MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el Domingo Decimonono después de Pentecostés.
(Mt 22, 1-14).

Que muchos son los llamados,
pero pocos los escogidos para vivir en comunidad.

PUNTO I.

Jesucristo dice en el Evangelio de este día que muchos son llamados, pero pocos son elegidos. 
Él quiere referirse al Cielo, pero esta Verdad no es menos válida respecto de las Comunidades; pues, a pesar de que son numerosas las personas que entran en ellas, hay pocas, sin embargo, que sean fieles a la Gracia de su Vocación, y que en ellas adquieran o conserven el Espíritu de su Estado, después de haberse comprometido a ello.
Lo primero que hay que hacer cuando se ingresa en una Comunidad, para ser elegido de Dios en ella, es aprender bien a hacer oración y aplicarse a ella. Pues como no hay profesión en la que más tiente el demonio, a causa de cierta como seguridad que de salvarse hay en ella cuando se cumplen fielmente las Reglas que prescribe, en ella se tiene mucha necesidad de fuerzas para resistir a los ataques que nos presenta el tentador.

La segunda cosa es aplicarse sobre todo a ser muy regular; pues como la regularidad es el medio principal que Dios ofrece para salvarse, cuanto más
exacto es uno a ella, tanto más se afianza, según la expresión de San Pedro, la Vocación y la elección, por las buenas obras, peculiares del propio Estado. 
Pero, como en las Comunidades hay pocos que cumplen exactamente esta doble obligación, por eso se encuentran algunos que no cuentan con las Gracias necesarias para mantenerse en ellas y para conservar el Espíritu de su Estado; y muy pronto no son en ellas más que cuerpos, o hay que amputarlos como miembros dañados, que sólo son capaces de corromper a los demás.

PUNTO II.

La segunda razón por la que hay pocos elegidos en las Comunidades, es que son pocos los que observan verdadera y total sumisión a los superiores.
Sin embargo, como la Obediencia es la primera Virtud que se ha de tener, y la
principal de las que ayudan a mantenerse en ellas, en cuanto falta, queda uno abandonado a sí mismo, sin fuerza y sin vigor; y en consecuencia, incapaz de
obrar el bien que es propio de su estado. 
Eso es causa de que no se persevere en ellas, o que permaneciendo, se haga uno inútil, o incluso perjudicial para los otros, como ramas que no están unidas al tronco, que es Jesucristo, y que ya no obtienen de El la savia que necesitan para producir fruto.

No está uno unido a Jesucristo, como las ramas al árbol, sino en la medida en que se está unido a los Superiores, y se procede en absoluta dependencia respecto de ellos; porque, según San Pablo, es a Dios y a Jesucristo mismo a quien se obedece, cuando se les está sumiso; y hay que estarlo, no como si se pensara sólo en agradar a los hombres, sino cumpliendo de buen grado la Voluntad de Dios, y como miembros y servidores de Jesucristo.
Y los superiores no tienen derecho a mandar sino porque hablan en nombre de Jesucristo y como representantes de su Persona. 
Y no se les debe tampoco obedecer, sino porque, según la expresión del mismo San Pablo, trabajan en la Perfección de los Santos y en la edificación del Cuerpo de Jesucristo, que es nuestra cabeza; el cual, por la sumisión que se le presta en sus ministros, junta y traba todas las partes de su Cuerpo con justa proporción, para que no
constituyan más que un mismo Cuerpo. 
Así, pues, por medio de esta Virtud llegaréis a ser verdaderos elegidos de Dios en vuestra Comunidad.

PUNTO III.

Lo que también hace que haya pocos elegidos para vivir en Comunidad, es que hay pocos que manifiesten total apertura de corazón a sus Superiores; sin lo cual, sin embargo, es imposible preservarse de las malas consecuencias que pueden acarrear las tentaciones violentas, con las que ataca el demonio a los llamados a una Comunidad.
Y estas tentaciones, de ordinario, son tanto más violentas, cuanto más avanzan en la Vírtud; pues cuando trabajan con fervor en adquirir la Perfección de su Estado, el demonio, que sabe que si perseveran podrán perjudicarlo mucho, tanto con el buen ejemplo como con las Gracias que puedan obtener para los demás con sus oraciones, está siempre en su derredor, dice San Pedro, acechando la ocasión de hacerlos caer.
Por lo cual, dice San Doroteo, se alegra mucho cuando encuentra algunos que se guían a sí mismos y que no se abandonan a la Dirección de su Superior; pues sabe que caerán como las hojas de los árboles, ya que se ponen de acuerdo, dice el Santo, con el demonio y con los enemigos de su propia Salvación.

Este Santo añade, incluso, que no conoce otra causa de la caída de quienes viven en Comunidad que la confianza que tienen en sus propias luces. 
Y concluye, en fin, que no hay nada más grave y más pernicioso en una Comunidad, que semejante proceder; y que para obrar la propia Salvación, no hay otra vía que la apertura del corazón. 
¡Ay!, en cuán pocos ésta es total.
Unos dicen: 
¿Qué dirá mi Superior si se lo digo todo? 
Pero si no lo hacéis, sabrá muy pronto que sois infieles.
Otros: 
No me atrevo a descubrírselo todo, pues luego tendría reparo en presentarme ante él.
Otros: 
Es suficiente con que manifieste mis faltas en la Confesión. 
Sí, pero vuestro Superior está en mejor situación que nadie para facilitaros el remedio.
Otros: 
Es sólo un Hermano, como yo. 
Es verdad; pero tiene el encargo de Dios de ayudaros a obrar vuestra Salvación.
Servíos, pues, de los medios que Dios os ofrece para conseguirlo; de otro modo, decaeréis muy pronto en el Espíritu de vuestro Estado; y aunque hayáis sido llamados a él, no seréis del número de los elegidos por Dios.

ORACIÓN:

Dios Omnipotente y Misericordioso, aparta benignamente de nosotros todo lo que sea nocivo; para que, estando libres en el alma y en el cuerpo, cumplamos fácilmente tu Voluntad.
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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