VIDA DE LOS SANTOS: El Lobo que fue Cordero. San Andrés Corsini, Carmelita.
FLORECILLAS DE SAN ANDRÉS CORSINI
Desde antes de su nacimiento, la vida de San Andrés Corsini estuvo rodeada por signos de la Misericordia de Dios. Sus padres, Niccolò Corsini y Pellegrina, afligidos por no tener hijos, acudían con fervor a la iglesia del Carmine de Florencia para rezar ante la imagen milagrosa de la Virgen, conocida como *Nuestra Señora del Pueblo*. Allí obtuvieron la gracia de la maternidad, y más tarde la madre tuvo una visión en la que veía a su hijo como un lobo feroz que, al ponerse bajo el manto de María, se transformaba en cordero manso, signo profético de la futura conversión de Andrés .
Durante su juventud, Andrés llevó una vida desordenada, pero el recuerdo del amor de la Virgen y una fuerte sacudida interior lo movieron a cambiar radicalmente. Una mañana, con profundo arrepentimiento, entró en la iglesia del Carmine y, postrado ante la imagen de María, se llamó a sí mismo “lobo voraz lleno de iniquidad”, suplicando ser lavado y transformado por la gracia. Después de una larga oración llena de lágrimas, pidió humildemente el hábito carmelita, comenzando así una vida nueva de penitencia y entrega total a Dios.
Ya como carmelita, Dios comenzó a manifestar su poder a través de él. Cuando regresaba de sus estudios en París, san Andrés devolvió la vista a un ciego que se encomendó a su oración, hecho que acrecentó su fama de santidad y caridad . En otra ocasión, movido por compasión hacia un pariente gravemente enfermo, lo exhortó a abandonar una vida de juego y desorden. Al aceptar este consejo y hacer penitencia, el enfermo sanó de manera inmediata, quedando no solo curado en el cuerpo, sino profundamente convertido de corazón.
Elegido obispo de Fiesole contra su voluntad, san Andrés se convirtió en padre de los pobres y en defensor incansable de la paz. Durante tiempos de hambre, sostuvo a numerosas familias con sus propios bienes, y en épocas de discordias civiles trabajó sin descanso para reconciliar a los enemigos y restaurar la concordia.
Después de su muerte, su caridad siguió derramándose en forma de innumerables milagros. Muchas personas aquejadas de enfermedades mentales recobraron la razón al tocar su sepulcro o al ser ungidas con sus reliquias, como ocurrió con Ginevra Ricci y Angela di Cecco, ambas curadas de grave locura tras encomendarse al santo . También se narran curaciones prodigiosas de ciegos, paralíticos y enfermos de fiebres persistentes, obtenidas mediante el contacto con la mitra, la cadena o el sepulcro del santo.
Entre los milagros más conmovedores se encuentra la liberación de un sacerdote injustamente perseguido por su propio pueblo. Al encomendarse con fe al beato Andrés, el sacerdote entró serenamente en la plaza donde lo esperaban armados para matarlo; de manera inexplicable, todos arrojaron las armas al suelo, lo recibieron con respeto y le devolvieron sus bienes, pidiéndole perdón de rodillas .
Muchos padres llevaron a sus hijos moribundos al sepulcro de san Andrés, y los pequeños recobraron la salud. Mujeres gravemente enfermas durante el parto fueron socorridas de modo inmediato tras tocar reliquias del santo o hacer votos en su honor, dando a luz sin peligro . Incluso comunidades enteras, como un grupo de monjas florentinas, fueron liberadas de diversas enfermedades por su intercesión.
Así, la vida y la obra de san Andrés Corsini aparecen como un continuo fluir de misericordia: primero en su propia conversión, luego en su caridad pastoral, y finalmente en los innumerables beneficios concedidos por Dios a través de su intercesión. Estas florecillas, recogidas fielmente de los procesos de canonización, muestran a un santo cercano, compasivo y siempre atento al sufrimiento humano.
Florecillas de la vida de San Andrés Corsini, anécdotas breves y milagros tomados de la Vita di S. Andrea Corsini de Sigismondo de San Silverio Firenze, 1683 y recopilada a partir de los procesos de canonización.
LAUS DEO, VIRGINIQUE MATRI, COREDEMPTRIX
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