DEVOCION A LA VIRGEN: SEPTENARIO EN PREPARACIÓN A LA FIESTA DE LA MATERNIDAD DIVINA DE MARIA.


SEPTENARIO EN PREPARACIÓN DE LA FIESTA DE LA DIVINA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA

SÉPTIMO DÍA.

10 DE OCTUBRE

* Por quienes se han alejado de Dios y por su conversión.

PALABRA DE DIOS:

«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». 
(Juan 1, 14).

LA VOZ DE LA IGLESIA:

EL CONCILIO DE ÉFESO (431).

Durante los días anteriores hemos recorrido el testimonio de los Santos Padres acerca del Misterio de la Encarnación y de la Verdadera Maternidad Divina de María.
Hoy llegamos al Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431.

Frente a las enseñanzas de Nestorio, que ponían en peligro la Unidad personal de Jesucristo, la Iglesia defendió solemnemente la legitimidad del título Theotokos, Madre de Dios.
La enseñanza de San Cirilo de Alejandría, acogida por el Concilio, expresaba esta verdad fundamental:

«El Santo Verbo, habiéndose unido según la Hipóstasis a una carne animada de alma racional, se hizo Hombre de manera inefable e incomprensible y fue llamado Hijo del Hombre».

(Cf. San Cirilo de Alejandría, Segunda carta a Nestorio, aprobada en el Concilio de Éfeso).

María no es Madre de la Divinidad considerada en sí misma, porque Dios es Eterno y no tiene principio.
Es Madre de Dios porque Aquel que nació verdaderamente de Ella, según su naturaleza humana, es el mismo Hijo Eterno del Padre.
Éfeso no inventó una nueva creencia: confirmó solemnemente la Fe que la Iglesia venía confesando desde los tiempos Apostólicos.

MEDITACIÓN:

VOLVER AL DIOS QUE SE HIZO HOMBRE

Durante estos siete días hemos contemplado el Misterio de María, Madre de Dios.
Y hoy, al llegar al final de nuestro Septenario, comprendemos nuevamente que toda su grandeza nos conduce hacia Jesucristo.
María es Theotokos porque su Hijo es Verdadero Dios y Verdadero Hombre.
El Verbo Eterno quiso entrar en nuestra historia, compartir nuestra condición humana y abrirnos nuevamente el camino hacia el Padre.
Dios no permaneció distante.
Vino a buscarnos.
Y precisamente por eso, nuestra última intención está dedicada a quienes se han alejado de Él.
Pensamos hoy en aquellos que recibieron la Fe durante su infancia, pero con el paso de los años dejaron de practicarla.
En quienes abandonaron la oración y los Sacramentos.
En quienes se alejaron de la Iglesia después de alguna experiencia dolorosa.
En quienes viven indiferentes a Dios.
Y también en aquellos que, aun deseando regresar, sienten vergüenza, temor o desaliento.
No conocemos el interior de cada corazón.
No nos corresponde juzgar sus caminos.
Pero sí podemos amarlos y rezar por ellos.
La conversión no comienza simplemente cuando una persona cambia algunas costumbres.
Comienza cuando vuelve a encontrarse con Jesucristo.
Con Aquel que nació de María para Nuestra salvación.
Con Aquel que murió por nosotros en la Cruz.
Con Aquel que resucitó y continúa llamándonos a la Vida Eterna.
Hoy contemplamos a la Madre de Dios como aquella que nos presenta constantemente a su Hijo.
Y le pedimos que interceda por quienes han perdido la Fe, para que puedan redescubrir la Misericordia Divina.
Que ninguno se crea demasiado lejos para regresar.
Que ninguno piense que sus pecados son mayores que el amor de Dios.
Y que nosotros mismos, al terminar este Septenario, comprendamos que también necesitamos convertirnos cada día.
Porque el mejor homenaje que podemos ofrecer a María, Madre de Dios, es amar, conocer y seguir fielmente a Jesucristo.

✠ INTENCIÓN DEL DÍA:

* Por quienes se han alejado de Dios y por su conversión.

Por los que han abandonado la práctica de la Fe, por quienes viven alejados de los Sacramentos, por los que atraviesan dudas espirituales y por quienes desean regresar a Dios, pero todavía no encuentran el camino.

ORACIÓN:

María Santísima, Madre de Dios,
Tú que llevaste en tu seno
al Verbo Eterno hecho hombre,
mira con ternura maternal
a todos aquellos que se han alejado de tu Hijo.
Acuérdate de quienes han perdido la Fe, de quienes han abandonado la oración y de aquellos que viven
como si Dios no existiera.
Intercede por quienes se encuentran
heridos, confundidos o desalentados.
Alcanza luz a los que dudan,
esperanza a los que desesperan
y humildad a quienes desean regresar.
Que ninguno tema acercarse nuevamente al Corazón Misericordioso de Jesucristo.
Que quienes se han alejado
encuentren el camino de regreso
a la oración, a los Sacramentos 
y a la Comunión de la Iglesia.
Y a nosotros, Madre Santísima,
concédenos perseverar en la verdadera Fe, vivir según el Evangelioy dar testimonio de tu Divino Hijo con nuestras palabras y nuestras obras.
Al concluir este Septenario,
ponemos bajo tu amparo nuestra vida, nuestras familias, la Santa Iglesia y todos aquellos por quienes hemos rezado.
Que la Celebración de tu Divina Maternidad nos encuentre más unidos a Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, Nuestro Unico Salvador.

Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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