MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.


MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.

Para el Domingo Vigésimo Primero después de Pentecostés.
(Mt 18,23-35).

De la obligación que tienen las personas que viven en Comunidad de soportar los defectos de sus Hermanos.

PUNTO I:

Cierto señor que perdonó una deuda de diez mil talentos a uno de sus siervos, porque le había suplicado que esperase un poco para pagarlo, quedó muy sorprendido cuando le vinieron a decir que ese siervo había mandado encarcelar a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, aunque éste le había pedido insistentemente que le concediera sólo algo de tiempo. ¡Siervo inicuo!,
le dijo entonces el señor, ¿no deberías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí de ti?
Dios os ha perdonado una deuda crecida, y espera justamente que vosotros perdonéis también algo a aquellos de vuestros Hermanos que os sean deudores.

No es posible que varias personas vivan juntas sin que tengan que sufrir unas de otras. 
El uno tendrá temperamento difícil; el otro tendrá temperamento contrario; éste será de modales desagradables; aquél será de carácter antipático
y el de más allá de carácter demasiado complaciente; el uno expresará fácilmente lo que piensa, el otro será demasiado reservado y disimulado, y aquel otro será de talante demasiado crítico.
Es raro que todos estos tipos de temperamentos y caracteres diferentes, no causen dificultades entre los Hermanos. Y si la gracia no viene en ayuda, es casi imposible que se acomoden los unos a los otros, y que la caridad no sufra inmensamente.
Pero el medio de mantener la unión en una comunidad, a pesar de tan diversos caracteres, es soportar caritativamente los defectos de cada uno; es estar dispuesto a disculpar a los demás, como deseamos que lo hagan con nosotros.
Y a eso se compromete uno necesariamente cuando se elige vivir en comunidad.
Reflexionad muy bien sobre ello, hoy y el resto de vuestra vida.

PUNTO II.

Esta caridad que se nos pide supone paciencia a toda prueba. Todos tienen sus defectos, y los llevan por doquier. Sólo, pues, soportándoselos unos a otros se puede mantener la paz y la unión en las sociedades mejor conformadas. 
Por eso ha dicho San Pablo que la Caridad lo soporta todo, y para que nadie piense que se engaña y que lo dice sin pensarlo, lo repite dos veces.

Algunos dirán:
Yo sufriría tal cosa de mi Hermano, pero esto otro no puedo resolverme a soportarlo; o bien, mi talante es demasiado opuesto al suyo. 
No queréis tener caridad con vuestro Hermano, ni unión con él, en cuanto haya alguna cosa que no queráis soportar en él; pues la Caridad lo soporta todo, pensadlo bien.
Si creéis que habéis venido a la comunidad sin estar obligados a soportar los defectos de vuestros Hermanos, os engañáis; y os engañasteis al venir a ella.
Tomad medidas a este respecto para el futuro y para todo el resto de vuestra vida.

PUNTO III.

Lo que os debe mover también a sobrellevar los defectos de vuestros Hermanos, es la obligación que de ello os ha impuesto Dios. 
Cuando Dios os puso en Comunidad, os cargó con un fardo difícil de llevar. 
¿Y cuál es ese fardo? 
Son los defectos de los demás. 
Por pesada que resulte esa carga, desea San Pablo que la llevemos, si queremos cumplir la ley de Jesucristo.
¿Habéis oído bien esta lección? 
¿La comprendéis bien? 
Pues practicadla. 
Dios mismo os da ejemplo. 
Él, que os ha aguantado tantas cosas y todavía os soporta muchas otras, todos los días.

Habéis cometido numerosos pecados contra Él, aunque le seáis deudores de muchas Gracias. 
Sin embargo, con tal que recurráis a Él, os perdonará todo, pero con una condición, dice:
Que también vosotros perdonéis a vuestro hermano, y que no guardéis ningún resentimiento por todas las penas que os haya causado o pueda causaros. 
Esto es lo que os asegura en el Evangelio de este día, y lo que constituye su preludio y su conclusión.
Así, pues, si no queréis soportar nada de vuestros Hermanos, tampoco Dios soportará nada de vosotros, y os castigará terriblemente por lo que hayáis hecho contra Él; si, por el contrario, sobrelleváis todo en vuestros hermanos, Dios os perdonará lo que hayáis hecho contra Él:
Seréis medidos, dice en otra parte, con la misma medida con que hubiereis medido a los demás.

ORACIÓN:

Te suplicamos, Señor, que guardes con perpetua clemencia a tu familia, a fin de que, con tu protección, se vea libre de todo mal, y te sirva santamente.
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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