CATENA AUREA: FIESTA DE SANTA MARGARITA, MARIA DE ALACOQUE, VIRGEN.
CATENA AUREA: 17 DE OCTUBRE.
FIESTA DE SANTA MARGARITA MARIA DE ALACOQUE, VIRGEN.
"Vosotros lloraréis y gemiréis, y el mundo se regocijará; os contristaréis, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo".
(Juan 16, 20).
EPISTOLA:
"Hermanos:
A mí, el ínfimo de todos los Santos, ha sido dada esta gracia:
Evangelizar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo, e iluminar a todos acerca de la dispensación del Misterio, escondido desde los siglos en Dios creador de todas las cosas Por esto doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que os conceda, según la riqueza de su Gloria, que seáis poderosamente fortalecidos por su Espíritu en el hombre interior y Cristo por la fe habite en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en el amor, seáis hechos capaces de comprender con todos los santos qué cosa sea la anchura y largura y alteza y profundidad y de conocer el amor de Cristo (por nosotros) que sobrepuja a todo conocimiento, para que seáis colmados de toda la plenitud de Dios".
Efesios III, 8-9, 14-19.
EVANGELIO:
"En aquel tiempo:
Tomando Jesús la palabra, dijo:
«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». Mateo XI, 25.30.
CATENA AUREA:
EXPLICACION DE LOS SANTOS PADRES:
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 38,1-2.
Todo lo que el Señor dijo a los Apóstoles en este pasaje, tiene por objeto el hacerlos más precavidos, porque era natural que tuviesen un concepto elevado de sí mismos, aquellos que lanzaban los demonios. De aquí el reprimir este concepto, porque cuanto se había hecho en su favor no era resultado de su celo, sino de la revelación divina.
Por eso los escribas y los fariseos, teniéndose por sabios y prudentes, cayeron por efecto de su orgullo.
De donde resulta que si por su orgullo no les fue revelado nada, también nosotros debemos tener miedo y ser siempre pequeños:
Pues esto hizo que vosotros gozaseis de la revelación.
Y como dice San Pablo:
"Los entregó Dios a su réprobo sentido" ( Rom 1,26).
No dice esto para afirmar que Dios es el que produce ese efecto, pues Dios no hace mal, sino que aquellos fueron causa inmediata de ello.
Por esta razón dice:
"Ocultaste estas cosas a los sabios y a los prudentes".
¿Y por qué razón se las ocultó?
San Pablo expone la razón en estos términos:
"Porque queriendo establecer su propia justicia, no estuvieron sometidos a la justicia de Dios".
(Rom 10,3).
San Jerónimo.
Porque de otra manera, si interpretamos este pasaje según nuestra frágil manera de ver las cosas, deberíamos admitir que desde el momento en que aquel que recibe empieza a tener, principiará a no tener aquel que ha dado.
O también:
Por "todas las cosas me fueron entregadas" puede entenderse no el cielo, la tierra, los elementos y todo lo demás que hizo y creó Dios, sino todos aquellos que mediante el Hijo tienen entrada a donde está el Padre.
San Gregorio Magno, Moralia, 30.
Es ciertamente un yugo áspero y una dura sumisión el estar sometido a las cosas temporales, el ambicionar las terrenales, el retener las que mueren, el querer estar siempre en lo que es inestable, el apetecer lo que es pasajero y el no querer pasar con lo que pasa.
Porque mientras desaparecen, a pesar de nuestros deseos, todas estas cosas que por la ansiedad de poseerlas afligían nuestra alma, nos atormentan después por miedo de perderlas.
ORACION:
Oh Señor Jesucristo, que admirablemente revelaste a la Bienaventurada Margarita María, tu Virgen, las inescrutables riquezas de tu Corazón; concedenos, por sus méritos y por su imitación, que amándote en todo y sobre todo podamos tener una morada estable en tu Mismo Corazón:
Tú que eres Dios, y vives y reinas con Dios Padre en Unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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