MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO.
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO.
I DOMINGO DE CUARESMA.
(Mt 4,1-11).
DE LA TENTACIÓN.
PUNTO I.
El Evangelio de este día, al señalarnos que Jesucristo se retiró al desierto, no
dice que fue para apartarse de la compañía de los hombres o para orar, sino para ser tentado.
Y con eso nos quiere dar a entender que el primer paso que uno debe dar cuando quiere entregarse a Dios, es abandonar el mundo para
prepararse a combatir contra ese mismo mundo y contra todos los enemigos de Nuestra Salvación.
En el retiro, dice San Ambrosio, es donde uno debe esperar ser tentado y sometido a muchas pruebas.
También el Sabio os advierte de ello, al deciros que quienes se alistan en el servicio de Dios deben prepararse para la tentación.
Ella les resulta, en efecto, muy provechosa, pues es uno de los mejores medios de que pueden servirse para apartarse por completo tanto del pecado como del afecto al pecado.
¿Habéis creído siempre que, para entregaros del todo a Dios, debéis estar dispuestos a ser tentados?
¿No os extrañáis cuando os sobreviene alguna tentación?
En lo sucesivo, comportaos de modo que estéis siempre preparados para recibirla, a fin de que podáis sacar el fruto que Dios pretende que ella produzca en vosotros.
PUNTO II.
Lo que debe impulsar a un alma verdaderamente entregada a Dios a estar siempre preparada para la tentación, es que la vida del hombre, dice Job, es tentación; o, según la versión de la Vulgata, combate continuo.
De donde puede colegir que si Dios quiere que sea tentada en este mundo, es porque debe combatir constantemente en él contra el demonio, sus pasiones y sus inclinaciones, que nunca cesarán de hacerle la guerra mientras esté en esta vida.
Por eso dice San Jerónimo que es imposible que nuestra alma deje de ser tentada en esta vida, y que si el mismo Jesucristo, Nuestro Salvador, fue tentado, ningún hombre puede esperar atravesar el proceloso mar de esta vida sin verse ejercitado en la tentación.
Al retiraros del mundo, ¿contasteis con que habríais de combatir constantemente contra el demonio y contra vosotros mismos?
¿Os mantenéis siempre en guardia contra vosotros mismos, como debéis estarlo?
¿Estáis provistos de cuanto habéis de tener para resistir al demonio y para no abandonaros a los placeres de los sentidos?
Persuadíos de que es gran desdicha no experimentar tentación, pues es indicio de que uno no se supera en nada y de que se deja vencer fácilmente por sus pasiones.
PUNTO III.
El Ángel que acompaña al joven Tobías dice al padre de éste que porque era agradable a Dios, fue preciso que la tentación le probara.
Esto debe convenceros por completo de la necesidad de esta clase de pruebas, pues ellas os alcanzarán abundantes gracias.
No creáis, pues, dice San Crisóstomo, que cuando sois tentados estáis abandonados de Dios; al contrario, el hecho de que os dé ocasión de combatir y de ejercitaros en la práctica de la virtud y, por este medio, afianzaros en ella, es una de las mayores señales que podéis tener de que Dios vela de manera muy particular por Vuestra Salvación.
Pues se consigue, insensiblemente, virtud sublime cuando uno se mantiene firme e inflexible en la práctica, a pesar de las recias tentaciones con que se vea asaltado.
Considerad, pues, como gran desdicha el no ser tentados.
Es, en efecto, señal de reprobación y de abandono de Dios, que prueba a los que ama, y se complace en verlos tentados, como lo fueron Job y Tobías, dos de sus más fieles servidores.
ORACION:
Oh Dios!, que purificas a tu Iglesia por la observancia anual de la Cuaresma: concede a tu familia que cuanto desea obtener de Ti por la abstinencia, lo consiga con las buenas obras.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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