DEVOCIÓN A LA VIRGEN. SEPTENARIO EN PREPARACIÓN DE LA FIESTA DE LA DIVINA MATERNIDAD DE MARÍA.


SEPTENARIO EN PREPARACIÓN DE LA FIESTA DE LA DIVINA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA

SEXTO DÍA — 9 DE OCTUBRE

* Por las almas del Purgatorio.

PALABRA DE DIOS:

«Es, pues, un pensamiento santo y saludable orar por los difuntos, para que sean libres de sus pecados». (II Macabeos 12, 46).

LA VOZ DE LOS SANTOS PADRES.

SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA.

En el siglo V, San Cirilo de Alejandría defendió con extraordinaria firmeza la unidad de la Persona de Jesucristo y, como consecuencia de esta Verdad, el título de Theotokos, Madre de Dios, atribuido a la Santísima Virgen.

En su segunda carta a Nestorio, San Cirilo explica que no afirmamos que la Naturaleza Divina del Verbo haya tenido su principio en María. 

"Confesamos, en cambio, que el Verbo Eterno asumió de Ella nuestra naturaleza humana y nació verdaderamente según la carne.
Por eso la Virgen puede ser llamada con toda Verdad Madre de Dios".
(Cf. San Cirilo de Alejandría, Segunda carta a Nestorio, año 430).

La enseñanza de San Cirilo nos conduce al corazón del Misterio de Nuestra Salvación.

Aquel que nació de María es el mismo Hijo Eterno de Dios que murió y Resucitó para abrirnos las puertas de la Vida Eterna.

La Divina Maternidad está, por tanto, íntimamente vinculada con nuestra esperanza de alcanzar el Cielo.

MEDITACIÓN.

LA MADRE DE AQUEL QUE NOS ABRIÓ EL CIELO

Hoy nuestra oración se dirige hacia aquellos hermanos que han terminado su peregrinación terrena y se encuentran en el Purgatorio.
Son almas que murieron en la amistad de Dios, pero que todavía necesitan ser purificadas antes de entrar en la plenitud de su presencia.
No están abandonadas.
Pertenecen a Cristo.
Y participan de aquella comunión de amor que une a la Iglesia peregrina en la tierra, a las almas que se purifican y a los bienaventurados del Cielo.
Por eso podemos ayudarlas mediante nuestras oraciones, sacrificios y, de manera especial, ofreciendo por ellas el Santo Sacrificio de la Misa.
Hoy contemplamos a María como Madre de Aquel que venció a la muerte.
El Niño que sostuvo entre sus brazos es el mismo Redentor que entregó su vida en la Cruz.
Y su Resurrección es el fundamento de nuestra esperanza.
La Santísima Virgen no sustituye la Obra Salvadora de Jesucristo.
Su intercesión maternal nos conduce precisamente hacia los méritos infinitos de su Hijo.
Por eso hoy le confiamos a nuestros difuntos.
Quizá recordemos especialmente a nuestros padres, abuelos, familiares y amigos.
Quizá haya alguien por quien hace mucho tiempo no rezamos.
Quizá existan almas que ya no reciben el recuerdo ni la oración de nadie en este mundo.
Hoy queremos acordarnos también de ellas.
Porque la Caridad Cristiana no termina ante la muerte.
Y una de las obras más hermosas de misericordia espiritual consiste precisamente en rezar por quienes ya no pueden merecer por sí mismos.
Que nuestra devoción a la Madre de Dios nos enseñe también esta Caridad silenciosa:
Ayudar con nuestras oraciones a quienes esperan contemplar eternamente el rostro de su Hijo.

✠ INTENCIÓN DEL DÍA

* Por las almas del Purgatorio.

Especialmente por nuestros familiares y bienhechores difuntos, por las almas más necesitadas de sufragios y por aquellas de quienes nadie se acuerda.

ORACIÓN.

María Santísima, Madre de Dios,
Madre del Redentor
y consuelo de los que esperan,
hoy acudimos a tu intercesión
por las benditas almas del Purgatorio.
Tú que llevaste en tu seno
al Salvador del mundo,
presenta ante tu Divino Hijo
nuestras humildes súplicas
por quienes todavía esperan
la plenitud de su presencia.
Acuérdate de nuestros padres,
familiares, amigos y bienhechores difuntos.
Acuérdate especialmente
de las almas más necesitadas
y de aquellas por quienes
nadie eleva ya una oración.
Que por los méritos infinitos
de la Pasión y Muerte de Jesucristo
sean purificadas de toda imperfección
y admitidas cuanto antes
a la alegría eterna del Cielo.
Y enséñanos, Madre Santísima,
a vivir de tal manera
que también nosotros podamos un día
contemplar eternamente
el rostro de tu Divino Hijo.
Dales, Señor, el descanso Eterno.
Y brille para ellas la luz perpetua.
Descansen en paz. 
Amén.

Santa María, Madre de Dios,
ruega por las almas del Purgatorio.
Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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