MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
MEDITACIONES DE SAN ANTONIO DE PADUA PARA EL TIEMPO DE CUARESMA.
LUNES I DE CUARESMA. (I)
La triple tentación de Adán y de Jesucristo.
"Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto".
Se suele preguntar quién llevó a Jesús al desierto. Lucas seńala claramente por quién fue llevado:
"Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto". (4, 1).
Fue llevado por el mismo Espíritu del que estaba lleno y del que también Isaías dice:
"El Espíritu del Seńor está sobre mí, porque me consagró con la unción". (61, 1).
Por ese Espíritu, que lo "consagró" más que a sus compañeros (Heb 1, 9).
Fue llevado Jesús al desierto, para ser tentado por el diablo.
Porque el Hijo de Dios, nuestro Zorobabel, que se interpreta "Maestro de Babilonia", vino para reconstruir al mundo arruinado por el pecado; y, como médico, para sanar a los enfermos, era necesario que curara los males con los remedios opuestos, como en el arte médica las cosas calientes se curan con las frías y las frías con las calientes.
La destrucción y la enfermedad del género humano fue el pecado de Adán, que consiste en estas tres cosas:
La gula, la vanagloria y la avaricia. Dice el verso:
"El viejo Adán fue vencido por la gula, la vanagloria y la codicia".
Estos tres pecados los hallas descritos en el Génesis:
"Dijo la serpiente a la mujer:
El día en que coman de este fruto, se les abrirán los ojos".
He ahí la gula.
"Serán como dioses".
He ahí la vanagloria.
"Y conocerán el bien y el mal".
He ahí la codicia (Gen 3, 4‑5).
Estas fueron las tres lanzas con las que fue matado Adán junto con sus descendientes.
Se lee en el segundo libro de los Reyes:
"Joab tomó en sus manos tres lanzas y las clavó en el corazón de Absalón". (18, 14).
Joab se interpreta, "Enemigo" y con razón simboliza al diablo, enemigo del género humano.
El, con la mano de la falsa promesa, "Tomó tres lanzas", o sea, la gula, la vanagloria y la avaricia, y "Las clavó en el corazón", que es la fuente del calor y de la vida del hombre de él, dice Salomón:
"Procede la vida". (Prov 4, 23).
Para apagar el calor del Amor Divino y quitar completamente la Vida, "En el corazón de Absalón", que se interpreta "Paz del padre". Y esto fue en Adán, que fue colocado en un lugar de paz y de delicias, para que, obedeciendo al Padre, conservara eternamente su paz.
Sin embargo, por no haber obedecido al Padre, perdió la paz; y el diablo clavó en su corazón las tres lanzas y lo privó completamente de la vida.
El Hijo del Hombre llegó en el tiempo favorable y, obedeciendo a Dios Padre, restauró lo que estaba perdido y curó los vicios con los remedios opuestos.
Adán fue colocado en el Paraíso, en el cual, sumergido por las delicias, cayó.
En cambio, Jesús fue llevado al desierto, en el cual, perseverando en el ayuno, derrotó al diablo.
Observen cómo concuerden entre sí, en el Génesis y en Mateo, las dos tentaciones:
"Dijo la serpiente:
En cualquier día que coman".
"Y, acercándose, el tentador le dijo:
Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se vuelvan panes":
He ahí la gula.
Asimismo:
"Serán como dioses".
"Entonces el diablo lo llevó a la Ciudad Santa, y le puso sobre el pináculo del Templo".
He ahí la vanagloria.
Y en fin:
"Conocerán el bien y el mal".
"De nuevo lo tomó el diablo y lo llevó a una altísima montaña.
Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
Todo esto te doy, si postrándote me adoras".
El diablo, cuanto es pérfido, tanto pérfidamente habla:
he ahí la avaricia.
Sin embargo, la Sabiduría, porque siempre obra cuerdamente, derrotó las tres tentaciones del diablo con tres sentencias del Deuteronomio.
Cuando el diablo lo tentó de gula, Jesús le respondió:
"El hombre no vive de solo pan".
(Dt 8, 3).
Como si dijera:
"Como el hombre exterior vive de pan material, así el hombre interior vive del Pan Celestial, que es la Palabra de Dios".
La Palabra de Dios es el Hijo, que es la Sabiduría que procede de la boca del Altísimo.
La sabiduría deriva de "Sabor".
Entonces el Pan del alma es el sabor de la Sabiduría, con el cual saborea los Dones del Señor y gusta cuán suave sea el mismo Señor.
De ese pan se dice en el Libro de la Sabiduría:
"Les preparaste Pan del Cielo, que tiene en sí todo deleite y todo suave sabor". (16, 20).
Esto es lo que está escrito:
"De toda Palabra que procede de la boca de Dios".
"De toda palabra", porque la Palabra de Dios y la Sabiduría tornan insípido todo deleite de la gula.
Y como Adán le tomó fastidio a ese Pan, cedió a la tentación de la gula.
Con razón se dice:
"No de solo pan vive el hombre".
Asimismo, al ser tentado de vanagloria, Jesús respondió:
"No tentarás al Señor, tu Dios".
(Dt 6, 16).
Jesucristo es Señor por la creación, y Dios por la Eternidad.
Y a El lo tentó el diablo, al exhortarle a El, el mismo Creador del Templo, a tirarse abajo del pináculo del Templo, y prometió la ayuda de los Ángeles al Dios de todas las Potencias Celestiales.
"No tentarás al Señor, tu Dios".
También Adán tentó al Señor Dios, al no observar el Mandato del Señor Dios, sino que prestó fe con liviandad a la falsa promesa:
"Serán como dioses!".
Oh, cuánta vanagloria, creer que se pueda llegar a ser dioses!
Oh desgraciado!
En vano te levantas por encima de ti mismo, y por eso más miserablemente te desplomas por debajo de ti mismo:
"No tientes, pues, al Señor, tu Dios!".
En fin, al tentarlo de avaricia, Jesús respondió:
"A tu Señor Dios adorarás, y a El solo servirás". (Dt 10, 20).
Todos los que aman el dinero o la gloria del mundo, se postran ante el diablo y lo adoran.
En cambio, nosotros, para los que el Hijo de Dios vino al seno de la Virgen y soportó el patíbulo de la Cruz, instruidos por su ejemplo, hemos de ir al desierto de la penitencia, y con su ayuda debemos reprimir la codicia de la gula, el viento de la vanagloria y el fuego de la avaricia.
Adoremos también nosotros a aquel a quien los Arcángeles adoran, y sirvamos a Aquel a quien los Ángeles sirven.
El es el Señor Bendito, Glorioso, digno de alabanza y Excelso por los siglos de los siglos.
Y toda la creación diga:
"Amén! Así sea!".
ORACION:
Conviertenos, oh Dios Salvador Nuestro; y para que nos aproveche el ayuno cuaresmal, ilumina nuestras almas con las instrucciones Celestiales.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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