MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA CADA DOMINGO DEL AÑO. (Domingo de Quincuagesima).
MEDITACIONES DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE PARA TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO.
DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA.
(Lc 18,31-43).
De tres clases de personas que obedecen sin tener el mérito de la obediencia ciega.
PUNTO I.
El ciego que curó Jesucristo en el Evangelio de este día, a quien dijo el Salvador:
"¿Qué quieres que te haga?"
Es imagen de aquellas personas a quienes los Superiores se ven precisados a preguntarles qué es lo que les agrada, y que quieren examinar lo que se les pretende mandar antes de mostrarse dispuestos a ejecutarlo.
Hay tres clases de estos Religiosos caprichosos.
Los primeros, los que no hacen más que examinar los mandatos.
Antes de obedecer tienen que saber lo que el Superior les quiere mandar, y considerar si les conviene o si les será demasiado costoso; o si no habrán de proponer alguna condición, para que la ejecución les resulte más fácil y cómoda, y otras reflexiones por este estilo, todas ellas de orden natural.
Un hombre verdaderamente obediente, no examina nada, ni presta atención a nada, sino a que debe obedecer.
La Fe que absorbe por completo su espíritu le impide todas estas reflexiones.
PUNTO II.
La segunda clase de personas que quieren ver antes de creer y de obedecer, es la de quienes alegan razones a su Superior, bien para dispensarse de ejecutar lo que les manda, bien para realizarlo de otra manera distinta de la mandada, o para mostrar que resultaría más oportuno hacer algo distinto de lo que pretende el Superior.
La verdadera obediencia no admite, en absoluto, estos razonamientos, ya que la obediencia se asienta en la Fe, que es infinitamente superior a la razón.
Por lo cual, para obedecer bien, no hay que aducir ninguno.
En efecto, si para someterse hay que estar convencido o, al menos, persuadido por la razón, ya no se obedece porque es Dios quien manda, sino porque lo mandado parece razonable.
Y así ya no se actúa como verdadero obediente, sino como un filósofo, que prefiere la razón a la Fe.
¿De cuál de estas dos maneras os conducís respecto de vuestros Superiores?
Discutir con ellos y pretender inducirlos a que os manden lo que es de vuestro gusto.
¿No es, en cierto modo, poneros por encima de ellos y dictarles la Ley?
PUNTO III.
La tercera clase de Religiosos incapaces de obedecer a ciegas son quienes, profanando de manera vergonzosa lo que hay de más Sagrado en la Religión, que es ejecutar la Voluntad de Dios, presumen de tal manera de sus propias luces, que intentan demostrar a sus Superiores que se equivocan al imponerles
determinadas órdenes, y que lo mandado va contra el sentido común.
Así procedió aquel novicio que mereció ser expulsado por San Francisco, al haber pretendido sostener su opinión contra la del Santo.
Sentid horror ante semejante proceder, que destruye la obediencia, y consideradlo, en la comunidad, como la abominación en el lugar Santo.
La obediencia, para ser perfecta, ha de ser ciega; y en calidad de tal, no puede admitir la impugnación, el razonamiento, el examen, ni la mínima réplica.
ORACION:
Escucha, te rogamos, Señor, nuestras súplicas según tu Misericordia, y, libres de los lazos de nuestros pecados, presérvanos de toda adversidad.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tú Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
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