MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL MIERCOLES DE CENIZAS.


MEDITACION DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA EL MIERCOLES DE CENIZAS.

Del espíritu de penitencia del que debemos penetrarnos al recibir la ceniza, y en el que debemos vivir durante toda la Cuaresma.

PUNTO I.

El propósito de la Iglesia, que quiere que hoy se imponga la ceniza sobre vuestra cabeza, es daros a entender que en este día debéis abrazaros con el verdadero espíritu de penitencia.

Esta Sagrada Ceremonia es residuo de la antigua Disciplina de la Iglesia, que obligaba a los penitentes públicos, al comienzo de su penitencia, a recibir la
ceniza sobre su cabeza, de mano de los Ministros del Sagrado Altar, ante todos los Fieles.

Con el propósito de uniros a esta Institución de la Iglesia y de participar en ella, debéis comenzar este Santo día preparándoos con la conveniente disposición del corazón a este Sagrado Rito, cuyo espíritu es la compunción sincera. 

En esa disposición hemos de comenzar y concluir esta Santa Cuarentena.

PUNTO II.

Al recibir la ceniza pedid a Dios este espíritu de penitencia, del que debéis estar animados, y que debe acompañar y santificar vuestro ayuno. 
Pues no es suficiente el ayuno exterior; se necesita que humille el espíritu, al tiempo que mortifica la carne.

Por tanto, el efecto que debe producir en vosotros la ceremonia de la ceniza, es que toda vuestra conducta se impregne de la penitencia, y que ayunéis con los ojos, con la lengua y con el corazón.

Con los ojos, por el profundo recogimiento y el alejamiento de cuanto sea capaz de disiparos; con la lengua, por el silencio exacto, que os aparte de las criaturas, para uniros durante este Santo Tiempo sólo a Dios; y con el corazón, por la absoluta renuncia a cuantos pensamientos pudieran disiparos, distraeros e interrumpir vuestra conversación con Dios.

El fruto del ayuno Cristiano es la mortificación de los sentidos y de las propias inclinaciones, y el alejamiento de las criaturas.

PUNTO III.

Para animarnos al ayuno del espíritu, privándonos de los placeres de los sentidos y apartándonos de cuantas satisfacciones pudiéramos encontrar en el uso de las criaturas, la Iglesia nos dice por medio del Sacerdote que nos impone la ceniza en la cabeza, que recordemos que, por ser hombres, no somos más que ceniza, y que volveremos a ser ceniza.
Nada nos induce tanto al desasimiento de las cosas creadas y a la sincera penitencia como el recuerdo de la muerte. 

Por eso quiere la Iglesia que pensemos en ella durante todo este tiempo en que practicaremos la penitencia, para que, con este Santo pensamiento, nos animemos a realizarla con mayor gusto y fervor.

Moriremos, y moriremos sólo una vez. 
Pero no moriremos bien y como Dios desea, sino en cuanto hayamos vivido practicando la penitencia y nos hayamos privado de los placeres en que se deleitan los sensuales al usar las criaturas.

¿Queremos morir Santamente? Vivamos como verdaderos penitentes.

ORACIÓN:

Concede, Señor, a tus fieles, la gracia de empezar con piedad sincera la venerable solemnidad de los santos ayunos y de observarlos hasta el fin con una constante devoción.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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