORACIÓN:

Glorioso San Miguel Arcángel, tú que incluso en el combate reconoces que toda autoridad pertenece a Dios, alcánzame prudencia y dominio de mí mismo.
Líbrame de la ira desordenada, de las palabras innecesarias y de combatir el mal utilizando sus mismas armas.
Enséñame a ser firme sin soberbia, valiente sin temeridad y decidido sin perder la caridad.
Que nunca confíe presuntuosamente en mis propias fuerzas, sino que busque refugio en el poder de Dios.
Y frente a toda tentación pueda permanecer bajo tu estandarte proclamando:

¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!

Amén.

JACULATORIA:

¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!

ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:

LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.

Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.

San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.

San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.

San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.

San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.

San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.

San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.

San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.

San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.

San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.

San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.

San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.

San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.

San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.

San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.

San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.

San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

OREMOS

Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

de S. S. León XIII

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder 
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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