MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
COMIENZO DEL AYUNO.
1.‑ "En aquel tiempo dijo Jesús a sus Discípulos:
Cuando ayunen, no sean tristes como los hipócritas.
Ellos desfiguran el rostro, para mostrar a los hombres que ayunan.
De cierto, les digo que ya tienen su recompensa.
En cambio, tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en el secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público".
(Mt 6, 16‑18).
En este pasaje Evangélico debemos tratar dos argumentos:
El ayuno y la limosna.
I. El ayuno:
"Cuando ayunen"...
En esta primera parte debemos considerar cuatro cosas:
La simulación de los hipócritas, la unción de la cabeza, el lavado de la cara y el ocultamiento del bien.
"Cuando ayunen".
Se lee en la Historia Natural que con la saliva del hombre en ayunas se resiste a los animales que tienen veneno; mas aun, si la serpiente la ingiere, muere (Plinio).
Entonces, en el hombre en ayunas hay de veras una gran medicina.
Adán en el paraíso terrestre, mientras ayunó del fruto prohibido, permaneció en la inocencia.
He ahí la medicina, que mata a la serpiente diablo y que restituye el Paraíso, perdido por culpa de la gula! También de Ester se dice que castigó su cuerpo con el ayuno para destituir al orgulloso Amán y reconquistar para los judíos la benevolencia del Rey Asuero.
Ayunen, pues, si quieren conseguir estas dos cosas:
La victoria contra el diablo y la restitución de la Gracia perdida.
Pero:
"Cuando ayunen, no sean tristes como los hipócritas".
O sea, no quieran ostentar su ayuno con la tristeza del rostro.
Por cierto, todo eso no prohíbe la virtud, sino la simulada apariencia de virtud.
Hipócrita se llama también "dorado", o sea, que tiene la apariencia del oro, pero en su interior, o sea, en su conciencia, es barro.
Este es el ídolo de los babilonios, o sea, Bel, del que dice Daniel:
"No te engañes, oh Rey; este ídolo por fuera es de bronce, pero por dentro es de barro". (14, 6).
El bronce resuena y aparentemente puede parecer oro.
Así el hipócrita ama el sonido de la alabanza y ostenta una apariencia de santidad.
El hipócrita es humilde en el rostro, modesto en el vestido, quedo en la voz, pero lobo en su mente.
Esta tristeza no agrada a Dios.
Es un extraño modo de procurarse la alabanza, el de ostentar los signos de la tristeza!
Los hombres suelen alegrarse, cuando ganan dinero.
Pero son dos asuntos distintos: en éstos hay vanidad, en los otros falsedad.
"Desfiguran sus rostros".
O sea, los envilecen más allá de los límites de la condición humana.
"Como puede haber jactancia por la elegancia de los vestidos, también puede haber jactancia por la escualidez y la extenuación" (Glosa).
Entonces no hay que abandonarse ni a una escualidez exagerada ni a una excesiva pulcritud:
Hay que buscar un término medio.
"Para mostrarse a los hombres".
Cualquier cosa que hagan, es apariencia, pintada con falsos colores.
Comenta la Glosa:
"Lo hacen con tal de aparecer distintos de los demás y ser llamados *superhombres*, incluso a través del envilecimiento".
Para mostrarse a los hombres:
"que ayunan".
El hipócrita ayuna, para granjearse alabanza; el avaro, para llenar la bolsa; el justo, para agradar a Dios.
"De cierto les digo:
Ya recibieron su recompensa".
He ahí la recompensa del prostíbulo, del que dice Moisés:
"No prostituyas a tu hija".
(Lv 19, 29).
La hija son las obras, que exponen en el prostíbulo del mundo, para recibir la recompensa de la alabanza.
Sería necio el que vendiera oro de elevados quilates por unas monedas de plomo.
En realidad, vende una cosa de gran valor por un precio vil, el que hace el bien para procurarse la alabanza de los hombres.
2‑ "Tú, en cambio, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu cara".
Esto está de acuerdo con lo que dice Zacarías:
"Así dijo el Señor de los Ejércitos:
El ayuno del cuarto mes, del quinto, del séptimo y del décimo se convertirán para la casa de Israel en gozo y alegría y en días de gran fiesta". (8, 19).
La casa de Judá se interpreta como el que manifiesta o el que alaba, y es figura de los penitentes que, al manifestar y al confesar sus pecados, dan alabanza a Dios.
Para éstos es, y debe ser, el ayuno del cuarto mes, porque ayunan (se abstienen) de cuatro cosas:
De la soberbia del diablo, de la impureza del alma, de la gloria del mundo de la injuria al prójimo.
"Este es el ayuno y que yo quiero", dice el Señor".(58, 6).
El ayuno del quinto mes consiste en mantener los cincos sentidos alejados de las distracciones y de los placeres ilícitos.
El ayuno del séptimo mes es la represión de la codicia terrenal.
Como se lee que el séptimo día no tiene fin, así ni la codicia del dinero toca jamás el fondo de la suficiencia.
El ayuno del décimo mes es el cese de toda finalidad mala.
El fin de todo número es el diez.
El que quiere contar más, debe comenzar del uno.
El Seńor se queja por boca de Malaquías:
"Ustedes me están engañando, y me preguntan:
En qué te engańamos?
En los diezmos y en las primicias". (3, 8).
O sea, en el mal fin y en el principio de una intención perversa.
Y presta atención:
Pone los diezmos antes que las primicias, porque es sobre todo por el fin perverso que es condenada toda la obra precedente.
Este ayuno se transforma para los penitentes en gozo de la mente, en alegría del Amor Divino y en espléndidas solemnidades de conversación celestial.
Esto quiere decir ungir la cabeza y lavar la cara.
Unge la cabeza aquel que en su interior está colmado de alegría espiritual, y lava su cara aquel que embellece sus obras con una vida honesta.
3.‑ Hay otra interpretación:
"Cuando tú ayunes"...
Durante esta cuaresma son muchos los que ayunan, y, sin embargo, persisten en sus pecados.
Estos no ungen sus cabezas.
Observa que hay un ungüento triple: lenitivo, corrosivo y punzante.
El primero lo produce el pensamiento de la muerte, el segundo la inminencia del futuro juicio y el tercero la gehena.
La cabeza puede estar cubierta de pústulas, verrugas y roña.
La pústula es una pequeńa protuberancia superficial, repleta de pus; la verruga es una excrecencia de carne superflua, por la cual verrugoso puede significar también "superfluo"; y la roña es una sarna seca, que deteriora la belleza.
En estas tres enfermedades están indicadas la soberbia, la avaricia y la lujuria obstinada.
Oh tú, soberbio, has de poner ante los ojos de tu mente la corrupción del cuerpo, su podredumbre y su hedor.
Dónde estará entonces la soberbia de tu corazón, dónde la ostentación de tus riquezas?
Entonces ya no habrá palabras infladas de viento, porque con una pequeña punción de aguja se desinfla la vejiga.
Estas verdades, meditadas en lo íntimo, ungen la cabeza cubierta de pústulas, o sea, humillan la mente orgullosa.
Oh tú, avaro, acuérdate del último examen, en el que habrá el Juez indignado, el verdugo dispuesto a atormentar, los demonios que acusan y la conciencia que remuerde. Entonces, dice Ezequiel:
"Tu plata será echada fuera, y tu oro será echado al basural.
La plata y el oro no podrán liberarte en el día de la ira del Señor". (7, 19).
Estas verdades, meditadas con atención, corroerán y desprenderán las verrugas de la superfluidad; y esas superfluidades serán compartidas entre los que no tienen ni lo necesario.
Te ruego, pues, que cuando ayunes, unjas tu cabeza con este ungüento, para que lo que te sustraes a ti mismo, lo ofrezcas al pobre.
Y tú, oh lujurioso, piensa en la gehena del fuego inextinguible, donde habrá muerte sin muerte y fin sin fin; donde se busca la muerte y no se la encuentra; donde los condenados se comerán la lengua y maldecirán a su Creador.
La leña de aquel fuego serán las almas de los pecadores, y el soplo de la ira de Dios las incendiará.
Dice Isaías:
"Desde ayer", o sea, desde la eternidad, "está preparado el Tofet", o sea, la gehena de fuego, "profundo y vasto".
El fuego y mucha leña son su alimento.
El soplo del Señor, como torrente de azufre, le dará fuego".
(30, 33).
He aquí el ungüento punzante, capaz de sanar la más inveterada lujuria de la mente.
Como el clavo echa fuera otro clavo, así estas verdades, meditadas asiduamente, reprimirán el estímulo de la lujuria.
Entonces tú, cuando ayunes, unge tu cabeza con tal ungüento.
4.‑ "Lava tu cara".
Las mujeres, cuando quieren salir a la calle, se ponen delante del espejo y, si descubren alguna mancha en el rostro, la lavan con el agua.
Así tú también mira en el espejo de tu conciencia y, si allí encuentras la mancha de algún pecado, corre en seguida al manantial de la Confesión. Cuando en la Confesión se lava con las lágrimas la cara del cuerpo, también el rostro del alma se ilumina.
Hay que destacar que las lágrimas son luminosas contra la oscuridad, cálidas contra la frialdad, saladas contra el hedor del pecado.
"Para no mostrar a los hombres que ayunas".
Ayuna para los hombres el que busca su aplauso; en cambio, ayuna para Dios el que se mortifica por su amor y da a los demás lo que se sustrae a sí mismo.
"Y tu Padre que ve en lo secreto".
Comenta la Glosa:
"El Padre ve en lo secreto, por motivo de la Fe, y recompensa las obras hechas en lo secreto.
Entonces se debe ayunar sólo donde El vea.
Y es necesario que el que ayuna, ayune de tal modo que pueda complacer a aquel, a quien lleva en el pecho".
Amén!
ORACION:
Oh Dios, que te ofendes con la culpa y te aplacas con la penitencia:
Oye propicio los ruegos de tu pueblo suplicante, y aparta de nosotros el azote de tu ira, que por nuestros pecados merecemos.
Por Jesucristo Nuestro Señor que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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