MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE. CONMEMORACION DE LOS FIELES DIFUNTOS.
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE.
2 de Noviembre.
Para la Conmemoracion de las almas del Purgatorio.
PUNTO I.
Pensamiento Santo y saludable es rogar por los difuntos para que sean librados de sus pecados.
Es lo que dice Judas en el segundo libro de los Macabeos.
Y es, en efecto, una de las mejores y más Santas instrucciones que se
nos puedan dar, porque nos mueve a hacer lo más provechoso para las almas del Purgatorio, que al no poder ayudarse a sí mismas y procurarse el alivio que necesitan para liberarse de sus penas, precisan para ello ser socorridas con las oraciones y buenas obras de quienes todavía viven.
Además, qué situación tan dura para ellas es hallarse retenidas entre llamas devoradoras, por no haber satisfecho en esta vida, o por algunos pecados de poca importancia, o por no haber expiado plenamente los que les había hecho perder la Gracia Santificante.
Por ese motivo, estas almas Santas, aunque sumisas en tal estado a la voluntad de Dios, imploran con insistencia las oraciones de los vivos, que les pueden obtener, a menudo con facilidad, lo que a ellas les resulta imposible; ya que Dios no está dispuesto a aceptar en satisfacción de sus pecados cuanto pudieren hacer de bueno, ya que les concedió durante la vida tiempo suficiente para
satisfacer por ellos.
Contemplad con compasión la situación de estas ánimas Benditas, que aunque sin inquietud, suspiran por su liberación para poder gozar cuanto antes de Dios.
Eso es lo que esperan de su Infinita Bondad, con esperanza firme y segura, tan pronto como reciban el beneficio de ser liberadas de sus penas.
PUNTO II.
Nosotros tenemos cierta obligación de rogar a menudo a Dios por las almas que sufren en el Purgatorio.
En primer lugar, porque Dios, que las ha abandonado a su Divina Justicia por cuanto tiempo le pluguiere, según la magnitud de sus pecados y el poco
cuidado que tuvieron en este mundo en hacer penitencia por ellos, no les ha dejado otros medios, después de la muerte, que los sufragios de los fieles que aún están en camino.
Éstos se los pueden aplicar, bien sea con oraciones, o con ayunos y otras penitencias, o con limosnas, o con el Sacrificio de la Santa Misa, o con cualquier otra satisfacción.
En segundo lugar, porque estamos unidos exteriormente a estas ánimas Benditas, al ser, igual que ellas, miembros de la Iglesia y de Jesucristo mismo.
Y además, porque estamos unidos a ellas, en Jesucristo, por la Gracia Santificante que nos es común.
Estos dos tipos de unión deben inspirarnos sentimientos de compasión hacia esas ánimas dolientes.
PUNTO III.
Pero lo que de manera muy particular nos hace comprender cuán obligados estamos a compartir las penas de estos justos afligidos, y lo que más debe movernos a socorrerlos con todo tipo de medios, es que la Iglesia, nuestra Madre Común, no olvida nada para inspirarnos ese celo en favor de sus hijos que sufren, y por quienes está llena de ternura.
En consecuencia, debemos unirnos a ella, como miembros suyos que somos, para ofrecer a Dios nuestras plegarias y el Sacrificio de la Santa Misa; para que unidos a ella y a todos los Fieles que son sus miembros, y que forman con ella un mismo cuerpo, obtengamos fácilmente de Dios, por medio de tan íntima unión, y por la abundancia de tantas oraciones y sufragios, la pronta liberación de estas almas que sufren.
Ellas, a su vez, cuando estén en el Cielo, podrán alcanzarnos muchas Gracias con sus oraciones, para que también nosotros podamos conseguir su Felicidad.
Penetraos, pues, hoy, del Espíritu de la Iglesia, y uníos a ella en todas las oraciones y en todos los sacrificios que ofrezca a Dios para alivio de las almas del Purgatorio.
Implorad en su favor el socorro Divino, con todo el fervor e insistencia que os sea posible, para tener el honor de ser dignos miembros de la Iglesia y cooperadores de Jesucristo en la Redención de esas almas cautivas.
ORACION:
Oh Dios, Creador y Redentor de todos los Fieles:
Concede a las almas de tus siervos y siervas la remisión de todos los pecados; para que, a través de nuestras piadosas súplicas, obtengan la indulgencia que siempre han deseado:
Tú que eres Dios, y vives y reinas con Dios Padre en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
Comentarios
Publicar un comentario