SERMON PARA EL DOMINGO XV DESPUES DE PENTECOSTÉS. R.P.L.C.


SERMON PARA EL XV DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS.

EVANGELIO:

"Y sucedió que a continuación se fue a una Ciudad llamada Naín, e iban con él sus Discípulos y una gran muchedumbre. 
Cuando se acercaba a la puerta de la 
Ciudad, sacaban a enterrara un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. 
Al verla el Señor, tuvo compasión 
de ella, y le dijo: 
«No llores». 
Y, acercándose, tocó el féretro. 
Los que lo llevaban se pararon, y El dijo: 
«Joven, a ti te digo: Levántate». 
El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. 
El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo:
«Un Gran Profeta se ha levantado 
entre nosotros» y
«Dios ha visitado a su pueblo». 
Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina". 
 (Lc. 7, 11-17).

RESURRECCIÓN DEL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN.

La primera Resurrección que se narra de las tres que hizo Cristo: 
La del adolescente con el nombre largo: 
"El Hijo Único de la Viuda 
de la Ciudad de Nain", cuyo nombre no sabemos, ni Cristo tampoco, porque lo halló por casualidad; y lo llamó: "Adolescente, a ti te digo, levántate.
"El primer encuentro de Cristo con la muerte, dicen, poco exactamente; pero es la primera Victoria de Cristo sobre la Muerte; Cristo destruyó a la Destructora, dice San Pablo tres veces. 

Si no hubiese hecho tres resurrecciones, y después, cuarta, la suya propia, no podría Cristo haber prometido la Resurrección de la Carne: 

"Haec est autem voluntas eius qui misit me Patris, ut omne quod dedit mihi, non perdam ex eo, sed resuscitem illud in novissimo die": 

"Y ésta es la Voluntad del que me ha enviado:
Que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite el Último día." 

Puso la prenda de la Verdad de 
su promesa.
Cristo conquistó al Conquistador. 
Los alemanes llaman a la Muerte 
"el Conquistador": 
"Der Eroberer" (por lo menos así la llama el poeta Schiller), en masculino porque la Muerte en alemán es macho: "Der Tod", el Muerte. 

Que es el Conquistador y el Déspota en el mundo, no cabe duda; y en parte sigue siéndolo; pues:
"Sólo en esperanza hemos sido salvados." 

El Domingo pasado al venir para aquí, en una puerta al lado de mi conventillo, vi un pelotón de gente que sacaba un ataúd; como vio Cristo en Nain; y me acordé de lo que no nos acordamos mucho, que la muerte visita cada día 120 casas de familia en Buenos Aires (más o menos), sin contar la visita de rutina a los Hospitales y Sanatorios. 

Mucho peor es en el Vietnam, dirán Uds...El Vietnam está lejos; pero también están lejos de mi mente las 100 personas que en este momento en que hablo están agonizando en Buenos Aires -alguna en la puerta de al lado; y muchas dellas no se han acordado en serio de la muerte en toda la vida, y algunas ahora mismo que están para morir, creen que se van a sanar. 

Es nuestra pereza carnal la que nos hace ignorar la muerte: 

"Acuérdate que la muerte viene y que viene pronto":
dñDice el Eclesiástico. 

El otro día oí por Radio a un señor Fernández decir que el filósofo Bergson ha hecho perder a la Humanidad el miedo a la muerte. 
Eso son mentiras; porque ni Jesucristo mismo con su promesa de Resurrección nos ha hecho perder el miedo natural a la muerte; ni tampoco la afición a la muerte. 
Lo podremos dominar, pero no lo podemos eliminar.

No tengo miedo a la muerte 
aunque la encuentre en la calle, 
pues sin permiso de Dios 
la muerte no mata a nadie.

(Entre paréntesis, Uds. pensarán que yo me paso el día entero oyendo la Radio. 
No:
Solamente cuando no puedo hacer otra cosa mejor, es decir, al vestirme y al desvestirme; pero tengo tan mala 
suerte que cada vez que prendo la Radio, me toca escuchar una 
gansada. 
Cuando oigo dos gansadas, siempre la apago. 
Esto de que Bergson ha suprimido a la Humanidad el temor a la muerte es gansada por donde se la mire). 

El hombre tiene naturalmente miedo a la muerte, y también una cierta extraña afición a la muerte, de donde vienen las guerras, y supongo que también las carreras de automóviles; afición a la muerte de los demás. 

Apenas había empezado el mundo, y de los dos primeros hijos de mujer, uno mató al otro; y después un hijo de Caín, Nemrod, inventó la guerra. 
Por el pecado de Adán entró la muerte en el mundo, con toda su escolta y parentela:
El odio, la mentira, el miedo, la tristeza y el dolor fisico. 

El odio es hijo de la muerte, porque el odio tiende a destruir, es decir, a matar; y es una especie de muerte en el alma del que odia. 

Hay demasiado odio en la Argentina, y supongo que en todo el mundo; y demasiada mentira y demasiado miedo. 
¿Cómo "demasiado odio"? 
¿No nos hemos estado abrazando con Saragata y diciéndonos lindezas, en medio de un gran tumulto? ("Zaragata" en español significa tumulto). 

¿Y no hemos estado rindiendo homenajes a todo el mundo y a cinco más, de manera que "rendir homenajes" se ha vuelto ya un hipo en la Argentina; siete homenajes en un solo día, creo que rindió el Concejo Deliberante, inclusive al Papa Juan XXIII? 

Esos homenajes son muchas veces hijos del odio -o de la necedad. 
Mejor sería suprimir todos los homenajes, inclusive al Papa, a Italia y al General Lonardi. 

Ese Homenaje a la Revolución Libertadora es un acto de odio a 
los peronistas; y los peronistas responden poniendo dos bombas. 
¿Y qué hemos salido ganando, qué salió ganando la comunidad, nosotros? 

Salimos perdiendo, porque hay atizamiento de odios y una venganza de nunca acabar, tirarse barro mutuamente, venganza de débiles. 

A Perón, si lo dejaron escapar y no lo juzgaron con verdadera justicia cuando estaba aquí, sino que Mario Amadeo le dio la mano para que subiera a la cañonera Paraguaya, ahora no tendrían que tenerle ni odio ni miedo, simplemente olvidarlo. 

Y a la Revolución Libertadora o Fusiladora, olvidarla también; no es una cosa muy gloriosa que digamos:
Es una cosa que empezó bien y acabó mal. 
Y olvidar también todas las revoluciones ridículas que siguieron; anoser para hacer sufragios por los que murieron en el 55, peronistas 
o no, y los que murieron después, en el bombardeo de Punta Indio o en la batalla de Magdalena, y por todas las víctimas del odio estúpido, por Felipe Valiese y por ese muchacho Stangenberg y todos los que sean. 
Y después mirar al futuro. 
Y a los grandes diarios que hipócritamente fomentan el odio al mismo tiempo que hablan del 
"reencuentro de los argentinos", del Progreso y de la Democracia, meterlos en pretina; porque así como andan ahora, son servidores del odio entre argentinos, del desorden y de la muerte. 

"Un gran vuelo de cuervos cubre el azul celeste,
Un viento milenario trae soplos de peste. 
Se asesinan los hombres en el Extremo Este". 

Dijo hace mucho el poeta, y ahora es verdad. 

Y si pensaran los hombres a veces en su propia muerte, se entibiarían todos esos odios ciegos, codicias desordenadas, ambiciones absurdas que traen guerras al mundo y guerras en el interior de cada hombre. 

Leyendo la historia de las dos Grandes Guerras, del 14 y del 39, uno ve claramente cuán gratuitas fueron, cuán sin necesidad, cuán hijas del odio ciego. 
Y no fue una nación, Alemania o Francia, la que provocó la guerra y la otra inocentita; fueron las dos. 

Las dos se odiaban con odio ciego y tenían el gusto de la muerte. 
Y lo que pasa ahora es tan absurdo y quizás tan inevitable como entonces. 
Solamente el Vencedor de la Muerte podría sacarnos deste laberinto de muerte, y de Él se olvida y a Él se rechaza cada día más en el mundo.

"La muerte es cierta y la muerte es incierta; la muerte es el fin y la muerte es el comienzo":

Es el fin de lo temporal y el principio de lo Eterno. 
Es el asunto más importante que tenemos para pensar; y hay que pensar en él, dice la Escritura; pero no pensar en él sin pensar en el Resucitado-Resucitador; al cual hemos de pedir también resucite al mundo actual, podrido en odios y en mentira y con el extraño gusto de la muerte -de dar muerte.

R. P. Leonardo Castellani. Domingueras Prédicas.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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