MEDITACIONES DE SANTO TOMAS DE AQUINO PARA EL TIEMPO DE SEPTUAGESIMA.


MEDITACIÓNES DE SANTO TOMÁS DE AQUINO PARA EL TIEMPO DE SEPTUAGUESIMA.

MARTES DE SEPTUAGESIMA.

LOS PECADOS ESPIRITUALES

Los pecados espirituales son de mayor culpa que los pecados carnales; en lo cual no debe entenderse que cualquier pecado espiritual es de mayor culpa que cualquier pecado carnal; sino que, considerada esta sola diferencia.
de espiritualidad y carnalidad, son más graves los espirituales que los carnales en igualdad de circunstancias.
De esto pueden señalarse tres razones:

La primera de parte del sujeto, porque los pecados espirituales pertenecen al espíritu, al cual es propio dirigirse a Dios y apartarse de él; mas los pecados carnales se consuman en el deleite del apetito carnal, al cual corresponde principalmente dirigirse al bien corporal; y por consiguiente el pecado carnal, como tal, tiene más de conversión, por lo que también es de mayor adhesión; pero el pecado espiritual tiene más de aversión, de la cual procede la razón de culpa; y por lo mismo, el pecado espiritual, como tal, es de mayor culpa.

La segunda razón puede tomarse de parte de aquél contra quien se peca; porque el pecado carnal, como tal, va contra el propio cuerpo, lo que es menos de amar, según el orden de la Caridad, que Dios y el prójimo, contra los cuales se peca por los pecados espirituales; y así éstos, como tales, son de mayor culpa.

La tercera razón puede sacarse del motivo, porque cuanto más grave es lo que impulsa a pecar, tanto menos peca el hombre; mas los pecados carnales tienen más vehemente incitativo, que es la misma concupiscencia de la carne, innata en nosotros, y por consiguiente los pecados espirituales, como tales, son de mayor culpa.

Es cierto, como dice San Agustín, que él diablo se goza mucho del pecado de lujuria, no porque sea más grave, sino porque es de máxima adherencia, y difícilmente puede ser arrancado de él el hombre; pues el apetito deleitable es insaciable.

Pero el que los pecados carnales sean de mayor infamia, no quiere decir que sean más graves. 

Pues es más torpe ser incontinente de concupiscencia que incontinente de ira, ya que participa menos de la razón; y los pecados de intemperancia son en gran manera reprobables, porque tienen por objeto aquellos deleites que nos son comunes con los brutos; por lo que, en cierto modo, por estos pecados el hombre se torna brutal; y de ahí proviene que, como dice San Gregorio, sean de mayor infamia.

(1ª 2ae, q. LXXIII, a. 5).


ORACION:

Te rogamos, Señor, escuches benignamente las oraciones de tu Pueblo, haciendo que los que nos sentimos justamente atormentados a consecuencia de nuestros pecados, seamos salvos misericordiosamente para honra de tu Nombre. 
Por Jesucristo Nuestro Señor.

LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX.

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