MES DE SEPTIEMBRE DEDICADO A SAN MIGUEL ARCÁNGEL.
MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
QUIS UT DEUS? — ¿QUIÉN COMO DIOS?
DÍA 1
¿QUIÉN COMO DIOS?
PALABRA DE DIOS:
«Entonces se entabló una batalla en el Cielo:
Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón». (Apocalipsis 12, 7).
MEDITACIÓN:
Comenzamos este mes pronunciando el nombre mismo de nuestro Celestial protector: Miguel — Mi-ka-El —
«¿Quién como Dios?»
No se trata solamente de un nombre. Es una profesión de Fe.
La Tradición Cristiana contempla en San Miguel al gran defensor de la Gloria Divina frente a la rebelión de Lucifer y sus Ángeles.
Frente a la soberbia de la criatura que pretende levantarse contra su Creador, Miguel proclama una verdad sencilla y eterna:
Nadie es como Dios.
Aquí comienza también nuestro combate espiritual.
Muchas veces quizá no negamos a Dios con nuestras palabras, pero podemos intentar ocupar su lugar cuando queremos que nuestra voluntad prevalezca siempre; cuando vivimos como si no necesitáramos de Él; cuando nuestro orgullo nos impide reconocer una falta; cuando convertimos nuestros deseos, opiniones o proyectos en absolutos.
Entonces vuelve a resonar la voz de Miguel:
¿Quién como Dios?
San Miguel nos enseña que la victoria comienza por reconocer quién es Dios y quiénes somos nosotros.
Él es el Creador; nosotros, sus criaturas.
Él es el Señor; nosotros encontramos nuestra verdadera libertad sirviéndolo. Todo cuanto poseemos procede de Él y hacia Él debe regresar.
Por eso el primer enemigo que debemos combatir durante este mes no se encuentra fuera de nosotros.
Es nuestra propia soberbia.
Pidamos a San Miguel que nos enseñe su fidelidad.
Que cuando aparezca la tentación de colocarnos en el centro podamos levantar espiritualmente su estandarte y repetir:
QUIS UT DEUS? — ¿QUIÉN COMO DIOS?
Que esta pregunta acompañe todo nuestro septiembre.
ARMA ESPIRITUAL DEL DÍA:
LA HUMILDAD.
La primera arma contra el enemigo es reconocer nuestra condición de criaturas.
Humildad no significa despreciarnos, sino vivir en la Verdad:
Reconocer que todo bien procede de Dios y que sin su Gracia nada podemos.
✠ PROPÓSITO:
Hoy procuraré descubrir una manifestación concreta de orgullo en mi vida —una dificultad para pedir perdón, aceptar una corrección, reconocer un error o ceder mi propia voluntad— y realizaré un acto contrario de humildad.
ORACIÓN:
Glorioso San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia Celestial, tú que permaneciste fiel cuando otros se rebelaron contra Dios, alcánzame un corazón humilde y obediente.
Defiéndeme de la soberbia, del engaño y de toda tentación que pretenda apartarme del Señor.
Enséñame a combatir bajo tu estandarte, no confiando en mis propias fuerzas, sino en el Poder y en la Gracia de Dios.
Que durante este mes aprenda contigo a proclamar con mis palabras y con mi vida:
¡QUIS UT DEUS!
¡¿QUIÉN COMO DIOS?!
Amén.
JACULATORIA:
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!
ORACIÓN FINAL DE CADA DÍA:
LETANÍAS DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la Sabiduría de Dios,
ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria,
ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo Príncipe de los Ejércitos del Señor,
ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
ruega por nosotros.
San Miguel, guardián del Paraíso,
ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo de Israel,
ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante,
ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles,
ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de los cristianos,
ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
ruega por nosotros.
San Miguel, socorro segurísimo,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
ruega por nosotros.
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas detenidas en el Purgatorio,
ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor ha encomendado recibir las almas después de la muerte,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro príncipe,
ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro abogado,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten Misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.
OREMOS
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, aquella Sabiduría que nos enseña a acumular tesoros en el Cielo y a cambiar los bienes de este mundo por los Bienes Eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
de S. S. León XIII
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
✠ Reprímale Dios, pedimos suplicantes;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el Divino Poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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