VIDA DE LOS SANTOS: MARTIRIO DE SAN SÓSTENES.

SAN SÓSTENES, MÁRTIR.

INTRODUCCIÓN

Martirologio Romano

“En Corinto, el Triunfo de San Sóstenes, uno de los discípulos de San Pablo, de quien hace mención el mismo Apóstol, escribiendo a los Corintios. 
Sóstenes, de Príncipe de la Sinagoga, convertido a Cristo, cruelmente azotado en presencia del Procónsul Galión, consagró con excelente principio las primicias de su Fe.”

San Sóstenes es una de esas figuras silenciosas pero fundamentales del Cristianismo primitivo. 
Su nombre aparece en los Hechos de los Apóstoles y en la Primera Carta a los Corintios, como testigo vivo del choque entre la antigua sinagoga y la Luz del Evangelio. 
Su vida es el ejemplo perfecto de una conversión profunda sellada con sangre.

Sóstenes, Príncipe de la Sinagoga en Corinto.

Sóstenes aparece como jefe de la sinagoga judía de Corinto, hombre respetado entre los suyos, instructor de la Ley, firme defensor de la tradición mosaica. 
Representa la Antigua Alianza aún sin plena luz.

Encuentro con la predicación de San Pablo.

Sóstenes escucha las palabras de Pablo sobre Cristo crucificado y Resucitado. 
La fuerza del Espíritu comienza a obrar en su corazón. 
Aquella Fe que antes combatía empieza a atraerlo irresistiblemente.

Conversión y Bautismo en secreto.

Vencido por la Gracia, Sóstenes abandona la sinagoga y pide el Bautismo. 
Recibe el agua regeneradora y es incorporado al Cuerpo Místico de Cristo. 
Desde ese momento se convierte en discípulo fiel del Apóstol.

Azotes públicos ante el Procónsul Galión.

Los judíos, al verlo convertido, lo denuncian y lo golpean brutalmente en pleno foro. 
El Martirio comienza con los azotes públicos, ante la total indiferencia del poder romano. 
Sóstenes sufre por Cristo, perdonando.

Confesión final de Fe.

A pesar de los tormentos, Sóstenes confiesa a Cristo sin temor. 
Sus verdugos descargan la violencia, pero su rostro permanece sereno. 
Se cumple así la palabra del Señor:


“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia.”

Muerte y glorificación.

Consumado por los padecimientos, Sóstenes entrega su alma a Dios. 
Su Martirio consagra las primicias de la Fe Cristiana en Corinto. 
Los Ángeles reciben su espíritu y la Iglesia lo reconoce como Mártir de Cristo.

REFLEXIÓN FINAL.

San Sóstenes nos recuerda que la conversión auténtica implica siempre una Cruz. 
Pasó del honor humano al desprecio, del poder religioso al Martirio, y de la sinagoga al Altar. 
Su vida es testimonio vivo de que la Verdadera Sabiduría es Jesucristo.

SAN SÓSTENES, MARTIR.
RUEGA POR NOSOTROS.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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