MEDITACIONES DE SANTO TOMAS DE AQUINO PARA EL TIEMPO DE SEPTUAGESIMA.
MEDITACIÓNES DE SANTO TOMÁS DE AQUINO PARA EL TIEMPO DE SEPTUAGUESIMA.
LUNES DE SEXAGESIMA.
LA VIDA EN CRISTO.
"Para mí el vivir es Cristo".
(Filip 1, 21).
1. Cristo es vida, porque es principio de todas nuestras acciones.
Y en efecto, la vida importa cierta moción.
Se dice que viven los seres que se mueven por sí mismo.
De ahí que aparece como fuente de la vida del hombre lo que es en él principio de su movimiento.
Este principio es aquello a lo cual se une el afecto como a fin, porque por éste se mueve el hombre a todas las cosas.
Por lo cual algunos llaman su vida a aquello que los mueve a obrar, como los cazadores a la cacería, y los amigos a la amistad.
Así, pues, Cristo es nuestra vida, porque él es principio total de nuestra vida y acción.
Por ese motivo, dice el Apóstol:
"Para mí el vivir es Cristo".
Pues sólo Cristo lo movía.
Y añadía:
"Y el morir ganancia".
Y habla con propiedad, pues cualquiera considera para sí como una ganancia cuando puede perfeccionar la vida imperfecta que posee.
Así, el enfermo tiene por lucro la vida sana.
Nuestra vida es Cristo:
"Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios". (Col 3, 3).
Pero aquí es imperfecta.
"Mientras estamos en el cuerpo vivimos ausentes del Señor".
(2 Cor 5, 6).
Y por eso cuando morimos corporalmente, se perfecciona nuestra vida, es decir, Cristo, al cual entonces estamos presentes.
(In Phil., I).
II. Cristo es vida, porque en él está todo nuestro afecto.
"Y vivo, ya no yo; mas vive Cristo en mí". (Gal 2, 20).
Se dice que el hombre vive de aquello en lo cual pone todo su amor y su gozo.
Por eso los hombres que se apasionan por el estudio o la caza, dicen que su vida son esas ocupaciones.
Mas todo hombre posee cierto afecto particular con el cual busca su bien.
Cuando uno vive buscando únicamente su bien, vive para sí solo; pero cuando busca el bien de los demás se dice que también vive para ellos.
El Apóstol que había dejado a un lado toda preocupación personal por amor a la Cruz de Cristo, decía que estaba muerto para sí mismo, con estas palabras:
"Estoy clavado en la cruz juntamente con Cristo".
(Gal 2, 19).
Esto es:
El afecto propio o particular ha sido removido de mí por la Cruz de Cristo.
Por eso decía:
"Y vivo, ya no yo".
Como si tuviese en el afecto el propio bien.
"mas vive Cristo en mí".
Esto es:
solamente tengo a Cristo en el afecto, y el mismo Cristo es mi vida.
(In Gal., 2).
III. Cristo es vida, porque es el fin de nuestra vida.
"Cristo murió por todos; para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquél que murió por ellos, y resucitó".
(2 Cor 5, 15).
Cada cual debe considerarse como si hubiese muerto a sí mismo.
Para que los que viven vida natural, no vivan ya para sí, esto es, no para sí mismos y para su bien únicamente, sino para aquél que murió por ellos y resucitó, es decir, para Cristo; para que ordenen toda su vida al servicio y honor de Cristo.
La razón de estas cosas se funda en que cada uno toma como regla de su conducta el fin de la vida.
Ahora bien, si Cristo es el fin de nuestras vidas, debemos regular esa vida, no según nuestra voluntad, sino según la voluntad de Cristo.
Advierte que San Pablo dice dos cosas, a saber:
"Que Cristo murió y que resucitó por nosotros".
Luego dos cosas se exigen de
nosotros:
Si Cristo ha muerto por nosotros, también nosotros debemos morir a nosotros mismos, es decir, negarnos a nosotros mismos por El; y si Cristo
resucitó por nosotros, también nosotros debemos, de tal modo, morir al pecado, a la antigua vida y a nosotros mismos, para que resucitemos, sin embargo, a la nueva Vida de Cristo.
Por eso no dijo el Señor únicamente:
"Niéguese a sí mismo, y tome su cruz" (Mt 16, 24).
Sino que añadió:
"Y sígame".
Esto es, en la Nueva Vida, aprovechando en las virtudes.
(In II Cor., V).
ORACION:
Oh Dios, que veis cómo no confiamos en ninguna de nuestras acciones, concedednos propicio que seamos fortalecidos por la protección del Doctor de las gentes contra toda adversidad.
Por Nuestro Señor Jesucristo Tu Hijo que vive y reina contigo en la Unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.
Comentarios
Publicar un comentario