DEVOCIÓN A LA VIRGEN: LOS 15 SABADOS EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO.
LOS QUINCE SÁBADOS DEL SANTÍSIMO ROSARIO
I SÁBADO.
PRIMER MISTERIO GOZOSO
LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
«El Ángel, entrando en su presencia, dijo: “Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre las mujeres”». (Lc 1, 28).
LOS QUINCE SÁBADOS DEL SANTÍSIMO ROSARIO
Entre las devociones difundidas con especial celo por San Bartolo Longo, Apóstol del Rosario y fundador del Santuario de Nuestra Señora de Pompeya, ocupa un lugar privilegiado la práctica de los Quince Sábados del Santísimo Rosario.
Durante quince Sábados consecutivos contemplaremos sucesivamente los quince Misterios del Rosario tradicional:
Cinco gozosos, cinco dolorosos y cinco gloriosos.
No se trata simplemente de recitar unas oraciones, sino de entrar, acompañados por María, en la contemplación de los principales Misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.
Comenzamos hoy nuestro camino allí donde comienza el Misterio de nuestra Redención:
En la humilde casa de Nazaret, ante una Virgen que escucha la Palabra de Dios y responde:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
(Lc 1, 38).
I. EL MISTERIO
NAZARET:
Una casa humilde.
Una joven desconocida para el mundo.
Ninguna multitud, ningún palacio, ninguna manifestación exterior de poder.
Y, sin embargo, en aquel lugar silencioso está a punto de producirse el acontecimiento que cambiará para siempre la historia de los hombres.
El Arcángel Gabriel es enviado por Dios a María.
La saluda como llena de Gracia y le anuncia algo que supera toda inteligencia humana:
«Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús». (Lc 1, 31)
María pregunta cómo podrá realizarse aquello, pues no conoce varón.
El Ángel le revela entonces la acción Divina:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra». (Lc 1, 35).
Y llega el instante decisivo.
Dios espera el consentimiento de aquella criatura.
María responde:
«Ecce ancilla Domini: fiat mihi secundum verbum tuum».
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu Palabra».
Y el Verbo se hace carne.
El Hijo Eterno del Padre, sin dejar de ser Verdadero Dios, asume nuestra naturaleza humana en el seno purísimo de María.
Comienza silenciosamente la obra de nuestra Redención.
II. CON MARÍA EN NAZARET
Contemplemos por un momento aquella escena.
María no conoce todo lo que vendrá después.
No ve todavía Belén.
No ve la huida a Egipto.
No ve los años escondidos de Nazaret.
No ve las multitudes siguiendo a Jesús.
Tampoco ve todavía el Calvario.
Pero confía.
Su fiat no nace de comprender anticipadamente cada acontecimiento.
Nace de abandonarse enteramente en Dios.
Ahí encontramos una de las primeras grandes enseñanzas del Rosario.
Muchas veces nosotros queremos conocer antes de obedecer.
Queremos tener seguridad antes de confiar.
Queremos saber cómo terminarán las cosas antes de entregarnos a la Voluntad Divina.
María procede de otro modo.
Dios habla.
María escucha.
Dios pide.
María responde.
Y de aquella respuesta depende, según el designio Divino, la entrada del Salvador en el mundo.
¡Cuántas gracias pueden depender también de un sí pronunciado generosamente a Dios!
III. «Y EL VERBO SE HIZO CARNE»
El Misterio que contemplamos hoy no es solamente el anuncio hecho a María.
Es ante todo la Encarnación.
Aquel que creó los cielos y la tierra se hace hombre.
El Invisible se hace visible.
El Eterno entra en el tiempo.
El Creador toma de María una verdadera naturaleza humana.
San Juan resumirá este Misterio con palabras que la Iglesia nunca deja de repetir:
«Et Verbum caro factum est, et habitavit in nobis».
«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». (Jn 1, 14)
Por eso la devoción mariana nunca nos aparta de Cristo.
Sucede exactamente lo contrario.
María nos conduce hasta Él porque Jesucristo vino hasta nosotros por medio de María.
En el Rosario aprendemos a mirar a Cristo con los ojos de su Madre.
IV. LA HUMILDAD DE DIOS Y LA HUMILDAD DE MARÍA
También hay en este misterio una admirable escuela de humildad.
Dios podría haber escogido los grandes palacios del mundo.
Escogió Nazaret.
Podría haber rodeado la Encarnación de gloria visible.
Escogió el silencio.
Podría haber elegido a una mujer poderosa según los criterios humanos.
Escogió a aquella que se llamó a sí misma la esclava del Señor.
Dios obra frecuentemente de esta manera.
Lo que parece pequeño ante los hombres puede ser inmenso ante sus ojos.
Una oración hecha en silencio.
Un deber cumplido fielmente.
Una tentación vencida que nadie conocerá.
Una renuncia ofrecida.
Un acto de paciencia.
Un perdón.
Un Rosario rezado quizá con cansancio y distracciones, pero ofrecido con perseverancia.
Nazaret nos enseña que Dios no mide las cosas como las mide el mundo.
V. LA GRACIA QUE PEDIMOS EN ESTE PRIMER SÁBADO
Ante el Primer Misterio Gozoso pidamos especialmente la gracia de aprender a decir nuestro propio fiat.
Quizá exista en nuestra vida algo que nos cuesta aceptar.
Quizá una incertidumbre.
Una dificultad familiar.
Una enfermedad.
Una preocupación.
Una decisión que debemos tomar.
Una cruz que no comprendemos.
O quizá simplemente la lucha cotidiana por cumplir fielmente nuestros deberes.
Presentémoslo hoy a Nuestra Señora.
No necesitamos comprenderlo todo.
Necesitamos aprender a confiar.
Digamos con María:
«Hágase en mí según tu palabra».
Y pidamos también una gracia particular, aquella intención que hemos traído a este primero de los Quince Sábados.
Guardémosla ahora unos instantes en silencio dentro del corazón.
ORACIÓN DE SAN BARTOLO LONGO PARA PEDIR UNA GRACIA
¡Oh Gloriosa Reina del Santísimo Rosario, que has establecido tu nuevo Trono de Gracia en el Valle de Pompeya; Hija del Divino Padre,
Madre del Divino Hijo y Esposa del Espíritu Santo:
Por tus gozos, por tus dolores y por tus glorias; por los méritos de este Misterio, en cuyo honor me acerco ahora a la Sagrada Mesa, te suplico que me alcances esta gracia.
(Aquí se pide la gracia).
VI. PROPÓSITO DEL PRIMER SÁBADO
Durante esta semana procuraré aceptar con mayor espíritu de Fe alguna circunstancia que habitualmente me impacienta, preocupa o contraría.
Cuando aparezca, repetiré interiormente las palabras de Nuestra Señora:
«Fiat mihi secundum verbum tuum».
«Hágase en mí según tu palabra».
No como resignación triste, sino como acto de confianza en la Providencia de Dios.
VII. REZAMOS EL PRIMER MISTERIO GOZOSO
LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS.
* Padre Nuestro.
* Diez Avemarías.
* Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
ORACIÓN FINAL
Reina del Santísimo Rosario de Pompeya, que recibiste con humildad la palabra del Ángel y por tu consentimiento diste al mundo al Salvador, enséñanos a escuchar la voz de Dios y a recibir con confianza su voluntad.
Haz que, contemplando los Misterios del Santo Rosario, conozcamos cada día más profundamente a tu Divino Hijo,lo amemos con mayor fidelidad
y ordenemos nuestra vida según su Santa Voluntad.
Madre del Rosario,
presenta ante tu Hijo la gracia que hoy te hemos pedido, si ha de ser para Gloria de Dios y bien de nuestra alma;
y si otra cosa dispone la Divina Providencia, alcánzanos la gracia de confiar en Ella.
Que nuestro corazón aprenda del tuyo
a responder siempre al Señor:
FIAT MIHI SECUNDUM VERBUM TUUM.
Amén.
San Bartolo Longo, Apóstol del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, ruega por nosotros.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
Comentarios
Publicar un comentario